Olga Paz: «La idea es que las voces se alcen y de esa forma nos escuchen»
24/12/2025
por Lucio Casarini
Denuncia que su hijo Esteban David Córdoba, alias Pachi, viajaba correctamente en moto al trabajo cuando fue muerto por un borracho al volante el 26 de febrero de 2014 en el partido bonaerense de General Rodríguez. Ella integra la Unidad de Familiares de Víctimas de Siniestros Viales (Ufavic) y la campaña Estrellas Amarillas.
«David esa mañana iba a su trabajo en la moto por la Ruta 24; a dos cuadras aproximadas para llegar, lo embiste una pareja que venía en auto; por lo que dicen las pericias, la persona que lo atropella tenía alcohol; venían aparentemente de un cumpleaños; a él lo detuvieron en el momento para hacerle las pericias; se comprueba que tenía alcohol en la sangre, pero lamentablemente él se fue a su casa, mientras que nosotros quedamos todos destruidos; este es el relato que puedo dar en este momento; nunca más supimos de ellos; no pudimos hacer justicia, porque el auto aparentemente no era de él».
La voz del testimonio pertenece a la Unidad de Familiares de Víctimas de Siniestros Viales (Ufavic), con foco en el oeste del Conurbano, y la campaña Estrellas Amarillas, que tiene socios en los puntos más diversos de la Argentina. Se trata de iniciativas que aglutinan a familiares de damnificados del flagelo vial, principal causa de muerte entre los jóvenes y una de las mayores hecatombes en todo el mundo. La Asociación Civil Luchemos por la Vida calcula que cada día pierden la vida 16 argentinos en las calles y rutas; varias veces mayor es la cifra de heridos; ni hablar de las cuantiosas pérdidas materiales.
«Hola, me quiero presentar, soy Florencia Olga Paz», comienza el audio de esta nota; «soy de la ciudad de Hurlingham, soy la mamá de Esteban David Córdoba, fallecido en un siniestro vial; hoy de regreso de un congreso al que fui invitada en San Juan, tratando de encontrar justicia no solo por mi hijo, sino por todas las víctimas del tránsito; siempre buscando lo mejor para toda la familia, para que no vuelva a ocurrir lo que está pasando, tantos desastres viales en las rutas, en las calles, en los barrios; brindando apoyo también a la gente que está pasando por este momento, como nosotras, como yo».
Florencia Olga Paz es mamá de Pachi Córdoba.
Su palabra suena a bordo del colectivo durante el viaje de regreso del Cuarto Congreso Nacional de Seguridad Vial, realizado los días 4, 5 y 6 de junio en la ciudad de San Juan, con la Cordillera de los Andes como telón de fondo. Parientes de víctimas, expertos de diferentes rubros, legisladores, funcionarios, estudiantes, cadetes de las fuerzas estatales y simples ciudadanos se congregaron para escuchar, proponer y debatir. El primer encuentro de este tipo se llevó a cabo en Colón, provincia de Buenos Aires, en 2022, el segundo en Viedma, Río Negro, en 2023, y el tercero en Santa Rosa, La Pampa, en 2024.
«Tengo que lamentar haber perdido a mi hijo hace diez años y sin encontrar una respuesta todavía; el dolor va a seguir siempre; tengo a mis hijas Mariana, Marcela y Johana, que también en algún momento deciden que yo siga con esto, me brindan su apoyo para que pueda acompañar a las Estrellas Amarillas; la idea es que las voces se alcen y nos escuchen».
«Mi hijo se levanta un día y se va a trabajar; se había comprado una moto para ir y volver de su trabajo donde se encuentra la Ruta 24, en General Rodríguez», menciona una arteria provincial que cruza el Conurbano del NE al SO; «es donde ocurre la tragedia, lamentablemente; mi hijo cae porque lo embiste un auto; cae con su moto y en el mismo momento pierde la vida; cuando yo me enteré ya no había nada para hacer; así que bueno, desde ahí empezó nuestro dolor, nuestro calvario; siempre buscando una respuesta y teniéndolo presente; sabemos que estamos haciendo algo por él y por todos».
Pachi Córdoba y su hijo Fernando, fallecido en 2025.
«Nos encerramos en el dolor, que va a existir siempre, tanto para mí como para mis hijas; nos proponemos seguir adelante, pero el siniestro fue una locura, la verdad; nunca imaginé perder un hijo de esa manera; era el amor de mi vida y de sus hermanas; acá estamos, en la lucha, de pie para seguir adelante, para ver qué podemos conseguir, ya que yo no pude tener una respuesta, para que esto no vuelva a pasar y para que la gente que lo está sufriendo logre una reparación».
«Cuando llego a la Comisaría de Rodríguez me dan la noticia de que mi hijo había muerto en el momento del siniestro, a pesar de que iba con el casco; el coche no se dañó tanto; mi hijo pasó sobre el capot del auto hacia el otro lado; el impacto provocó su muerte en el instante, es lo que me dijeron en la Comisaría».
«Se hicieron todos los trámites correspondientes; al conductor le hicieron la alcoholemia; estuvo dos horas en la Comisaría; lamentablemente, yo perdí a mi hijo y él se fue a su casa; de la moto no quedó nada, la vi personalmente; el impacto fue impresionante; el coche quedó todo roto en la parte de adelante; David pasó por encima del capot, pegó en el vidrio, pasó por arriba del techo y cayó a la banquina; ese fue el impacto que lo mató».
Álbum familiar de Pachi Córdoba.
«Mi hijo iba por la Ruta 24 hacia General Rodríguez; ahí es donde lo hizo encontrar la muerte este hombre que venía con el auto; aparentemente, [el automovilista] esquivó un bache, pasó por adelante de un camión y se encontró con mi hijo, que iba en la otra dirección a trabajar; eran aproximadamente las siete de la mañana; era de día, la ruta estaba buena, no era un día lluvioso, no estaba nublado».
«Pasaron diez años, pero parece que fue ayer; el dolor no se calma, la tristeza tampoco; pero tenemos que seguir; me quedan tres hijas: Marcela, Mariana y Johana; ellas están también con su dolor; en estos diez años hemos pasado y vivido un montón de cosas; tengo el apoyo de ellas; para mí la familia son los hijos; siempre intentamos mirar para adelante y emprender todo lo que nos haga bien; todo lo que intentamos es con el mismo dolor de siempre; es una herida que nunca va a cerrarse para ninguna de las cuatro; mis hijas tienen su familia; Marcela el esposo y la hija; Mariana el marido y dos chicos, Mateo y Catalina; el hombre, José Gómez, es una persona maravillosa que siempre estuvo, nos apoyó; Johana es la más chica».
«Esa mañana fui a tomar el tren con mi hermana como cotidianamente; esa fue la peor mañana de mi vida; me llamaron por teléfono para avisarme; Mariana había llegado de sus vacaciones con la familia, yo iba hacia mi trabajo; era un llamado de la señora de mi hijo; me dijo que la Gendarmería le había sacado la moto; no quería decirme lo que había pasado, ella ya sabía; me dijo que tenía que presentarme; me bajé en la siguiente estación; nunca esperé esta noticia».
Florencia Olga Paz muestra el reverso de su remera.
«Me dijo que le habían sacado la moto porque no tenía los papeles, pero no fue así; la moto siempre estuvo en condiciones, con todo en orden; otro se hizo dueño de su vida; esa fue la triste noticia de esa mañana, así me enteré de la muerte de mi hijo; Patricia, su concubina, me llama, me avisa; él vivía a 20 o 25 minutos de su trabajo; ella me comentó después que escuchaba los Bomberos, la Policía; lo que menos se podía imaginar es lo que estaba pasando; a David le faltaban dos cuadras para llegar al trabajo, una fábrica de piletas de fibra; esa semana iba a entrar a las vacaciones».
«Esta es la triste historia de Esteban David Córdoba; Pachi, le decíamos; estaba en pareja con Patricia, la mamá de sus hijos Luna y Fernando o Ferchu, como lo llamamos nosotros; lamentablemente, tuvimos la pérdida de él este año de una neumonía; era un chico especial, lleno de amor para nosotros; siempre va a ser Ferchu; así estaba constituída su familia; siempre trabajó, los tuvo bien; poseía su casita en General Rodríguez, en el barrio Las Latas».
«Fuimos felices, tuvimos alegría; sus hermanas lo visitaban, estábamos siempre a su lado; nos quedan los mejores recuerdos: la pileta, la mora, las conversaciones conmigo y sus hermanas; en solamente media mañana, una mañana o un día, uno no sabe cuándo la vida se puede terminar, cuándo nos podemos quedar con las manos vacías, cuándo las madres tenemos que pasar por esto».
Florencia Olga Paz, Sonia Centeno, Mary Puntano y Delia Pérez, integrantes de Ufavic.
«Cuando me citaron a la Comisaría nunca pensé una cosa así; había ido a retirar la moto y ver si mi hijo estaba preso; me encontré con la noticia de que yacía en la morgue; después traté de superar el día a día del duelo; ahora tanto yo como mis hijas estamos pasando por esta dificultad, esta tristeza por Ferchu, mi nieto; era un chico especial; su mamá ya no quería que nos acerquemos tanto; estaba internado con un cuadro de neumonía, pero nos avisaron recién cuando murió; también una situación traumática para nosotros; el dolor me superó»
«Sigo pensando que la muerte de mi hijo no tiene precio», vuelve al crimen de David; «no quise hablar con abogados; aparte, todo se enredaba; la persona que asesinó a mi hijo dice que el auto no era de él, era prestado; después aparece el dueño; con lo cual, me enfoqué en lo que me estaba pasando; de todas maneras, nunca pensé en lucrar con la muerte de mi hijo, pienso que su vida no tiene precio».
«Pero conozco personas, familias y mamás que están llevando procesos judiciales desde hace ocho, diez o veinte años; cada uno tiene su corazón, su cabeza, su conciencia; yo creo que la vida mi hijo no tiene precio; es mío aunque esté en el cielo; lo mejor que me pasó en la vida son mis hijos y él es especial, mi único hijo varón; esta mi triste historia, pero intento seguir adelante y compartir los dolores de los demás, acompañar a otras mamás que pierden a sus hijos; entre nosotras nos entendemos, llevamos el mismo dolor».
Pachi Córdoba y Mariana, su hermana melliza.
«El sepelio fue en General Rodríguez, donde él siempre vivió; hablé con mis hijas y decidí traerlo al Cementerio Parque Municipal de Hurlingham, donde descansan sus restos; sentí que tenía que estar en ese lugar, porque es nuestro barrio, en Villa Tesei», precisa su lugar de residencia; «hay que cuidarse y también cuidar a los hijos y los nietos».
«Fue un día de muchas emociones, de shock, de enojos», evoca la última jornada en San Juan; «recordé muchas cosas de mi hijo; no es fácil llevar un dolor tan grande; como para cada mamá, mi Pachi es especial; hoy, mañana y siempre vive conmigo y con sus hermanas; siempre nos acompaña a todos lados».
«Un día estaba cerca de la Municipalidad de Hurlingham y veo muchas estrellas amarillas y gente trabajando ahí», recuerda su primer contacto con la Ufavic; «me encuentro con Sonia, una mujer maravillosa, luchadora; como Delia, como Mary; me arrimé a preguntar; había muchas fotos de chicos; les conté mi historia, les hablé de Pachi; me explicaron qué significan las estrellas; en ese momento decidí emprender la lucha con ellas; hablamos de poner una estrella, hacer una pintada para recordar a David; me parecía que todo lo que hiciera por mi hijo iba a estar bien; además, agradezco que mis hijas siempre me apoyaron en todo».
Pachi Córdoba y Mariana, su hermana melliza, en la infancia.
«Sonia Centeno [la presidenta], Mary Puntano y Delia Pérez tramitaron todo, son unas genias; hicimos la pintada en el asfalto en General Rodríguez, donde él tiene su cartel con la estrella; me tocó conocer gente tan buena…; me sirvió, recibí enorme contención de parte de ellas y de todas las mamás de Estrellas Amarillas; hay muchos casos; vamos aprendiendo a superar el dolor día a día; nos enojamos, nos peleamos, lloramos…; nos peleamos en el buen sentido de la palabra, porque uno piensa de una manera y el que está al lado piensa de otra; pero al fin y al cabo todos estamos por lo mismo».
«Estoy agradecida con Sonia, especialmente; su apoyo incondicional; porque siempre está, aunque ella y su Princesa también buscan justicia», menciona a Yemina, la nieta de aquella, tenía 11 años al convertirse en otra víctima vial; «nosotros estamos para apoyarlas a ellas; todas estamos pasando por lo mismo, somos como una familia, aunque sea una familia en el dolor».
«Sonia me llamó y me explicó que iba a haber un congreso en San Juan; me contó de qué se trataba; yo nunca hice un viaje; necesitamos apoyo, que todas las mamás nos unamos y luchemos; es una experiencia maravillosa».
«La gente de san juan nos abrió las puertas», se emociona; «la contención no faltó para nada; el saludo, el abrazo, la atención; teníamos que ir a cada sitio donde se daban las charlas; así vamos entendiendo; se habló del duelo, el dolor, el sufrimiento, el vacío; todo lo que nos está pasando; las charlas fueron muy buenas, me hicieron bien; con algunas cosas uno tal vez no está de acuerdo, pero en el fin estamos alineados todos; agradezco a San Juan, que se ha portado tan bien; sin palabras; nos recibieron todos estos días con el desayuno, la merienda, la comida; esto no se paga con nada, realmente».
Pachi Córdoba con su hermana Catalina.
«Pedimos la bendición de Dios para San Juan; que calme el dolor de todos esos sanjuaninos que nos hemos encontrado; ahora estamos volviendo; creo que son aproximadamente las doce de la noche», establece la hora del testimonio; «estamos regresando a casa llenos; hay cosas que calman el dolor; estos seis días lloramos; la atención emociona; uno encuentra gente que le cuenta su historia; compartimos, lloramos, nos reímos; además, la pasamos bien, porque de eso se trata, de levantarnos el ánimo uno al otro».
«Acá termina mi historia; Sonia, Mary y Delia son el pilar nuestro, son nuestras líderes, son luchadoras; a través de su dolor, nos están enseñando a luchar, a ver cómo hacemos para superar las dificultades; nos abrazamos, lloramos, nos reímos; estamos contentas, estamos tristes, pero lo importante es seguir adelante con todo esto; también le agradezco a Marcela, mi hija mayor, por el apoyo, la ayuda, para poder venir; a Mariana, a José; gracias por apoyar siempre; a Johana, que también siempre está».
«Vuelvo con novedades, con lo escuchado en la charlas», concluye sobre el Cuarto Congreso Nacional de Seguridad Vial; «para decirles que tenemos que seguir adelante con nuestra lucha y la de los demás; toda la gente que he conocido que está pasando por lo mismo que nosotros; la idea mía es seguir a Sonia, como lo vengo haciendo; acompañar, levantar nuestra estrella y seguir adelante».