Francisca Chávez: «Por las víctimas agradezco haber estado en prisión»

27/11/2024

Recibió el Premio Luchemos por la Vida de Plata junto a Cristina y Enrique Schott. Los tres integran el Grupo JEN, dedicado a la prevención vial. Quien habla conducía un auto bajo los efectos de alcohol y droga cuando provocó la muerte de Juan, el único hijo del matrimonio, y otros dos jóvenes. Tras la pena les pidió perdón y lo incorporaron a su causa.

«Hablo primero porque después voy a llorar; anoté unas cosas, si no me suelo olvidar; en primer lugar quiero agradecer a Enrique y Cristina; no sé si hay palabras, son ángeles para mi; sin su apoyo yo no estaría acá; probablemente estaría en mi casa encerrada; quiero agradecerles también haberme permitido formar parte del Grupo JEN, porque entiendo la enorme responsabilidad que representa y porque yo solo no podría estar haciendo esto; le quiero agradecer también a Silvia [González], porque la primera vez que fui recomendado por ellos a una reunión de víctimas pensé que iba a ser linchado».

Francisca Chávez lee un texto redactado en su teléfono celular mientras habla de pie (minutos ocho a 12 del audio de esta nota aproximadamente) sobre el escenario del Salón Manuel Belgrano del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires. Es la noche del 26 de noviembre. A su lado están los esposos Cristina y Enrique Schott. Juntos forman el Grupo JEN, dedicado a la prevención vial. Acaba de homenajearlos la psicóloga María Cristina Isoba, presidenta de la entidad anfitriona, que de inmediato ha descendido al nivel del público para cederles el foco de la atención.

«Realmente, el apoyo que tuve fue increíble; [agradezco] a Luchemos por la Vida por reconocer nuestra labor y nuestro esfuerzo; una pequeña reflexión; mientras estuve en la cárcel no encontraba el sentido realmente; pensaba si no estuviera presa estaría saliendo todos los días por la radio para decir que no manejen en ese estado, para decir que si toman no conduzcan y si conducen no tomen; quizás yo en ese momento no le encontraba un sentido, renegaba de estar tras las rejas; pero después de que salí de esa circunstancia, después del proceso de recuperación, después de haberles pedido perdón pude entender».

La escena está registrada en los últimos 18 minutos de este video. Isoba hizo una alocución introductoria para luego entregarles el Premio Luchemos por la Vida de Plata, corolario de los 20 galardones que anualmente, desde 1996, reconocen, según el ideario de los organizadores, «a quienes desde sus diferentes ámbitos de tarea o con sus vidas están contribuyendo en forma destacada al cuidado de la vida en el tránsito». El momento más emocionante fue compartido por Silvia Beatriz González, que es mamá de Sacha Viguera, niño víctima de la violencia automotor, y presidenta de la Fundación Estrellas Amarillas.

«Sobre todo cuando tuve contacto con otras víctimas, pude entender la importancia de haber estado detenida», continúa mirando el público; «no fue algo que disfruté para nada», reconoce; «pero si en este momento pudiera volver y me dieran la opción de no ser condenada o serlo, elegiría recibir el castigo porque entiendo el alivio que representa para las víctimas; que alguien no reciba justicia es condenarlo a la cadena perpetua del sufrimiento y eso es responsabilidad de todos; que una víctima no tenga la retribución del sufrimiento que padece es una condena eterna; en este punto agradezco haber esta en prisión».

«Agradezco, porque si no mi vergüenza sería enorme, porque también me dio una perspectiva mínima del dolor que pueden sufrir aquellos a quienes nuestra irresponsabilidad o nuestra negligencia se lleva por delante; si yo no hubiera estado presa, yo no estaría acá; en ese sentido, se lo debo a la vida de los tres chicos que tomé; porque fue por ellos que yo quise evitar que otra gente muera; ellos estaban haciendo lo mismo que yo había hecho a los 18 años; me fui de viaje al Bolsón».

«Entonces, creo que todos somos responsables; o sea, yo soy la principal responsable, pero la gente que estaba alrededor mío y me dejó manejar también es responsable; somos responsables de nuestro entorno; la responsabilidad es individual pero también es colectiva; se me borro lo otro que iba a decir, así que muchas gracias».

La sigla JEN contiene las iniciales de Juan Schott, Eugenio Tretyakov y Nehuén Marino, estudiantes y mochileros porteños que tenían 17, 18 y 17 años cuando la madrugada del 25 de enero de 2011 fueron atropellados fatalmente circulando como peatones en El Bolsón, provincia de Río Negro. Un cuarto amigo, Jorge Arce, 18, sufrió heridas graves. El conductor homicida iba sobre la Ruta Nacional 40 bajo los efectos de alcohol y droga al volante de un Fiat Spazio que tenía las luces averiadas. El vehículo salió de control y embistió por la espalda a las víctimas, que caminaban por la banquina opuesta.

El responsable del horror, que salió ileso, se llamaba Francisco Chávez y sumaba 23 años. Fue castigado con cuatro temporadas de prisión efectiva y diez de inhabilitación para manejar cualquier automotor. Transcurrió dos en cárceles rionegrinas y completó el tiempo de encierro en su domicilio. Entonces tomó coraje y decidió un paso sorprendente. Propuso ofrecerles disculpas en la cara a los familiares de los damnificados. Enrique y Cristina Schott, los padres de Juan, aceptaron el encuentro, le otorgaron el perdón y lo invitaron a difundir su experiencia por medio de iniciativas de concientización.

El condenado se ha sometido a terapia para desintoxicarse física y psicológicamente. Ha optado por la identidad femenina y cambiado su nombre por Francisca. Según explica, es biológicamente varón y se autopercibe mujer. Pregona con fervor que debería prohibirse la publicidad de bebidas alcohólicas. Uno de sus compromisos con los progenitores de Juan es brindar charlas en escuelas y otras instituciones. Por ejemplo, el movimiento de las Estrellas Amarillas, integrado por el proyecto de Silvia González, que tiene sede en Santa Rosa, la capital pampeana, y socios de la mayoría de las provincias argentinas.