Silvia Fredes: «Martina está en la risa de los niños que vienen a esta plaza»
15/8/2025
por Lucio Casarini
Su hija tenía 16 años cuando el 14 de febrero de 2016, mientras cruzaba una calle como peatón, expiró atropellada por un asesino al volante en el barrio porteño de Villa Crespo. Ella y Oscar, el papá de la chica, integran la Asociación Civil Madres del Dolor. El conjunto mural que recuerda a la víctima acaba de ser restaurado por la autora, Victoria Ferreyra.
«Con mi marido Oscar nos conocimos en Mendoza, los dos somos mendocinos; nos casamos y nos vinimos; yo siempre digo que he convivido más tiempo con el que con mi mamá y mi familia; me casé a los 19. Vinimos y nos hicimos desde abajo, trabajando con la aspiración de armar nuestra familia; recuerdo que Oscar me decía antes de tener un hijo necesitamos una casa; es el sueño de muchos; algunos lo alcanzan, otros no. Estudié, me recibí de maestra jardinera; trabajé; mi marido ha trabajado de mil cosas, si hay algo que tiene es que no puede quedarse quieto».
Silvia Andrea Fredes evoca sonriente cómo nació su historia de amor con Oscar Horacio Miranda, alias Cacho. Está sentada en un banco de cemento del Patio John Malcolm, barrio porteño de Villa Crespo. Mientras habla la acarician los rayos del sol de la tarde de invierno, ambientada por voces infantiles que provienen de los juegos aledaños, el trinar de los pájaros y el tránsito vehicular de la calle Gurruchaga. «Flores para Martina», puede leerse en letras cursivas negras sobre el tapial a sus espaldas, coloreado con margaritas blancas, rojas y verdes de núcleo amarillo.
«Después de siete años de estar solos, decidimos que era momento de ser papás. Yo decía que mi primer hijo iba a ser varón y el amaba tener una nena; yo hasta último momento dije es varón; cuando el médico le informó que era una nena, el lo primero que llevó a casa fue un vestidito blanco; era lo que más soñaba; muchos hombres quieren que el primer hijo sea varón para llevarlo a la cancha, para compartir cosas de hombres; el no, quería una nena y la vida se la regaló; lástima que fue por tan poquito tiempo. Así nos conocimos, así formamos la familia, así llegó Martina».
Oscar, Martina y Silvia en la playa poco antes de la tragedia.
Martina Camila Miranda sumaba 16 años cuando 14 de febrero de 2016, mientras cruzaba correctamente una calle de su barrio como peatón, fue embestida por Sergio Damián Villanueva, de 22, que al volante de un Chevrolet Corsa gris ignoró el semáforo rojo y el límite de velocidad. Dos días después, el muchacho, que al parecer tenía problemas de adicciones, se quitó la vida en la casa de sus padres. Silvia y Oscar, inconsolables por el fallecimiento de su única hija, decidieron apostar por la vida y se integraron a la Asociación Civil Madres del Dolor.
«Mi nombre es Silvia, soy mamá de Martina Miranda», inicia el audio de esta nota; «estoy en el Patio John Malcolm, en el barrio de Villa Crespo, donde hace un par de años se inauguró el primer mural de una víctima de tránsito vial; mi única hija, Martina, de 16, perdió la vida muy cerquita de acá, en Vera y Scalabrini Ortiz, atropellada por un auto que circulaba a alta velocidad; estar acá implica un poquito de paz, consuelo, ya que no pudimos tener con mi marido el juicio, la justicia que tanto piden los afectados en estos casos, porque quien mató a Martina se suicidó dos días después».
«Llegar acá y ver a Martina reflejada en 1600 metros cuadrados de murales hechos por Victoria Ferreyra, directora de Pinta Argentina, da esa paz que hubiésemos querido que nos diera la Justicia, la que muchas veces no alcanzan los que tienen vivos a los asesinos; quien mató a Martina cerró la puerta con llave y tiró la llave».
Ingreso del Patio John Malcolm por la calle Serrano.
«Es un espacio en honor de Martina que se encuentra acá, en Gurruchaga 1070, Villa Crespo; la Comuna 15, su director de aquel momento, Martín Garcilazo, donó el espacio; hubo prensa, el que quiera ahondar la historia puede encontrarla en las noticias, en Google; después se hicieron más murales para víctimas vehiculares; dijimos que sí cuando nos lo propusieron porque creemos que permite mostrar a la víctima desde otra perspectiva, no desde el dolor; me lo enseñó Victoria; creo que es maravilloso llenar de vida los espacios públicos».
«El mural nació de la falta de justicia; dijimos qué hacemos ahora en honor de Martina; cuando la Comuna 15 nos ofrece el espacio dijimos hay que buscar artistas; la misma Comuna nos hace el vínculo con Victoria Ferreyra, que vino a conocer la plaza; en ese entonces habia pandemia, así que las plazas estaban cerradas; la conocimos desde afuera, mirando a través de la reja; estaba todo lleno de grafitis, era una plaza un poco oscura, me refiero a la pintura de las paredes».
«Ella dijo que estaba dispuesta a hacerlo; con mi marido le propusimos crear algo vial, una sola pared que tuviera algunos símbolos de tránsito; era lo que se nos ocurría; se nos había pasado por la mente hacer esto, pero nunca imaginamos que el sí iba a llegar tan pronto, que la Comuna se copara con la idea; solo dijimos tiremos esta posibilidad, sin pensar que iba a tener tanto eco; Victoria contestó quiero más de una pared, acepto si Martin Garcilazo nos da toda la plaza; ocurre que los artistas no quieren que los espacios de sus obras sean invadidos, intentan preservar sus pinturas, sus contextos».
Cartel interior del Patio John Malcolm al ingresar por la calle Serrano.
«Victoria propuso si me dan todas las paredes, yo me hago cargo y pinto; sin saber si nos iban a dar el ok; la cuestión es que nos dijeron que sí: totalmente, la plaza es suya; nos entregaron la llave para poder entrar con las cosas; Victoria me dijo yo no pinto muerte, pinto vida, dejame ver qué se me ocurre y, si vos lo aceptás, yo arranco; al otro día me llama y me dice tu hija no me dejó dormir, ya sé lo que ella quiere y se va a llamar Flores para Martina; si vos estás dispuesta a aceptar esta idea, yo comienzo la obra; me anticipó que quería ver a Martina trascender».
«Le dijimos que sí, que fuera para adelante; no sabíamos que iba a ser todo tan simple; cuando ella arrancó las plazas empezaban a abrirse de a poco, tenían horarios muy restringidos porque estábamos saliendo de la cuarentena del Covid; los chicos que frecuentan el sitio se prendieron a pintar; es una plaza muy de barrio, no es Parque Centenario; es un espacio chico adonde vienen siempre las mismas personas, niños pequeños o adolescentes que se acercan a comer o a pasar el rato después del colegio San José, que está en la esquina».
Silvia durante la entrevista; «Flores para Martina», se lee a sus espaldas.
«Yo quería este espacio porque Martina solía venir con sus amigos a comer pizza y pasear por los outlets de ropa; ella era una adolescente como tantas; verse cool, linda era lo que le gustaba; ella transitaba un montón esta zona; eran más motivos para decir que sí; todo se iba conectando, creo que era la luz que nos daba ella desde donde estuviera; ya que ustedes quieren algo para darme, yo los voy a ayudar desde el más allá o desde el más acá para poder conectarnos con lo que nosotros pedíamos y ella quería; por lo visto no deseaba algo vial, quería flores; así fue llevándose adelante; Victoria trajo artistas de distintos puntos del país; letristas de Misiones, uno de Mendoza».
«Vinieron varios artistas a poner sus pinceladas; así se enteró el dueño de Polacrín [Cristian Pugliese], que llamó a Victoria y le dijo voy a donar la pintura; la prensa [en manos de Fernando Fabián Maldonado] estuvo a cargo de Victoria y Martina, lo digo así porque Victoria puso sus pinceladas y Martina se hizo realizar el primer mural para una víctima de tránsito vehicular; hay pinturas en honor de otros damnificados, pero carecen de acompañamiento oficial, de la comuna, el municipio, el Gobierno; Martina es quien abrió esa puerta, la posibilidad de transformar el dolor en arte; al revés que el asesino, que cerró la puerta y tiró la llave».
Juan Alberto Badía: «Trascender es seguir viviendo, digo yo que no sé nada».
«Así fue como sucedió; después se sumaron artistas y periodistas a lo que [por sugerencia de Fernando] se llamó Una pincelada por Martina; vinieron a hacer su aporte antes de que se inaugurara y fueron dando eco a lo que se estaba preparando; gracias a Victoria, que es una grosa de la pintura; reflejó lo que quería pintar, Flores para Martina; la plaza tiene dos entradas, una por la calle Gurruchaga y otra por la calle Serrano; nos preguntamos qué frase elegir; uno siempre piensa en la resiliencia, el amor, la esperanza, la justicia; habíamos escuchado años antes una entrevista a Juan Alberto Badía; dijo que no quería pasar por esta vida sin que lo recordaran, porque era como haber vivido sin un sentido».
«La frase textual fue que trascender es seguir viviendo; eso es lo que buscamos y lo que le transmitimos a Victoria; imaginamos esas palabras junto al retrato de ella en que aparece alada en el acceso de Gurruchaga; creo que Martina trasciende en el arte, en lo que como mamá puedo hacer con otros familiares; ese abrazo, ese escuchar, reírme, decir ya viví lo que te está pasando, podemos juntarnos, tomar un café, hablar; Martina trasciende en que podamos ser empáticos con los demás, en saber que nosotros no estamos acá porque hicimos un doctorado o una maestría, por habernos recibido de nada».
Los retratos de Frida Kahlo, Martina y la Madre Teresa en el Patio John Malcolm.
«Estamos acá porque la vida nos graduó de la peor manera, que es la pérdida de un hijo; creo que no lo tenemos que olvidar; es nuestra esencia como personas; Martina trasciende en cada cosa que doy de corazón; en esta plaza Martina está en la risa de los chicos mientras se suben a un tobogán, en los padres que vienen con ellos, en los que se quedan mirando el retrato de ella alada y dicen que es un hada; lo he escuchado al pasar caminando; Martina está en el momento en que la Comuna me dijo que sí; me acompañó en el instante en que Victoria dijo yo no pinto muerte, pinto vida».
«En el momento en que el empresario de Polacrín dijo yo me sumo con la pintura; creo que ahí está la esencia de Martina; no sé si existirá otro plano, otra vida, un mundo paralelo; pero cuando la puerta se nos cerró, se nos abrió una plaza y ahí uno dice Martina sigue estando entre nosotros; Martina está cuando hay cosas que nos cuestan y tenemos que exigirnos, como levantarte; uno dice Martina es la que me está ayudando; creo que existe y sigue estando, porque si no estuviera no se lograrían un montón de cosas».
Placa colocada por Ariel Álvarez Palma, legislador porteño.
«Me pueden decir tuviste la suerte de que Martín, el entonces director de la Comuna 15, te escuchó o tuviste la suerte de que Agustín [Rodríguez Ponti], el nuevo director, te llamara y te dijera vamos a restaurar la plaza, Martina tiene que seguir presente, vamos a poner nosotros la pintura, vamos a reacondicionar el espacio; o tuviste la suerte de que llamaran a Victoria y ella dijera que sí y donara su tiempo; porque es su trabajo, es de lo que vive; salía de otra obra y venía corriendo para dedicar 20 minutos; pintó un domingo, trató de terminar la restauración lo antes posible para inaugurarla con los nuevos juegos de la plaza».
«Me pueden decir qué suerte tuviste de ver frente a uno de los retratos de Martina un castillo [tobogán] enorme para que jueguen los chicos y pensar qué simbólico, porque uno sigue a viendo a Martina como una chica de 16, pero los chicos la interpretan como un hada; ella sigue estando en esas cosas, me hace bien sentirlas; que un periodista te llame, te diga quiero ir a conocer, quiero que me cuentes y que la gente lea y decida acercarse asimismo para poder decir yo conozco, estuve, sé cuál es la historia de Martina; esa también es una forma en que ella sigue trascendiendo; si no, cuando ese cajón se cerró todo hubiese quedado ahí; como dijo Badía, hubiese perdido razón de ser, hubiese interesado solo a su papá, a mí y al resto de la familia; pero ahora es del mundo; por eso dejé de llamarme Silvia y todos me dicen la mamá de Martina; me conocen más de esa manera».
«En esas cosas trasciende, en que después de la primera inauguración viniera [Ariel Álvarez Palma] un legislador de la Ciudad y dijera me encanta esto, es vida; dijera me duele, quiero saber qué pasó, interiorizarme; dijera esto es el amor más lindo, haya promovido una declaración como espacio de interés cultural y la colocación de la placa respectiva; creo que es algo más de Martina que de nosotros; porque nosotros golpeamos puertas, pero quien hizo que se abrieran fue el espíritu de ella o como quieran llamarlo; su alma, su esencia, sus 16 años de paso por esta vida».
Silvia delante de los retratos de Frida Kahlo, Martina y la Madre Teresa.
«Si quieren conocer la historia de Martina pueden encontrarla en las noticias, en Google, y si quieren venir a conocer la plaza van a notar esto que digo, porque una cosa es escuchar mi testimonio; todos pueden pensar es la mamá, qué va a decir; y otra cosa es sentir la paz que hay en este lugar; no solamente yo lo digo, lo reiteran todos los que se acercan; como [Pablo la Spina] el director de Asuntos Estratégicos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial; cada vez que pasa me comenta esto es paz, acá hay mucha paz; quiero que todos conozcan; porque uno lo escucha, lo lee, pero sentirlo es otra cosa; como yo lo percibo».
«Sé que cuando vengan, traspasen la entrada de este lugar, lo van a captar; Martina no se encuentra en 1600 metros cuadrados de muralismo; no se trata solo de su imagen, no van a encontrar un álbum de fotos de ella; como fue asesinada un 14 de febrero, Victoria con su magia pensó que la obra tenía que reflejar el Día de los Enamorados; por eso decidió poner muchos animales en pareja; también van a ver a Martina con Frida Kahlo y la Madre Teresa; en vez de un álbum de Martina, es un álbum de la vida misma; con alegría, colores; los niños cuando vienen disfrutan».
Let it be, la canción de los Beatles, era la favorita de Martina.
«En cuanto a la posibilidad de tener más chicos, el destino, la vida, Dios, el universo, en quien crean, quiso que tuviéramos solo a Martu; ella siempre dijo que iba a ser hija única; era muy pegada a su papá, creo que es algo que trajo desde el momento en que Oscar supo que era una nena; el vínculo fue creciendo entre los dos; cuando necesitaba permiso para algo, Martina obviamente recurría a mí; pero cuando necesitaba complicidad, recurría a su papá; era quien la llevaba a los bailes, los cumpleaños; era como el remís del colegio, porque Martina, al ser hija única, traía amigas a casa; nos íbamos de vacaciones con su mejor amiga, Florencia, que era parte de Martina».
«Le decía papá, llevame a tal lado; papá, acompañame a comprar ropa; papá, ¿me queda bien esto?; era el vínculo con el padre así; uno piensa que lo más lógico es que los hijos entierren a los padres y bueno, tuvimos la desgracia de que nosotros la vimos partir a ella; nos quedaron las amigas, que nos siguen acompañando, nos siguen visitando; su mejor amiga estuvo en ese momento, aquel 14 de febrero; Martina estaba con su novio; yo hablé con ella un ratito antes, me dijo pasamos por lo de Franco y después el me acompaña a casa; le contesté que me llamara al llegar».
«Quien me llamó fue Franco, para decirme que un Corsa gris cuatro puertas la había atropellado; ahí quedó la historia de nosotros; seguimos viviendo, pero el sueño que habíamos tenido en un principio terminó ahí, con ella en el asfalto de Scalabrini Ortiz y Vera; la que tuvimos con ella fue la historia más corta, pero la más linda e intensa; no sé qué decir de todo esto; uno puede pensar como madre era la mejor hija, era la mejor amiga; lo voy a resumir en que era una adolescente como tantas, como la que está en tu casa, como tu sobrina, como tu hija, tu nieta; era una chica más, con ganas de seguir viviendo y no pudo; era la amiguera más grande; sus amigas siempre la recuerdan como la de la sonrisa más linda; creo que Martina es eso, la sonrisa eterna».
Una pareja de colibrís en una pared del Patio John Malcolm.
«Siempre digo que sin Oscar no hubiera podido seguir de pie; es el que apuntaló; nosotros en Buenos Aires estamos solos, nuestras familias siguen viviendo en Mendoza; cada tanto viajamos o ellos vienen, pero el fue el que se tuvo que arremangar y hacerme salir adelante; vuelvo a hablar de Martu, creo que ella también ayudó en ese tiempo, dando fuerza a su papá para que siguiera de pie; ahora con lo que yo hago y sigo haciendo [como ciudadana solidaria o comprometida] el sigue detrás; creo que cuando lo conocí a través del vidrio de un colectivo que pasaba por donde el jugaba al fútbol no me equivoqué; creo que es un tipazo, un gran hombre; y eso que la vida lo golpeó de la peor manera; sigue de pie, sigue acá, sigue teniendo sueños».
«Integro la Asociación Civil Madres del Dolor gracias a Viviam Perrone; cuando pasó lo de Martina, obviamente estaba en shock; uno no sabe qué hacer, a quién llamar; cuando me dijeron que tenía que ir a la morgue a reconocer a mi hija, yo dije para qué, si ya la vi y sé que era ella la que estaba muerta sobre el asfalto; son esos pasos que uno tiene que ir aprendiendo; buscar abogado, hacer marchas; en nuestro caso quien la mató huyó en contramano por la Avenida Corrientes».
«Todos te dicen tenés que hacer, tenés que hacer; uno responde no quiero hacer nada, quiero irme con Martina y no puedo; una amiga llamó a la Asociación Civil Madres del Dolor, como hacen tantas familias hasta el día de hoy; ahora la que está del otro lado del teléfono soy yo, junto a las demás integrantes; una vez me tocó comunicarme y esperar si alguien me respondía; ahora yo soy la que trata de consolar y guiar a los familiares acerca de los pasos que tienen que dar; se hizo una marcha para buscar testigos, vinieron Viviam e Isabel Yaconis; hubo mucha, mucha gente del barrio; no esperábamos que se sumaran tantos».
Silvia junto al retrato alado de Martina y el lema: «Trascender es seguir viviendo».
«Fue la única marcha, porque en ese momento se supo dónde estaba quien mató a Martina; ya no hacían falta testigos ni cámaras ni nada; obviamente, yo no quería salir de casa; al revés de Oscar, que no quería estar en nuestro hogar; los dos buscamos una tabla de la que agarrarnos para no hundirnos; a mi marido le dolía ver el lugar donde nuestra hija había pasado 16 años y yo, por mi parte, no quería abandonar ese ámbito; como consecuencia, al principio fue Oscar el que más acompañó a Viviam y las madres, el que más se involucró; un día fui con el a la Asociación y Viviam me dijo por qué no te sumás, estoy sola con el tema vial».
«Lo primero que hice fue reírme; cuando llegué a casa dije qué voy a sumar yo en la Asociación, si no sé nada; ni siquiera tuve un juicio, nunca estuve delante de un tribunal; no distinguía homicidio doloso de culposo, no sabía nada; al matarse quien le quitó la vida a Martu, no pude llegar a todo eso; qué puedo sumar si los familiares llaman para preguntar qué hacer; después pensé lo que puedo aportar es hablar de lo que me pasó; me di cuenta de que estoy graduada por la vida a través del cachetazo que nos dio; no tengo una maestría que me habilite para lo que digo y hago, sino que actúo desde el dolor, que me enseñó a abrazar distinto».
«Dije puedo sumar eso, hablar con el familiar sin mentiras; decirle es un camino de ida, no hay retorno, no se vuelve; vas a sufrir esto, no se pasa mañana, no podés dar vuelta la página para que todo vuelva a ser como antes; tenes que aprender a vivir con esto, decidir cómo acomodás las cosas; como hacés con los utiles escolares en el primer día de clase; al principio pesan mucho, con el correr de los días analizás qué dejar en tu casa, cómo acomodar la mochila para que pese menos; aunque el dolor va a seguir estando ahí; además, uno aprende a abrazar distinto».
«En el primer momento algunos se acercaban y me decían yo en tu lugar estaría muerta; yo les contestaba lo quisiera, pero no puedo; también se me venía el pensamiento qué egoísta que soy, porque sigo viva, estoy haciendo algo mal; otros se acercaban y me decían no entiendo cómo podés estar de pie; quién dice que estoy de pie, lo que se ve no es lo que pasa dentro de uno».
El castillo tobogán del Patio John Malcolm.
«Pensé esto es lo que puedo sumar, decirle a esa mamá que entró a la peor condena que te pudo dar la vida, haber perdido un ser querido; decidí sumarme; con Viviam fui aprendiendo un montón, creo que todo lo que hago lo aprendí de ella y las demás mamás: Marta [Canillas, mamá de Juan Manuel], Silvia [Irigaray, de Maximiliano Tasca], Elsita [Gómez, de Daniel Sosa], Elvira [Torres, de Cristian Gómez], Isabel [Yaconis, de Lucila] y Norita [Iglesias, de Marcela], que perdió también a su única hija, que habla con esa dulzura, que cuenta anécdotas de Marcelita; uno encuentra similitudes con Martu»
«Todos nuestros hijos tienen semejanzas, estamos hablando de personas que nos dejaron un gran aprendizaje; Marta con su amor y entereza siempre dice cosas lindas: vos vas a poder, vos sos importante, tu palabra suma; Isabel, que cuenta sobre Lucila, que tenía casi la misma edad que Martu, una 15 y la otra 16; a veces llama para contar cosas que a uno lo abstraen de su contexto; Silvia también tiene una enorme dulzura, tiene chispa, siempre con una sonrisa, un abrazo, hasta una masita; Viviam enseña con lo que vivió; no se guarda cosas, entonces uno va aprendiendo; Viviam es la que me abrió la puerta de la Asociación, las otras madres me recibieron con todo el amor».
«Con Viviam empezamos a dar charlas a los infractores con alcoholemia positiva en la Ciudad de Buenos Aires; frente a ellos uno se para distinto; les dice pensar que por gente como ustedes yo estoy acá en este lugar, gente que pensó que si tomaba o pisaba el acelerador no pasaba nada; mírenme a mí recordando a Martu en una plaza o llevándole flores a un cementerio o escribiendo su nombre en una estrella; que también colocamos nosotros, que gestionamos con los municipios para ser colocadas cuando un ser querido pierde la vida en un hecho vial».
«Además, damos charlas en colegios, donde intentamos transmitirles a los jóvenes que les importe la vida, que se cuiden, porque papá y mamá van a estar en casa esperándolos; para evitar que les pase lo que les pasó a nuestros hijos, a Kevin, a Martina; los nombro a ellos dos porque son víctimas viales; la Asociación tiene hijos que han perdido la vida de distintas maneras; por otra parte, con Viviam vamos cuando nos invitan a distintos lugares; [recientemente] estuvimos en un congreso en Bahía Blanca y otro en San Juan».
Una pareja de elefantes y otra de flamencos en un muro del Patio John Malcolm.
«Si lo que hacemos sirve para salvar una sola vida, es importante, es un montón; siempre repetimos que [la violencia vial] es una de las principales causas de muerte, pero seguimos sin hacer todo lo que deberíamos; el Estado continúa ausente; todavía somos los familiares, los afectados, los que golpeamos las puertas para proponer: hagamos tal cosa, cambiemos esta ley, incorporemos aquella modalidad; vamos a dar charlas sin poseer el conocimiento, más que el de la vida misma, la pérdida, el dolor; nosotras nos sumamos; desde el momento en que acepté la invitación de Viviam, asumí una responsabilidad, diciendo mi única bandera es Martina; para que no pase, para la trascendencia de ella».
«La muerte de Martina y de tantos no tiene que ser en vano; su paso breve por esta vida debe servir para un aprendizaje; hace poco fui invitada a una exposición en YPF; a veces pienso que nadie me conoce; pero los directivos que me convocaron para hablar me habían escuchado en algún momento; se habrán dado cuenta de que hablo mucho; eso me hace bien, porque me permite mantenerme de pie; me da un motivo para levantarme todos los días».
«Cuando se coloca una estrella, el familiar nos llama, nos agradece; uno dice la pucha, es un cartel para recordar que alguien murió y me agradecen de esta forma; qué pasaría si los que tienen la posibilidad de parar esta calamidad hicieran un poquito, se involucraran, cambiaran leyes; me refiero al Estado; nosotros con la colocación de una estrella, algo tan pequeño, le robamos una sonrisa a ese familiar que necesita un lugar adonde llevar una flor, que no sea un cementerio; por eso nos seguimos involucrando, seguimos pensando que vale la pena; porque salvar una sola vida es un montón».