Nora Iglesias: «La mirada de Marcela nos marca el camino para seguir»

8/2/2026

El crimen de su hija aguarda un veredicto de la Corte Interamericana. La niña tenía seis años cuando fue muerta por una escultura expuesta ilegalmente en el Parque 3 de Febrero de la Ciudad de Buenos Aires. El audio de esta nota registra la voz de la madre en el sitio del horror al cumplirse tres décadas de impunidad.

«Como todos los 5 de febrero, venimos a rendirle homenaje a Marcela», incoa Nora Ribaudo de Iglesias bajo la sombra del jacarandá plantado en honor de su hija; «se cumplieron 30 años de que perseveramos siempre con nuestros carteles y pancartas; no solo en homenaje a ella, sino exigiendo justicia; la diferencia es que en agosto del año pasado nos citaron de la Corte Interamericana de Costa Rica, después de tantos años de estar el expediente en la Comisión; nosotros nos sentíamos muy ansiosos de llegar a la Corte, donde fuimos interrogados por un montón de jueces de diferentes países».

La oradora habla de pie junto a su marido Eduardo, el papá de la niña que el 5 de febrero de 1996 fue aplastada por una escultura expuesta ilegalmente en el lugar. Producto de una ley porteña, el área lleva el nombre de la víctima: Paseo Marcela Brenda Iglesias. El matrimonio está rodeado por un grupo nutrido que incluye a familiares, amigos, el sacerdote Juan Carlos Martínez e integrantes de dos entidades civiles, los Amigos del Lago de Palermo y las Madres del Dolor. Fuera del resguardo del jacarandá y otros árboles, reina el sol del mediodía veraniego que calienta los adoquines de cemento.

Eduardo y Nora rodeados por los presentes el 30 aniversario.

Nora y Eduardo junto a la placa colocada al pie del jacarandá que recuerda a Marcela.

«Pudimos contar, fuimos recordando todo lo que nos fue pasando en estos años; que nunca bajamos los brazos, que siempre estuvimos pidiendo justicia; primero me preguntaron señora, por qué fueron a un tribunal del exterior; les expliqué que nos habían cerrado todas las puertas en nuestro país y no solo eso, sino que habían degradado a Marcela como persona, porque estaba muerta debajo de 270 kilos de hierro con todos los huesos rotos; las dos nenas amigas tenían cinco años y Marcela seis; le dio de espaldas; todavía las culpaban de que ellas eran responsables porque se habían trepado».

«No era una escultura para trepar y tampoco era como para tirar abajo 270 kilos de hierro», explica Nora; «el primer juez guardó nueve meses el expediente en un cajón y si no hablo por radio lo deja ahí eternamente; la jueza Susana Nocetti de Angeleri aceptó en total 117 entre apelaciones y recusaciones; cada vez que íbamos, ella estaba detrás de la puerta y mandaba a la secretaria a decir: a su señoría la recusaron, tenemos que volver a foja cero; cuando salió la ley 25.990, que acortaba los tiempos de prescripción, la jueza en seguida firmó y nos dijo: la muerte de su hija ya fue, ahora estamos en otra cosa»

Eduardo y Nora con otras Madres del Dolor en el 30 aniversario.

Nora y Eduardo con algunos familiares en el 30 aniversario.

«Como la recusamos, de los tres jueces de [la Sala Cuatro de la Cámara de] Casación [Penal], las dos magistradas nos votaron que correspondía aplicar la ley; el juez Hornos votó en contra; como que hubiéramos perdido un juicio; entonces, dijeron que los padres paguen [los gastos del proceso]; o sea que primero nos matan la hija y después nos querían hacer abonar las costas de todos los abogados de ellos, que eran los más caros que había; como salió en el diario les hacen pagar por pedir justicia, fue un alboroto; [algunos ciudadanos] querían ir a quemar ruedas o ayudar en distintas formas».

Nora y Eduardo Iglesias repartieron un prendedor y un imán del 30 aniversario.

«Cuando el expediente fue a la Corte Suprema [de la Nación], aplicaron el artículo 280, que usan para todos, no solo para nuestra hija, [por medio del cual fallaron] que la muerte de Marcela era insustancial y carente de trascendencia; como que no era nada, pobre; entonces hicimos todo el esfuerzo de poder ir a la justicia internacional; [el sumario] estuvo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, muchos años, porque el Estado argentino pedía prórroga, prórroga, prórroga…; así iban pasando los años; en 2017 la causa es aprobada; nosotros dijimos bueno, seguimos».

Nora Iglesias tiene la palabra en el 30 aniversario.

Eduardo Iglesias tiene la palabra en el 30 aniversario.

«Vino la pandemia; entonces se fue alargando todo un tiempo más y ahora tuvimos la suerte de que nos llamaran de Costa Rica y pudimos hablar sobre Marcela frente a todos los jueces de distintos países; es como un juicio por la verdad; porque por lo menos acá nunca nos recibieron; era por los derechos del niño y la familia; pudimos contar frente a todos esos jueces cómo se han ensañado con nosotros, de siempre tirarnos la escultura encima continuamente; uno siempre dice Marcela tenía derecho a vivir; era una nena sana inteligente, extremadamente cariñosa y no tuvo la suerte de poder estar».

«El hecho de poder llegar hasta el tribunal de Costa Rica, el más alto de toda América, nos dio como una caricia en el alma; decir bueno, pudimos defender a nuestra hija, lo que le habíamos prometido, que mientras viviéramos íbamos a pedir justicia; lo cumplimos; después, lo demás, no sabemos; siempre que miramos la foto [que ilustra una pancarta colgada a un costado del jacarandá] decimos que la mirada nos marca el camino para seguir adelante y no bajar los brazos, la sonrisa nos contiene emocionalmente y las manos aferradas a las cadenas nos dan la fuerza para estar siempre presentes».

Panorámica del 30 aniversario.

Detrás, un letrero verde de chapa designa el Paseo Marcela Brenda Iglesias.

«Yo formo parte de Madres del Dolor; cada vez que llego [a la sede] y veo [los cuadros con] las caritas de todos los chicos, cuyas mamás son mis compañeras, siempre les digo por favor cuidenmelá, porque ella es chiquita; porque, si bien Marcela tendría 36 años, para mí es atemporal, sigue siendo la nenita chiquita de siempre», confiesa la madre; «también recordábamos cómo años ha tuvimos que llevar la ropa [que quedó de la víctima] para los indios del norte; después, cada juguete tenía su historia y su nombre; el sacerdote me dijo usted tiene que pensar que todos esos juguetes forman el corazón de Marcela…».

«…Y que cada juguete es un pedacito de ese corazón que va a alegrar a un chico que no lo tiene; a mí me gustó, pero era difícil hacerlo; felizmente, un día llenamos tres bolsas y las llevamos a la Casa Garrahan», recuerda aquel desgarrador acto de desprendimiento; «Marcela también, cuando alguien le obsequiaba algo, después lo dibujaba y le ponía en la mano unos corazones; decía ellos reparten corazones y yo les reparto un pedacito de mi corazón», sonríe de repente Nora observando a quienes la rodean; «a todos los que vinieron y llegaron hasta acá, los abrazo; muchísimas gracias».