«El deseo y el esfuerzo son dos atributos fundamentales en las personas»

2/11/2026

Héctor Javier Velazco, alias el Artillero, vive en su pago natal, la ciudad bonaerense de Villa Gesell. Criado en la pobreza, fue campeón mediano de la Organización Mundial de Boxeo. Fundó el Club Artilleros, que promueve el arte de los puños. Impulsa una ley nacional para defender los derechos de quienes se consagran a practicarlo.

El audio de esta crónica contiene la voz del protagonista desde Villa Gesell, la ciudad apacible en la que creció mirando el mar. Relata los padecimientos de su infancia en una familia humilde, que compartió con cinco hermanos. Como carecían de televisor, una noche de invierno vio la película Rocky Cuatro muerto de frío en la vidriera de una pizzería y decidió ser boxeador. Tenía 16 años. Lamenta la figura ausente del papá alcohólico. Se emociona evocando a la mamá, que hacía malabarismos para alimentar a los niños y murió de mala praxis en el hospital municipal sin llegar a ver a su pibe ponerse el cinturón de campeón del mundo.

El Artillero Velazco campeón del mundo, Luna Park, 10 de mayo de 2003.

El Artillero Velazco, de pie en el medio, rodeado por su familia. Su mamá se asoma a su derecha y su papá a su izquierda.

Nacido el 20 de mayo de 1973, conoció la gloria pocos días antes de cumplir las tres décadas de vida, el 10 de mayo de 2003, cuando logró vencer al húngaro Andras Galfi en el Luna Park y se consagró monarca de la categoría mediano de la Organización Mundial de Boxeo. Perdió el título el 13 de septiembre siguiente en una pelea controvertida realizada en Berlín, Alemania, ante el local Félix Sturm. «Me vendieron como un esclavo y me robaron el título», se queja el Artillero, que sostiene haberse impuesto en todos los asaltos. «En boxeo para ganar afuera tenés que matar», protesta; «siempre hice un buen papel, yendo para adelante».

El empresario Osvaldo Rivero en una imagen difundida por Héctor Velazco en sus redes sociales de internet.

En diálogo con Laura Frestes, periodista de Canal 2 de Villa Gesell.

El grupo de los Vecinos Autoconvocados de González Catán nació en 2003 para denunciar la contaminación de la Ceamse (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado) y el Care (Centro Ambiental de Reconversión Energética), organismos públicos, el primero nacional y el segundo municipal, que gestionan un basurero en el distrito. Las consecuencias en el aire, el agua, la tierra y las personas han sido tan devastadoras que se ignora el tiempo que puede llevar su recuperación. El llamado Catanazo de 2006, una protesta popular masiva, logró la proeza de que dejaran de importar residuos de otros partidos bonaerenses.

«Si los ciudadanos nos unimos y organizamos podemos lograr objetivos».

«Los problemas de la sociedad nos tocan a todos los ciudadanos».

La Ceamse es un pulpo industrial de alcance formidable. Posee entre otras infraestructuras la autopista Camino Parque del Buen Ayre, que cruza el territorio de ocho partidos bonaerenses: Moreno, Ituzaingó, Hurlingham, San Miguel, Tres de Febrero, General San Martín, Tigre y San Isidro. Antaño la Ciudad de Buenos Aires resolvía el dilema de los residuos dentro de sus fronteras. Hasta alrededor de 1900 la hizo fuego al aire libre en un rincón del barrio de Parque de los Patricios que se conoció como La Quema. Había un Tren de la basura que llegaba hasta el sitio. Luego se construyeron hornos de incineración en distintos puntos de la Capital Federal.

«Todos los miembros de una sociedad tienen derecho a vivir dignamente».

«El Centro Cutural, Ambiental y Deportivo Galpón 3 es resultado de la lucha».

La Ceamse es un pulpo industrial de alcance formidable. Posee entre otras infraestructuras la autopista Camino Parque del Buen Ayre, que cruza el territorio de ocho partidos bonaerenses: Moreno, Ituzaingó, Hurlingham, San Miguel, Tres de Febrero, General San Martín, Tigre y San Isidro. Antaño la Ciudad de Buenos Aires resolvía el dilema de los residuos dentro de sus fronteras. Hasta alrededor de 1900 la hizo fuego al aire libre en un rincón del barrio de Parque de los Patricios que se conoció como La Quema. Había un Tren de la basura que llegaba hasta el sitio. Luego se construyeron hornos de incineración en distintos puntos de la Capital Federal.