«Juan, Eugenio y Nehuén nos recuerdan que debemos reflexionar»

26/1/2026

Cristina y Enrique Schott lideran una serie de actividades en el 15 aniversario del crimen de su hijo, atropellado junto a dos amigos por un automovilista que fue condenado y hoy da testimonio a la par del matrimonio como arrepentido. Las víctimas, mochileros porteños, caminaban al borde de la Ruta 40, en El Bolsón, Río Negro.

«Hoy hace 15 años, tres sueños y tres esperanzas acabaron en este sitio», evoca un escrito difundido por Enrique Schott. «Hoy hace 15 años, si la persona que conducía sin conciencia ni respeto hubiese hecho las cosas correctamente, no estaríamos aquí. Sin embargo, el tiempo no retrocede y los hechos no vuelven atrás. Lo que podemos hacer es darnos cuenta de que nuestras acciones siempre tendrán consecuencias. Hoy, 15 años después, Juan, Eugenio y Nehuén nos recuerdan que debemos reflexionar sobre nuestras conductas diarias y públicas, sobre todo en el respeto a la vida».

Junto a su esposa Cristina, es fundador del Grupo JEN, sigla que contiene las iniciales de su hijo Juan y sus amigos Eugenio Tretyakov y Nehuén Marino, estudiantes y mochileros porteños que tenían 17, 18 y 17 años cuando la madrugada del 25 de enero de 2011 fueron atropellados fatalmente circulando de manera correcta como peatones en El Bolsón, provincia de Río Negro. Un cuarto compañero, Jorge Arce, 18, sufrió heridas graves. El conductor homicida iba sobre la Ruta Nacional 40 bajo los efectos de alcohol y droga al volante de un Fiat Spazio que tenía las luces averiadas, entre otros desperfectos.

Juan, Eugenio y Nehuén en una imagen artística.

«Son 15 años que se cumplen de esta tragedia», dice Cristina en tono sereno con el micrófono en la mano, parada bajo el sol del mediodía junto a su esposo y un nutrido grupo de autoridades y ciudadanos. Es el 25 de enero en el escenario del horror, donde se erige un monumento en recuerdo de las víctimas. «Y como todos los años, venimos a querer recordarles lo que pasó y poner en énfasis los chicos. Nosotros venimos más por los otros jóvenes que por nosotros y todo lo que hacemos es por ellos. Además, el vínculo que tenemos con El Bolsón nos hace sentirnos parte de la comunidad».

El responsable de la barbarie, que salió ileso, se llamaba Francisco Chávez y tenía 23 años. Fue castigado con cuatro de prisión efectiva y diez de inhabilitación para manejar cualquier automotor. Transcurrió dos temporadas en cárceles rionegrinas y completó el tiempo de encierro en su domicilio. Entonces tomó coraje y decidió un paso sorprendente. Propuso ofrecerles disculpas en la cara a los familiares de los damnificados. Enrique y Cristina aceptaron el encuentro, le otorgaron el perdón y doblaron la apuesta: lo invitaron a integrarse al Grupo JEN para difundir su experiencia en iniciativas de concientización.

Cristina y Enrique Schott en el 15 aniversario; junto a ellos, Bruno Pogliano, intendente (Video del Municipio).

«El Bolsón no llegó solito a cien años», comenta Enrique después de tomar el micrófono de manos de su esposa; el Municipio está festejando un siglo de vida y uno de los presentes es Bruno Pogliano, el jefe comunal; «si no hubiese fomentado la solidaridad y un poco de respeto; ha tenido sus problemas, como toda sociedad, pero está acá porque, justamente, queremos dialogar, queremos convivir; no somos tan idílicos de esperar que no sucedan estas cosas, porque hay accidentes; pero si uno respeta mínimamente las normas se reducen estas muertes atroces e innecesarias, se pueden evitar».

Francisca Chávez, Cristina y Enrique Schott al recibir el Premio Luchemos Por la Vida de Plata 2025, CABA.

El condenado se ha sometido a terapia para desintoxicarse física y psicológicamente. En simultáneo, ha optado por la identidad femenina y cambiado su nombre por Francisca. Según explica, aunque es biológicamente varón, se autopercibe mujer. Pregona con fervor que debería prohibirse la publicidad de bebidas alcohólicas. Uno de sus compromisos con los progenitores de Juan es brindar charlas en escuelas y otros ámbitos. Por ejemplo, espacios del movimiento de las Estrellas Amarillas, que tiene sede en Santa Rosa, la capital pampeana, y socios en numerosas provincias argentinas.

Cristina y Enrique Schott junto a otros familiares de víctimas en el 15 aniversario, El Bolsón.

«Los años pasan, pero la ausencia se sigue sintiendo y cuanto más transcurre el tiempo, más se extraña», agrega Cristina bajo el sol del 25 de enero; además de su esposo y el intendente, entre los convocados hay familiares de otras víctimas, como Luis, papá de Matías Albornoz, y Claudia, tía de Laura Romano; además, hay visitantes de La Pampa: Dora y Julio, padres de Mauricio Cornejo, y María, mamá de Jorge y Marianela Soler; se trata de integrantes de la Fundación Estrellas Amarillas; «desde el primer momento elegimos apostar por la vida, enfocando nuestra tarea en los más chicos».

Cristina y Enrique Schott junto a Bruno Pogliano, intendente de El Bolsón, en el 15 aniversario (Galería).

Los tres miembros del Grupo JEN recibieron en 2025 el Premio Luchemos por la Vida de Plata, entregado en la Ciudad de Buenos Aires en reconocimiento a su tarea por la prevención vehicular. Integran el consejo de familiares de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Cada año recuerdan el drama que se llevó la vida de los tres jóvenes en la Jornada Sin Alcohol, una iniciativa original de la ciudad de El Bolsón que tiene carácter de ordenanza, propone la diversión libre de excesos y cuenta con el apoyo de las autoridades y los comerciantes de esa y otras localidades de la llamada Comarca Andina.

Cristina y Enrique Schott durante un taller con las gafas de simulación de alcohol, El Bolsón.

«El 28 de enero estaremos en la fiesta del centenario del pueblo», cuenta Enrique luego del homenaje, mediante WhatsApp, sobre como sigue la agenda hasta que emprendan el regreso a su hogar, en la Capital Federal; «tenemos un stand con la Fundación Provida; el mismo día marcharemos con la familia de Laura Romano, una víctima vial; el que convoca es Luis Albornoz, fundador de la Asociación Civil Justicia Comarca; el 30 estaremos en Lago Puelo para compartir una charla con las fiscales de esa localidad y de El Bolsón; y el 31 participaremos como todos los años de la Jornada Sin Alcohol».

Taller de gafas de simulacro de alcohol con niños y adolescentes, El Bolsón (Video de Enrique Schott).

A continuación, un poema de Francisca Chávez titulado: Palabras para una herida que no se cierra. Son versos compuestos para el 15 aniversario del fallecimiento de Juan, Eugenio y Nehuén. Quien firma tiene talento para la palabra, algo que vuelca en su trabajo con el Grupo JEN y también en creaciones personales. Se lanzó a fundar Mundo traumado, canal multimedia; conduce Del trauma a la poesía, un programa radial en el que lee rimas de su cosecha, por FM Patagonia Andina; y publica en un blog homónimo del último. Además, participa en batallas de rap estilo libre en las que recita sus versos.

Cristina y Enrique Schott durante una charla con agentes de tránsito, El Bolsón (Galería).

Palabras para una herida que no se cierra

Hoy es 25 de enero.

Hace quince años exactos ocurrió algo que marcó para siempre mi vida y la de muchas otras personas. Un día que desearía poder deshacer con cada átomo de mi cuerpo, pero que vuelve cada año como una campana que me recuerda quién fui, qué hice y qué responsabilidad tengo hoy frente al mundo.

Yo manejé borracha.

Perdí el control.

Crucé al carril contrario.

Y en ese instante se apagaron tres vidas:

Juan, Eugenio y Nehuén.

No existe palabra que alivie lo irreparable, ni hay teoría ni metáfora que devuelva lo que se perdió. Lo único que existe es el deber de hablar. Porque el silencio —lo aprendí tarde— también mata.

Hoy no escribo esto para mí.

Lo escribo para cualquiera que esté leyendo y piense que “no pasa nada”, que “es solo un vaso más”, que “yo manejo bien igual”.

No.

No manejás bien igual.

Nadie maneja bien igual.

El alcohol altera tu cerebro, tu tiempo de reacción, tu percepción del riesgo, tu juicio moral. El alcohol es una sustancia diseñada, instalada y normalizada en la sociedad para apagar el dolor de vivir dentro de un sistema que nos exige demasiado y nos contiene poco.

Nos venden alivio en una botella, pero el costo real lo pagan siempre otros: los cuerpos que no elegimos atravesar, las familias que no elegimos destruir, los sueños que no elegimos romper.

Durante años creí que mi historia era un castigo.

Hoy entendí que es una advertencia.

Porque mientras sigamos luchando solo contra las consecuencias —multas, campañas, operativos de control— y no contra las causas materiales que empujan a millones a anestesiarse, nada va a cambiar de verdad.

Cristina y Enrique Schott durante el 15 aniversario con autoridades y ciudadanos, El Bolsón.

Mientras no nombremos:

el cansancio estructural,

la depresión silenciosa,

la precariedad emocional,

el individualismo impuesto,

la soledad que duele en cada casa,

la facilidad de acceso al alcohol,

y el lugar cultural que ocupa como “válvula de escape”,

seguiremos apagando incendios con nafta.

No es solo un problema moral.

Es un problema social, político y económico.

El alcohol cumple una función en este sistema: adormecer lo que, si se despertara, exigiría transformar la vida entera.

Hoy, a quince años, digo esto con la frente descubierta:

La vida tiene que estar primero.

Siempre primero.

Por encima del dolor, del impulso, del hábito, de la noche, del miedo y del olvido.

Y si estas palabras sirven para que aunque sea una sola persona pare la moto, deje las llaves en la mesa, llame a un amigo, camine, espere, o simplemente diga no, entonces Juan, Eugenio y Nahuel no murieron en vano.

Yo cargo con lo que hice.

Pero también cargo con el deber de evitar que vuelva a pasar.

Si estás leyendo esto, por favor:

Elegí vivir.

Elegí no matar sin querer.

Elegí frenar antes de que sea tarde.

Porque la vida —toda vida— es más frágil de lo que parece.

Y un solo segundo puede cambiar el destino de muchos para siempre.

(Francisca Chávez)