Eduardo Iglesias: «Pedimos la mayor rigurosidad a favor de Marcela»
8/2/2026
por Lucio Casarini
El crimen de su hija aguarda un veredicto de la Corte Interamericana. La niña tenía seis años cuando fue muerta por una escultura expuesta ilegalmente en el Parque 3 de Febrero de la Ciudad de Buenos Aires. El audio de esta nota registra la voz del padre en el sitio del horror al cumplirse tres décadas de impunidad.
«Sentí mucha impotencia cuando nos cerraron las puertas», evoca Eduardo Iglesias el fallo de la Corte Suprema de la Nación, difundido en 2007; «a mi señora le digo y ahora qué hacemos; por suerte la familia era mucho más grande; los mayores ya no están, por razones obvias; pero siempre han querido que nosotros prosigamos pidiendo justicia y a mí me dio ese impulso para que no perezca ahí; seis votos contra uno era implacable; que la causa prescribiera y caer dentro de la ley 25.990, con la cual tampoco nosotros teníamos nada que ver, era para salvar delitos anteriores de corrupción».
La sombra del jacarandá plantado en honor de su hija lo resguarda del sol del mediodía veraniego que calienta los adoquines de cemento. El hombre habla junto a su mujer Nora, la mamá de la niña que el 5 de febrero de 1996 fue aplastada por una escultura expuesta ilegalmente en el lugar. Rodea al matrimonio un grupo nutrido que incluye a familiares, amigos, el sacerdote Juan Carlos Martínez e integrantes de dos entidades civiles destacadas, los Amigos del Lago de Palermo y las Madres del Dolor. Producto de una ley porteña, el área lleva el nombre de la víctima: Paseo Marcela Brenda Iglesias.
Nora y Eduardo Iglesias con los demás presentes en el 30 aniversario.
Nora y Eduardo con otras Madres del Dolor en el 30 aniversario.
«Quería cerrar agradeciéndoles a todos la presencia», inicia el audio de esta crónica; «como dijo Nora al principio, hubiéramos deseado que la justicia se haga dentro de nuestro país; por intereses políticos, empresariales y de distinto orden, no hemos podido alcanzarla; tuvimos que irnos a la Corte Interamericana; ahí vieron que se vulneraron los derechos de Marcela y nosotros, porque se supone que cuando los padres son mayores, por lo menos, los hijos los tienen que ayudar; no es nuestro caso; al encontrar eso, a pesar de que la causa prescribió, no por culpa nuestra, por acción del tiempo…».
«Porque, encima, cada vez que había [la posibilidad de realizar] un juicio, se levantaba; era muy sospechoso ya lo que hacía la jueza Nocetti de Angeleri; esto mismo que estoy diciendo ahora declaré en la Corte Interamericana», recuerda Eduardo la audiencia pública histórica que compartió con su esposa el 20 de agosto de 2025 en la ciudad de San José de Costa Rica; «a mí me avergüenza mucho que hayan cerrado la causa y que una persona sea insustancial y carente de trascendencia», menciona la fórmula legal aplicada por el máximo tribunal argentino para dictar la prescripción del sumario.
Los padres de Marcela junto a una pancarta expuesta en el 30 aniversario.
Los padres de Marcela con un grupo de familiares en el 30 aniversario.
«A mi saber y entender, nadie [merece ese trato]; como si fuera nada, peor que un perro; eso a mí me molestó mucho; entonces, [fue oportuno] haber aprovechado ese recinto para que el nombre de ella resonara en el extranjero», agrega sobre la cita en Costa Rica, que contó con Alberto Julio Baños, entonces subsecretario de Derechos Humanos, como voz del Estado argentino; «es un caso más que tiene esa Corte para resolver; casi ningún sumario, acá hay abogados presentes, llega a la instancia interamericana; normalmente perecen como mucho en la Corte Suprema de la Nación».
Un prendedor y una imán repartidos por los padres de Marcela en el 30 aniversario.
«El hecho de Marcela fue una tragedia, no un accidente; porque se podía evitar; en un paseo público; en ese momento estaban las terrazas, veredas y senderos [el sector bautizado Paseo Marcela Brenda Iglesias]; ahora, como dijo Osvaldo [Guerrica Echevarría, arquitecto y presidente de los Amigos del Lago de Palermo] está en otra situación este lugar», señala la usurpación flagrante perpetrada por los numerosos emprendimientos comerciales que configuran el llamado Polo Gastronómico Arcos del Rosedal, predio que atrae turismo extranjero; «que ya eso a nosotros nos supera».
Panorámica del homenaje realizado con motivo del 30 aniversario.
Los padres de Marcela junto a la placa colocada al pie del jacarandá en honor de la niña.
«Pero por lo menos nosotros, nuestra parte, hablo también en nombre de Nora y todos los que nos conocen, nosotros no quisimos quedarnos ahí; entonces, como vimos el espacio para proseguir, fuimos a la Corte Interamericana y bueno, tratamos de contestar todas las preguntas que nos hizo cada uno [de los magistrados del foro continental], poniendo nuestro punto de vista de la injusticia que se cometió; eso quería recalcar, porque no podían creer que en la Argentina había 117 apelaciones y recusaciones», destaca la cantidad escandalosa de obstáculos interpuestos al expediente.
«La misma pregunta que le hacen a Nora, me la habían formulado a mí», continúa el papá de Marcela; «después, como que la gente se sorprendió; por lo menos, ver la cara de los jueces; señor Eduardo o señor Iglesias, porque son muy educados; como que era una barbaridad y después se enteraron, en ese momento, de que el Estado se había declarado culpable; le preguntaron a mi señora usted sabía que el Estado se había declarado culpable; aaaa, me entero ahora; eso también está por verse, después observaremos en el fallo, cuando llegue; esperemos que sea lo más breve [pronto] posible».
Tiene la palabra el padre Juan Carlos Martínez, sacerdote católico amigo de los Iglesias.
Tiene la palabra Osvaldo Guerrica Echevarría, presidente de los Amigos del Lago de Palermo.
«Que sancionen al Estado por todos estos años que no hubo justicia; porque estamos hablando de 30 años; yo cambié hasta el escudo [un prendedor circular con la foto de Marcela]; el último escudo era de los 20 años; quisimos hacer algo más perdurable; un poco hablando de todo y redondeando la idea, para que quede expresado en la continuidad del tema y ver finalizado un poco este ciclo; tener que venir a este lugar que para muchos es un paseo hermoso; claro, la persona que no conoce el detalle se divierte; llega con niños y juegan; pero para uno es duro tener que venir acá».
«Por eso, uno pide la mayor rigurosidad en cuanto al fallo y que a nosotros también nos resarzan como corresponde, tanto lo psicológico como lo material», resume Eduardo una lucha notoriamente prolongada y compleja con múltiples aspectos; uno es el económico o financiero, que ha implicado enormes dificultades para él y su esposa, simples jubilados; «todas esas demandas fueron formuladas ahí, no estoy diciendo otra cosa que lo que declaré en el cuestionario que nos presentaron; bueno, muchas gracias de nuevo por acompañarnos; ahora colocamos unas flores y terminamos el acto».