Claudia Maranzana: «A veces hay que sentarse y escucharlos a los chicos»
24/12/2024
por Lucio Casarini
Coordina Manos en Acción, iniciativa civil de Realicó, provincia de La Pampa, desde hace una década y media. El proyecto funciona como merendero y ropero comunitario al servicio de los más humildes. La sede es un inmueble prestado. Recibe donaciones de los vecinos y las instituciones de su ciudad y también los alrededores.
«Todo lo que hacemos sale del corazón; no tenemos un sueldo ni nada; trabajamos por amor», dice la entrevistada; «tratamos de que la persona que necesita esté en igualdad con nosotros; todos piensan que uno lo hace por algo; sí, por ayudar al prójimo, nada más que por eso; no tenemos ayuda fuera de la que viene de la gente que colabora con donaciones; lo hacemos porque nos gusta, nos sale de adentro; a los que quieren ser voluntarios, les digo esto no es para cualquiera; soy muy estricta en eso, no me gusta poner personas nuevas; tengo mi grupo armado que sabe cómo trabajo y cómo soy».
¿Liderazgo y altruismo van juntos? ¿Es posible ser exitoso y genuinamente solidario? ¿Cuál es el límite de la generosidad? Preguntas por el estilo, que desafían el materialismo y el individualismo, encuentran respuestas para todos los gustos. «Hay que amar hasta que duela, si duele es buena señal», es una de las frases más conocidas de la Madre Teresa de Calcuta. «Nunca dudes de que un pequeño grupo de personas comprometidas puede cambiar el mundo», propone Margareth Mead, una estadounidense que destaca las posibilidades del trabajo en equipo; «de hecho, es lo único que lo ha logrado».
«Soy Claudia Noemí Maranzana, de Realicó, La Pampa», arranca el audio de la presente crónica; «estoy a cargo de un merendero y un ropero comunitario desde hace 15 años; en ese lugar hacemos un poquito de todo; en el merendero estamos atendiendo entre 55 y 60 chicos con la merienda dos días a la semana; en el ropero comunitario la gente va y retira la pilcha que va necesitando; también hacemos contención a las familias en todo lo que va surgiendo; uno va ayudando».
«El merendero se llama Manos en Acción porque surgió de un grupo de gente que quería trabajar, colaborar; es todo solidario; un empresario de Realicó nos cedió un lugar en la cancha de Ferro [el Club Ferro Carril Oeste], donde nos hizo el merendero; estamos ahí desde hace dos años; trabajamos con las donaciones de la gente; nos llegan de todos lados; por eso logramos perseverar en estos tiempos más difíciles; a veces no se puede, pero la gente acerca su colaboración y seguimos».
Diseño corporativo de Manos en Acción.
Su relato sucede a bordo del colectivo durante el viaje hacia el Cuarto Congreso Nacional de Seguridad Vial, realizado los días 4, 5 y 6 de junio en la ciudad de San Juan, con la Cordillera de los Andes como telón de fondo. Se enganchó invitada por Patricia Ojeda, una amiga realiquense que perdió a su marido Gustavo Valdivieso en manos del flagelo vehicular y pertenece a la Fundación Estrellas Amarillas. El primer evento de este tipo se llevó a cabo en Colón, provincia de Buenos Aires, en 2022, el segundo en Viedma, Río Negro, en 2023, y el tercero en Santa Rosa, La Pampa, en 2024.
«Las que trabajamos somos seis; una se encarga del ropero comunitario, otra de la cocina, hacer la leche, otra de asistir a los chicos; después hay compañeras que juntan las donaciones, porque tenemos padrinos solidarios, alrededor de 12 personas; nos repartimos las tareas; en la cocina está Luisa Meza; en el roperito María Roca, Karina Lucero y Lorena Espinosa; yo en la merienda, atiendo a los chicos; las voluntarias son Pamela Molino, Fernanda Bollero, Patricia Dana, Patricia Sosa, Carla Viny, Jimena Alé; Daiana Fourcade, Cintia García; Sofía García; siempre se van sumando, hay más gente».
«Agradecemos al señor Gabriel Barbero, el dueño de la Pampagonia, una estación de servicio, y de muchos negocios más; es un empresario de Realicó, es la persona que nos dio el lugar para que podamos seguir trabajando y asistiendo a los chicos; nos va ayudando mes a mes».
Claudia Maranzana, colaboradores y niños.
Vista exterior del inmueble donde funciona Manos en Acción.
«Antes fui voluntaria del Hospital Gobernador Centeno de General Pico [ciudad distante 100 kilómetros]; integré la Red Solidaria de Realicó; cuando este proyecto dejó de existir, quise seguir; con algunas compañeras estuvimos en distintos lugares; empezamos en un garage, luego nos prestaron un salón, después pasamos a la estación de tren de Realicó, de donde nos desalojaron; fue una desesperación; hasta que llegamos a conseguir el espacio actual; hace 15 años que estamos, empezamos el 24 de febrero de 2012 y continuamos firmes».
«Poseo una familia bastante grande; soy mamá de seis hijos, tengo a mi esposo; ellos son los que me impulsan en el día a día; siempre me acompañan en esta locura que tengo; porque hay que recorrer, hay que juntar, hay que andar por las panaderías, hay que juntar donaciones y ellos están siempre ahí al pie del cañón; yo en un tiempo también necesité mucho y me ayudaron; de ahí surgió todo esto».
«Mi esposo Marcelo es empleado municipal; mis niños ya no son tan niños; tengo uno de 32 que vive solo, otro de 31, una de 30, otro de 27, uno de 25 y la más chiquita de 21; además soy abuela de cuatro nietos; el merendero también es mi familia; con las chicas del equipo consideramos que es nuestra segunda casa; charlamos con la gente, intentamos pasarla bien; por ahí viene alguno mal y tratamos de charlar, contenerlo».
«Fui mamá muy joven y tuve los niñitos bastante seguidos; mi marido estaba sin trabajo, por lo que fuimos muy pobres; entonces, ahora todos los días agradecemos a Dios lo que tenemos, el trabajo; vivimos mucho mejor, aunque no nos sobra; pero vivimos el día a día; eso me llena el alma, tanto eso como lo que hago».
Claudia Maranzana con miembros de la campaña Estrellas Amarillas, ciudad de San Juan.
«Tenemos padrinos solidarios; la gente de Realicó es muy generosa y también recibimos donaciones de pueblos vecinos; después de 15 años nos conocen bastante, todavía tengo cara para seguir pidiendo; no trabajamos con la Municipalidad; hacemos distintas campañas; cuando empiezan las clases la de los útiles, a fin de año la de Navidad; festejamos el Día del Niño y el Día de la Madre; hacemos todo lo que va surgiendo a medida que la gente va respondiendo; trabajamos con las escuelas, los clubes».
«Nuestro Facebook se llama Ropero Manos en Acción; ahí ponemos todo lo que vamos necesitando o lo que la gente nos va pidiendo; la comunidad es muy solidaria, los vecinos nos alcanzan de todo; nos traen de los pueblos vecinos; hay compañeras que tienen auto y salen a recolectar; así, un poquito entre todos nos vamos ayudando; tenemos la cocina, en la que trabaja una persona y el roperito al que la gente entra a buscar la prenda que necesita; en la parte de atrás seleccionamos todo por estaciones y calidad; además, tenemos el sector donde atendemos a los nenes, les damos la merienda».
«Una vez al mes hacemos una feria; antes cambiábamos prendas de ropa por alimentos, cuando había pilchas en muy buen estado; por ejemplo, las donadas por las tiendas; pero ahora los precios se fueron por las nubes, no se puede hacer más; por lo que vendemos la prenda al valor de un litro de leche; de esa manera está al alcance de cualquiera; con eso que recaudamos pagamos la luz, el agua, las garrafas de gas o internet; de paso, tenemos cuando los nenes necesitan una fotocopia para el colegio o si hace falta adquirir enseres para la merienda».
Claudia Maranzana recibiendo donaciones.
«En este momento hay dificultades, porque antes nos sobraban las donaciones y estaba todo mucho más barato; nosotros recibimos todo; si cada uno pusiera un litro de leche, un poquito de zucoa, un kilo de azúcar o un paquete de macitas, andaríamos bárbaro y les podríamos dar la merienda a muchísimos más chicos; pero uno no le puede estar exigiendo tanto a la gente; lo poquito que ponga para nosotros es un montón».
«Antes los padrinos nos donaban un pack completo de leche, ahora recibimos tres cajitas; antes nos donaban una caja de azúcar o de macitas, ahora solamente una bolsa; por lo tanto, por ahí se nos complica; así que como alternativa salimos a recorrer las panaderías; hay gente que nos hace tortas; nosotras mismas las hacemos cuando tenemos los elementos; de esa forma, vamos manteniendo el servicio de la merienda».
«Cuando empezamos, en 2012, las cosas estaban muchísimo más baratas; de 2024 a 2025 se nos ha complicado un montón; eso nos obliga a ir a paso de tortuga; ha habido momentos en que dijimos no vamos a seguir, así no se puede, pero después ves llegar a los chicos que piden una macita o una taza de leche y no les podés decir no; uno extrae fuerzas de donde sea; yo incluso le he sacado a mi familia para poder seguir con esto».
«La zona donde estamos es el Barrio Norte, donde se ven carencias; hay familias con muchísimos niños que necesitan ayuda; atendemos a alrededor de 63 chicos; vamos día a día; tenemos familias anotadas y vemos si podemos agregar otras; hemos llegado a cerrar el merendero para que la familia seleccionada venga a buscar la merienda y la lleve a la casa, porque se nos juntaban muchos niños y cada chico siempre trae a otro, el primito, el amiguito, que también seguramente necesita; pero nosotros no llegábamos a todos; por eso, decidimos que era mejor que se acercara la familia a buscar la merienda».
Claudia Maranzana y algunas voluntarias.
«Hasta hace dos años, los niños iban todos los días a tomar la merienda; desde 2025 van dos veces por semana, miércoles y viernes, entre las 15.30 y las 17.30; traen su botella, nosotros la cargamos y se la llevan; para las donaciones estamos los lunes, miércoles y viernes de 15.30 a 18; hasta hace dos años, los chicos también venían a hacer las tareas de la escuela; había apoyo escolar; era optativo; el que quería lo hacía; el que no, se quedaba mirando televisión hasta que le agarraba sueño y se dormía, más en invierno».
«Ahora es distinto y lo lamentamos porque a nosotros nos gusta tener ese vínculo con los niños; ojalá que en algún momento se pueda volver a hacer; este año tuvimos que aplicar recortes muy importantes por el tema del Gobierno [el ajuste presupuestario del Estado Nacional, que ha afectado directamente a los comedores], todo lo que está pasando en el país, los precios subieron y no llegamos; del Municipio recibimos pequeñas ayudas que para nosotros son importantes, pero no hacemos política para nadie, somos algo aparte; el político que quiere acercarse, deja su donación y muchísimas gracias».
«Nosotros trabajamos más con la gente solidaria del pueblo y los alrededores; el merendero no es de ningún partido; las personas que están adentro eligen libremente su lugar; no trabajamos con políticos y tampoco con iglesias; recibimos a niños de diferentes credos, pero no somos de ninguno; somos aparte; no sé cómo explicarlo, cual es la palabra; recibimos ayuda de todos pero trabajamos solos».
Claudia Maranzana con integrantes de la campaña Estrellas Amarillas, ciudad de San Juan.
«Hacemos distintas campañas; cuando llega el invierno, iniciamos la del abrigo, que consiste en juntar ropa de ese tipo; hacemos la campaña del frío, que busca colchas, frazadas, caloventores, todo lo que sirve para mantener a los chicos, los abuelos, la familia calentitos; cuando empiezan las clases, hacemos la campaña de los útiles; a fin de año la campaña navideña; también hacemos la de Papá Noel y la del Día del Niño; además, van surgiendo otras campañas ocasionales, como la que hicimos ahora para Bahía Blanca [por la inundación que en marzo dejó 18 muertos y miles de evacuados]».
«Si alguna iglesia necesita algo que tenemos, se lo damos; lo mismo si alguna familia requiere lo que sea, como un mueble; todo aquello que un donante tenga en su casa sin uso, nosotros lo recibimos; cuando hacemos campañas vamos a las radios para comunicar lo que necesitamos y lo que vamos haciendo».
«Me llevo muy bien con todo el pueblo, donde todos me conocen; soy nacida ahí, además hace 15 años que hago esto; soy la cara visible del proyecto; me llevo cordialmente con los políticos, tanto de un lado como del otro; trato de no chocar con nadie, uno nunca sabe de quién va a necesitar colaboración y ellos también necesitan de nosotros; hay algunos que me ven llegar y ya se tapan la cara, porque saben que si me acerco es para pedir; pero bueno, mas allá de todo esto, para mí es un trabajo».
«Ponele, ahora me vine porque ya dejé todo organizado; dejé a mi hija más grande para que vaya, abra, se maneje; pero faltar un día me cuesta un montón; lo vuelvo a decir, creo que me llevo muy bien con la gente; no se si la gente piensa lo mismo de mí», se pregunta. «En este momento me están haciendo la entrevista arriba de un colectivo», aclara; «vamos rumbo a San Juan con un grupo de Estrellas Amarillas; tengo una amiga [Patricia Ojeda] que siempre que puedo acompaño; vamos a un congreso de seguridad vial».
Claudia Maranzana con dos colaboradores.
«Este viaje a San Juan surgió gracias a Patricia, mi amiga de muchos años; me invitó a que la acompañara; hace rato que andamos; los tiempos que puedo dejar mi trabajo en el merendero, la acompaño a ella y todas las personas de Estrellas Amarillas; me gusta mucho porque es otra forma de solidaridad; nos contenemos unos a otros en distintas formas y contextos; uno se vincula con la gente, se escucha; es muy lindo».
«Con Patricia hemos compartido otros congresos y hemos ido a pintar estrellas amarillas, que es algo muy fuerte, estar con las familias de víctimas de siniestros viales; hemos compartido reuniones; siempre que puedo estoy para acompañarla».
«Tengo tres hijas mujeres, que son las que me apoyan en el día a día del merendero y el roperito; creo que ellas son las que van a seguir el día que yo no pueda más en esta tarea; mis hijos varones trabajan en cosas distintas».
«Otra persona muy importante es mi marido Marcelo; me acompaña a recolectar las donaciones, también con el trabajo en el merendero; es una parte muy importante en mi vida, es el papá de mis hijos y mi esposo; treinta y pico de años juntos; me apoya en el día a día para lograr todo esto en el merendero o en otras actividades, como salir ahora a acompañar a las estrellas amarillas».
«Ahora estamos planeando un proyecto para armar una cena para los niños; estamos buscando recursos para que puedan venir una vez a la semana, para empezar; estamos viendo, pensando cómo lo podemos manejar».
¿Hasta qué punto hay que brindarse? ¿Tiene sentido hacerlo? «Para las almas generosas todas las tareas son nobles», es la convicción de Eurípides. «Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú», invita Gabriela Mistral; «donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú; sé tú el que aparta la piedra del camino», agrega. «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo», enseña Eduardo Galeano. «Si supiera que el mundo se acaba mañana», imagina Martin Luther King, «yo hoy todavía plantaría un árbol».
Claudia Maranzana con alumnos de una escuela.
«Es un trabajo, pero hay personas que no lo sienten así, personas que dicen voy a ir a meterme para llevarme ropa que necesito y no es así; si vos necesitás algo, te lo vas a llevar, tampoco vas a venir a trabajar y te voy a decir para vos no hay nada; las personas que están colaborando conmigo necesitan también, pero no es siempre, porque nosotros estamos para ayudar al prójimo; trabajamos de esa forma; es tan lindo estar en esa parte…».
«Estamos en un predio que pertenece al club Ferro; ellos hacen sus actividades y nosotros las nuestras; ahora, a partir del viernes que pasó, nos pidieron las instalaciones para darles la merienda a los niños que van al club; así que nosotros accedimos a prestarles el lugar; ellos se encargan de hacerles la leche y de todo; ese es el vínculo que tenemos con el club».
«El otro club del pueblo, el contrario, que se llama Sportivo, en este momento nos está haciendo una gran campaña para la ropa de abrigo; hace unos días hablé con el presidente para pedirle ayuda en eso; ellos dijeron que sí y en este momento nos están juntando; todas las disciplinas llevarán alguna donación y está abierto eso al pueblo, quien quiera aportar algo».
«Me está pasando ahora, hace un tiempo, que mis mismos niños que yo tenía de chiquitos, de dos, tres o cuatro años, ahora que son adolescentes están en malos pasos, que ellos vayan a charlar con uno y que uno los pueda contener, tenerlos un rato ahí, que tomen una taza de leche, un mate, un tereré, como ellos dicen; pasan y dicen: hola, Clau ¿Tenés macitas? Son chicos de 15 o 16 años que están metidos en muchos problemas, pero a veces la gente no ve eso; uno dice porque aquel negro de lo que sea…; a veces hay que sentarse y escucharlos a los chicos, por qué tienen el problema ese».
«Sabés cuantas veces me he ido mal a mi casa por ese tema, por mamás abusadas o golpeadas; hay un montón de problemas; pasan y dicen: ¿Está la Clau? Si está la Clau se quedan y si no está la Clau se van, porque quieren hablar con la Clau; entonces, cómo los voy a dejar; no puedo, aunque a veces me voy toda rota por las cosas que escucho; pero bueno, uno siempre trata de salir adelante con todo eso».