Natalia Cura: «Tengo las pruebas de que a Valentino me lo mataron»
8/8/2025
por Lucio Casarini
Su bebé, nacido con síndrome de Down, sumaba cuatro meses cuando expiró el 20 de febrero de 2024 en el Hospital de Niños de San Miguel de Tucumán. Ella atribuye el deceso a una cirugía cardiológica intempestiva realizada en condiciones irregulares por personal sin habilitación. Acusa a Luis Medina Ruiz, ministro de Salud provincial, de encubrimiento.
«Hace un mes fui hasta el kiosco a comprar; ahí me encuentro a una mujer que me dijo que me conocía; me dijo vos sos la mamá de Valentino, yo soy Lorena Cárdenas, la jefa de Enfermería; es quien recibió a mi hijo ese día y quien lo preparó para que esas personas lo mataran; esto sucedió en un kiosco lleno de gente, con cámaras y todo; le dije sé quién sos, vos recibiste a mi hijo y sabés perfectamente que me lo asesinaron; ella me lo reconoció, me dijo sí, yo sé que lo mataron y se largó a llorar delante de los otros clientes; me dijo ahora me quieren dejar sin trabajo».
Aunque carece de experiencia judicial, Natalia Verónica Cura se ha convertido, con dolor indescriptible y obligada por las circunstancias, en la principal denunciante e investigadora del drama de su bebé. Ha identificado a presuntos sospechosos y encubridores, y recogido evidencia con la esperanza de un juicio que examine el hecho como homicidio por mala praxis médica. El pequeño Valentino Giuliano, nacido con síndrome de Down, tenía cuatro meses cuando expiró el 20 de febrero de 2024 en el Hospital de Niños de San Miguel de Tucumán.
«Le dije que me ayudara con la causa de mi hijo, que yo la iba a ayudar a ella», continúa su impresionante anécdota; «me puse a hablar por chat, le saqué obviamente captura a cada chat y los quiero usar como evidencia; hace dos domingos, esta mujer vino a casa a las seis y media de la mañana; estaba alcoholizada, creo que tenía un arma; voy a hacer la denuncia; no sé qué se le pudo pasar por la cabeza; yo creo que es remordimiento de conciencia al saber lo que le hicieron a mi hijo; todo el mundo sabe lo que le hicieron a mi hijo y ninguno se anima a hablar».
Natalia Cura encadenada en la puerta del Ministerio Público Fiscal, San Miguel de Tucumán, el 3 de junio.
«Soy Natalia Cura, soy de Tucumán, soy mamá de Valentino Cura», comienza el audio de esta crónica; «a mi hijo lo operaron del corazón sin hacerle ningún estudio prequirúrgico ni nada; prácticamente me lo mataron residentes que se hicieron pasar por médicos cirujanos cardiovasculares; realmente me lo torturaron; hice la denuncia; el fiscal de la causa [Pedro León Gallo] me recibió una sola vez porque lamentablemente están involucrados tanto el ministro de Salud, Luis Medina Ruiz, como la directora del Hospital de Niños [Inés Gramajo]».
«Mi hijo nació con una cardiopatía congénita; la cardióloga que lo atendía me dijo que con un control adecuado iba a andar bien; si se hablaba de cirugía, tal vez iba a ser al año y medio», menciona a la primera especialista que consultó, que se desempeña en una institución distinta del Hospital de Niños; esta doctora se tomó licencia porque estaba en la etapa final de un embarazo y tuvo que derivarla; así fue como entraron en escena los ahora acusados; «Valentino estaba con bronquiolitis antes de la operación, tenia una afección respiratoria y lo operaron igual».
Este gráfico explica el diagnóstico de Valentino.
Las cardiopatías congénitas en niños con síndrome de Down producen hipertensión pulmonar, que es causa de deficiencia en el crecimiento y el desarrollo. Las cirugías dentro de lo posible se difieren, para que el niño logre un grado mínimo de fortaleza física. De lo contrario, podría ser incapaz de soportarlas. Salvo que se trate de una urgencia por insuficiencia cardíaca congestiva: el corazón carece de potencia suficiente para el bombeo y se inundan los pulmones de líquidos. Algo que se detecta mediante electrocardiograma y ecocardiograma.
«Son cuatro los imputados», precisa Natalia Cura; «la [supuesta] cardióloga Emilia Croigberg», identifica a la primera profesional que la entrevistó cuando se acercó al Hospital de Niños, «que sin hacer ningún estudio habló a estas personas para que operen a mi hijo; los dos residentes que se presentaron como médicos cirujanos cardiovasculares, Pablo Carreras y Magdalena Reyes; y el jefe de Cirugía, Rubén Toledo, que les prestaba el sello a los residentes; deslindó su responsabilidad para que operen a mi hijo; sabía todo y aún así lo permitió».
Denuncia difundida por Natalia Cura en las redes sociales de internet.
La mamá de Valentino señala que Croigberg, Reyes y Carreras, aunque se presentaron como expertos, carecen de certificación. La primera, en el colmo, adeudaría materias de la cursada. Los otros dos serían meros residentes. Toledo, jefe de cirugía cardiovascular del Hospital, les habría prestado el sello profesional, algo que lo convierte en cómplice. Los abogados que los defienden son María José Agüero y Jesús Manuel Ruiz Flores. En cuanto al ministro Luis Medina Ruiz y la directora Inés Gramajo, son señalados por la querella como encubridores.
En el ámbito de la medicina, la categoría de residente corresponde a profesionales graduados. La residencia es un posgrado para el aprendizaje de una especialidad. En la Argentina dura hasta siete años. Si quienes atendieron a Valentino eran residentes de cirugía cardiovascular infantil, debían actuar bajo la supervisión de alguien con matrícula. Por otra parte, nunca se opera a un niño con bronquiolitis, dolencia que disminuye la capacidad pulmonar; lo recomendable es posponer la intervención, salvo una circunstancia de gravedad extrema.
Luis Medina Ruiz, ministro de Salud de Tucumán (parado en el medio), con varios presuntos implicados. Rubén Toledo (sentado, chomba roja), Emilia Croigberg (de pie a la izquierda) y Pablo Carreras (en cuclillas, remera roja).
«Todo sucedió en el Hospital de Niños de Tucumán; el caso de mi hijo no es el primero; esto ya venía ocurriendo con otros niños, pero qué pasaba, las mamás callaban, las mandaban a silenciar; lo quisieron hacer conmigo; no sé si Valentino me iluminó cuando fui a ver al ministro, que quería justificarlos; me pedía que perdone a los asesinos; yo lo grabé y el sabe que lo tengo grabado; están todos involucrados; el ministro, la directora del hospital, hasta los mismos fiscales, los médicos que practican con los niños que tienen síndrome de Down o alguna cardiopatía».
«Es un protocolo lo que se lleva adelante», contestó la institución de salud infantil en diálogo con Todo Noticias (Tn.com.ar). «Jamás van a ingresar a cirugías tan complejas sin los elementos necesarios. Son cosas que se acuerdan con la familia. Confiamos en el equipo, que es referente y altamente capacitado. Toda cirugía es consensuada, se presentan todas las posibilidades, pro y contras, sobre todo en pacientes muy pequeños. No creeemos de ninguna manera que el cirujano va a hacer una cirugía por hacerla. No es posible que opere y corra un riesgo innecesario».
Retrato de Rubén Toledo publicado por Natalia Cura en las redes sociales de internet.
Aunque lo llaman Hospital de Niños, el nombre oficial del nosocomio es Hospital del Niño Jesús. Gabriela Sangero, médica presente en terapia después de la cirugía de Valentino, es otro actor de la trama. Natalia ha contado que la trató de mala manera cuando preguntó por qué su hijo lloraba, cuando debía encontrarse sedado y entubado. Como única explicación, la profesional le dijo que el bebé era «caprichoso». La madre describe a Valentino atado de pies y manos, y expuesto desnudo al frío intenso del aire acondicionado, pues solo le habían tapado los pies con un plástico.
El relato de la querellante es estremecedor. La misma doctora Sangero le avisó más tarde que el pequeño estaba agonizando e intentaban reanimarlo. Valentino expiró en los brazos de su mamá, que a continuación lo cubrió con una sábana y fue retirada del área con el niño en brazos por personal de seguridad. Natalia, que trabaja como empleada en el Arzobispado de Tucumán, estaba completamente sola en esa circunstancia horrible. El papá de la criatura era una figura ausente, algo que se acentuará cuando ella salga a ventilar el caso en la escena pública.
Natalia Cura, su mamá con Valentino en brazos y su hermano.
El 26 de junio se produjo un paso clave para desenredar la madeja. El magistrado Sebastián Darío Mardiza, miembro del Colegio de Jueces de San Miguel de Tucumán, lideró una audiencia con las partes. Natalia Cura estuvo en calidad de querellante. Como acusados asistieron Toledo, Croigberg, Reyes y Carreras. La cita fue sin duda un efecto de la presión de la madre ante la opinión pública. En particular, el encadenamiento de ella el 3 de junio en la puerta del Ministerio Público Fiscal, sobre la Avenida Sarmiento, en el centro de la ciudad.
«Mi abogado es el doctor Diego Piedrabuena; la causa de mi hijo está caratulada hasta el momento como homicidio culposo; quien llevaba el expediente era el fiscal Pedro Gallo; voy a pedir el cambio; todavía no sé nada; estoy en la espera de que me digan los pasos a seguir; el fiscal jamás me quiso dar la cara; fui a encadenarme a la Fiscalía para que me diga qué va a hacer con la causa de mi hijo; yo le presenté todas las pruebas y jamás las dio por válidas; al otro día de que me encadené, me dio tres días para que lleve nueva evidencia».
Los restos de Valentino están en el Cementerio Parque del Recuerdo, Tafí Viejo, Tucumán.
«Contraté peritos de Córdoba», menciona el equipo de Carla Natalia Vilchez, forense de esa provincia; «a las pocas semanas [el 26 de junio] se hizo una audiencia donde se presentaron las pruebas; el juez [Sebastián Mardiza] les pidió a los acusados que muestren los estudios que supuestamente le hicieron a mi hijo; se pidieron al Hospital y no hay nada; ni las radiografías ni los electrocardiogramas ni los análisis de sangre».
«Recordemos que los que hicieron la historia clínica son los mismos acusados; le agradezco al juez que abrió la causa porque se dio cuenta de que adulteraron la historia clínica; vi al juez, me dio la palabra y pude decirles a los asesinos en su cara que estaban mintiendo; como le dije al juez, no esperemos que estas personas, los mismos que hicieron la historia clínica, se auto incriminen; obviamente, no lo van a hacer».
Natalia Cura reclamando justicia en la puerta del Hospital de Niños de San Miguel de Tucumán.
«Como vengo sosteniendo desde el principio, a mi hijo no le hicieron nada; no tenía cables de marcapasos, no le hicieron la autopsia»; protesta; «murió en mis brazos, no tuvieron tiempo de nada; lo trataron como cualquier cosa, como alzar un chico de la calle y decirle vení, te voy a operar; lo metieron en un quirófano sin hacerle nada; me manipularon porque estaba sola, sin mi familia; yo pensé que eran médicos de verdad, pero no lo eran; el Hospital mismo los tapó; Luis Medina Ruiz, el ministro de Salud, también encubrió y sigue encubriendo todo».
Fernando Vázquez Carranza, médico forense, primer perito de parte de la querella y exdirector de la Policía Científica provincial, ha verificado las anomalías de la historia clínica. El informe sostiene que el bebé salió de la cirugía con cables de marcapaso y cánulas de drenaje, pero las fotos tomadas por la familia de Valentino demuestran lo contrario. El documento sostiene que el deceso fue debido a una arritmia, pero Vázquez Carranza señala que jamás fue diagnosticada, tampoco sus características, por lo que fue imposible tratarla de manera fehaciente.
El 17 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Seguridad del Paciente.
«Voy a seguir luchando hasta el fin de mis días», se empeña la progenitora de la víctima; «necesito el apoyo de todos; hasta que llegue la condena terrenal, que reciban la condena social; tengo todas las pruebas de que a mi hijo lo mataron y las nuevas evidencias que se presentaron con los peritos de Córdoba; se pidieron los horarios de los estudios y la cirugía; no concuerda nada; el horario que dice en la historia clínica con la junta médica con la hora en que mi hijo entró al quirófano; los estudios que ellos inventaron en la historia clínica no existen».
La voz del testimonio ha narrado que la adulteración de la historia clínica fue seguida por más escándalos, como una junta médica que contó con alguien inusitado en el papel de perito de parte. Pablo Pérez Caram, cirujano cardiovascular infantil del mismo Hospital de Niños. El veredicto de la junta, previsiblemente, fue favorable para los profesionales de salud involucrados. Por lo que la querella pide la anulación de la instancia y que por supuesto sea efectuada de nuevo en condiciones válidas, o sea con integrantes que puedan considerarse independientes.
El 21 de marzo de conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down.
«Me acompañan en la lucha, de pedido de justicia por mi hijo, mi mamá, mi hermano, mis amistades que están desde el principio; también otras mamás que perdieron a sus niños; son muchas personas que me apoyan», agradece Natalia Cura; «es la primera vez que vivo algo así; jamás me pasó nada parecido; siempre miraba a las mamás que pedían justicia, lloraban por sus hijos asesinados de distintas formas; yo siempre decía Jesús, que dolor para esa mujer; pero jamás me pensé de este lado, perder de esta manera a mi hijo; jamás, jamás».
Roxana Dángelo, mamá de Katerina Azor, que perdió la vida en la Clínica Fátima del partido bonaerense de Pilar, ha sido un respaldo destacado. Roxana integra la Comisión de Acompañamiento de Familiares de Víctimas (Cafavi), fundada por Silvana Mancuso, mamá de Mora Callejón. Gabriela Covelli, progenitora de Nicolás Deanna e iniciadora de la Asociación por la Vida y la Salud, es otra referente contra la mala praxis médica, que según las Naciones Unidas, con 300 fallecimientos por hora, es la primera causa de muerte provocada en el mundo.
«Siempre lo siento a Valentino cerca mío», concluye Natalia emocionada; «se me presenta en forma de mariposa o de colibrí», sorprende; «más allá de eso, yo lo siento siempre; tengo sus cosas intactas, no saqué nada; tengo todo armado como cuando el estaba vivo, porque todavía no puedo desprenderme de sus cositas».