«Los restos de nuestra hija Cecilia están enterrados en una fosa común»

1°/5/2026

Susana y Daniel, los padres de Cecilia Gisela Basaldúa, denuncian una nueva vejación a seis años del crimen impune de la mochilera porteña, perpetrado en la localidad de Capilla del Monte, Córdoba. El matrimonio visitó la parcela donde supuestamente se encuentran los restos, en el Cementerio San Vicente de la capital provincial.

«Hay tres cuerpos en este mismo espacio», explica de pie el funcionario de estatura elevada, cabello castaño y barba entrecana, con gesto compungido y varias carillas de papel en la mano derecha. «Municipalidad de Córdoba», puede distinguirse la inscripción diminuta que decora su campera de nylon azul; la frase se encuentra cosida en el lugar del corazón. «Acá, en observaciones, aparecen indicados los fallecidos y dónde están», señala el hombre la primera página; «Becerra, Silvia Raquel, en la parte de arriba; en la del medio, Cecilia Gisela Basaldúa; y en la de abajo, Arce, Eduardo Jaime».

Es la mañana fresca del 25 de abril, sexto aniversario del hallazgo del cadáver de la mochilera y escritora en un predio rural de Capilla del Monte. El cielo permanece encapotado y en breve comenzará a lloviznar. Las palabras del agente comunal, cuyo nombre ha sido inaccesible para el autor de esta crónica, se dirigen a Susana y Daniel, los padres de la víctima, que lo escuchan escoltados por una veintena de ciudadanas solidarias. El grupo se apiña en medio del Cementerio San Vicente de la ciudad de Córdoba. El parque se extiende sembrado de cruces, edificaciones funerarias, árboles y matas floridas.

«Para identificar el cuerpo tienen que exhumar dos, también el de arriba», detalla el sujeto de chaqueta oficial el mecanismo previsto para verificar si el occiso aludido corresponde efectivamente a Cecilia; «es un tema de la Justicia», responde acerca del procedimiento; «generalmente, las que ellos traen en estos casos son personas no reconocidas», esclarece, «que no han sido retiradas de la morgue», continúa; «en esta ocasión tenemos la identidad de las tres», contrapone; «en la mayoría de los casos, no suelen incluir acreditación; directamente, aparecen como NN, no están reconocidas».

Los padres de Cecilia Basaldúa y algunas allegadas dialogan con el empleado municipal junto a la fosa común.

Los padres de Cecilia Basaldúa y algunas allegadas dialogan con el empleado municipal junto a la fosa común.

Los esposos han recorrido 700 kilómetros desde el barrio porteño de Núñez, donde viven, en su camioneta particular. Horas después de la visita al Cementerio, seguirán otros 100 hasta la localidad donde ocurrió el asesinato para liderar una serie de iniciativas coordinadas por el Movimiento Plurinacional de Mujeres de Capilla del Monte. El 27 de abril viajarán 40 kilómetros más hasta los Tribunales de Cruz del Eje para hablar con Sabrina Luciana Ardiles, fiscal del caso, junto a Daniela Pavón, Gerardo Battistón (abogados de los Basaldúa) y Gabriela Estelle (psicóloga del Polo de la Mujer local).

La foto principal de esta nota muestra al matrimonio parado junto al montículo de tierra que cubriría los restos, cuya superficie ha sido removida en las últimas horas. Su hija estaría en medio, como en un sánguche de ataúdes. Los ladean compañeras de lucha y un malvón enorme de flores rosadas. De fondo, entre cruces de cemento, hay una presencia inquietante. A un tiro de piedra se divisa un Peugeot 208 blanco y azul de la Guardia Urbana Municipal. La trompa apunta hacia los Basaldúa. Fuera de la toma se encuentran esparcidos uniformados de a pie que, a la distancia, miran o vigilan en igual dirección.

Los padres de Cecilia Basaldúa durante la conferencia de prensa en la entrada del Cementerio San Vicente; están Claudia Martínez, secretaria de la Mujer de Córdoba, y Daniela Pavón, abogada del matrimonio.

Los padres de Cecilia Basaldúa junto a sus allegados en la entrada del Cementerio San Vicente.

«Nos encontramos con dos cuerpos más, es una fosa común», denunciará Alberto Daniel Basaldúa minutos después, durante una conferencia cubierta de paraguas en la rotonda de entrada del cementerio; su pelo y barba blancos lo caracterizan; se han sumado Daniela Pavón, Giselle Videla (abogadas de la familia) y Claudia Martínez (secretaria de la Mujer de la provincia); «ellos conocían quién era Cecilia», sigue el papá; «para mí es una provocación», dilucida; «yo desde el principio pedía una ampliación de autopsia», recuerda; «creo que dijeron: este loco quiere hacer algo que nos va a perjudicar».

Los padres de Cecilia Basaldúa y sus allegadas en el Memorial de los Desaparecidos, Cementerio San Vicente.

Los padres de Cecilia Basaldúa en el Memorial de los Desaparecidos, Cementerio San Vicente.

«Es inhumano lo que hicieron», protestará Susana Reyes, la mamá de la víctima, junto al marido; luce cabello castaño corto y anteojos de sol; «es inhumano», repetirá; «hay dos cuerpos más; ni siquiera una cruz pusieron», se indigna; «mientras la Justicia no actúe como corresponde, esto va a seguir pasando», lamenta; «solicitamos un examen de ADN para corroborar que sea el cuerpo de Cecilia», anuncia respecto del estudio que, según les informaron, realizará el célebre Equipo Argentino de Antropología Forense; «porque con tanta mentira no sabemos si la que está ahí es Cecilia», explica; «es una incógnita».

Aviso difundido por el Gobierno de Córdoba.

«Ellos dispusieron sin ningún tipo de autorización de la familia», destacará Daniela Pavón sobre el manejo de los despojos de la mochilera porteña, que se encuentran técnicamente desaparecidos desde 2021; se trata de declaraciones que la abogada realizará en charla con Quique Pessoa, conductor de El Desconcierto, espacio periodístico cordobés; «creo que manejarse de esta manera también es un acto de encubrimiento», señalará la representante de la querella; «qué se quiere tapar acá, no lo sabemos», reconoce; «pero actuar así con las víctimas que quedan, la familia de Cecilia, la verdad es que es aberrante».

Los papás de Cecilia Basaldúa junto a sus abogados Daniela Pavón y Gerardo Battistón, Tribunales de Cruz del Eje, 27 de abril.

Los Basaldúa vislumbran una trama judicial, policial y narco. Señalan a Mario Gabriel Mainardi, supuesto expolicía y vendedor de droga (lo consideran principal sospechoso); Viviana Juárez, colega del segundo rubro; Ramón Ubaldino López, cabo; Ariel Daniel Zárate, uniformado hoy cesante (condenado por violencia de género); y otros. La mochilera, sin chance de ir al camping, clausurado por la pandemia, quedó a la deriva, al igual que muchos otros turistas. Al cabo de dos semanas y pico de cuarentena, el 5 de abril de 2020, desaparecerá. Su cadáver será descubierto 20 días después con signos de violencia.

Los padres de Cecilia Basaldúa y sus allegadas junto a la fosa común; Graciela Olmos, vecina de Capilla del Monte, aparece junto a Daniela Pavón, abogada de la familia.

«El cuerpo de Cecilia está desaparecido hasta que se haga el ADN», esclarecerá Giselle Videla; sus palabras serán recogidas por la reportera Bernardina Rosini, de la página Lavaca.org; «desde el punto de vista humano, es una crueldad manifiesta y sistemática que se viene dando para con estos padres», escruta la peregrinación perseverante y desgarradora de Susana y Daniel en busca de memoria, verdad y justicia; «sigue siendo un ninguneo y un manoseo de una situación tan dolorosa, como es la de perder a una hija», recrimina, «y a seis años que no haya ni una persona imputada en relación al hecho en sí».

Los padres de Cecilia Basaldúa y sus allegadas junto a la fosa común.

La fiscal Ardiles está en el cargo desde 2025. La precedieron Néstor Oscar Lingua (2024-2025), Raymundo Barrera (2023), Sergio Cuello (actuó en el juicio de 2022, considerado un escándalo) y Paula Kelm (2020-2021). Esta se ha desempeñado de manera controvertida en distintos expedientes que vinculan a policías con hechos escabrosos. Según los Basaldúa, desvió la investigación hacia Lucas Bustos, perejil del caso, único sentado en el banquillo durante el proceso de 2022. Sin pruebas que lo incriminaran, el muchacho, un peón de albañil de 23 años en el momento del hecho, quedó absuelto.

Los padres de Cecilia Basaldúa en la antigua estación ferroviaria de Capilla del Monte, actual Secretaría de Turismo, horas después de visitar la fosa común.

«Efectúan un cotejo de ADN para futuros [requerimientos], porque están judicializados», continúa el empleado municipal de estatura elevada, cabello castaño y barba entrecana, parado junto a la virtual fosa común; una de las circunstantes lo ha interrogado acerca de la toma de muestras genéticas; «se supone, es una obviedad», ratifica; «se hace muy habitualmente», vuelve a confirmar; «nosotros poseemos miles de fosas en estas condiciones», asombra; «cuando nos llega una orden judicial de extraer pruebas para hacer el examen de ADN, que tampoco lo hacemos nosotros, es todo supervisado por la Justicia».

Antes de acercarse a la aparente sepultura de su hija, Daniel y Susana visitaron el Memorial de los Desaparecidos, que conserva restos de 86 inhumados colectiva y clandestinamente en esta necrópolis durante la última dictadura. Un número todavía mayor de despojos permanece anónimo. La labor de identificación está a cargo del mencionado Equipo Argentino de Antropología Forense. Hace solo un mes que sus expertos reconocieron a 12 personas enterradas en condiciones igual de tremebundas en La Perla, el peor centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la provincia de Córdoba.

Los padres de Cecilia Basaldúa con Gabriela Estelle, del Polo de la Mujer de Cruz del Eje, en los Tribunales de esta ciudad, 27 de abril.

«A nosotros nos sorprende», aduce el funcionario respecto del cuerpo de Cecilia; «nos avisaron ayer de este caso, estamos sorprendidos», redunda; «¿en ningún momento les avisaron nada?», le pregunta a Daniel. «Jamás», responde el papá. «¿Ninguna notificación?», insiste el sujeto. «No», reitera Basaldúa; «lo llevábamos a Buenos Aires, para esta guachada que hicieron», plantea. «Exacto», asiente el empleado municipal; «es lo lógico», agrega. «No es tu culpa», lo tranquiliza Daniel. «Lo siento muchísimo», se duele el sujeto. «Vos sos un trabajador», lo dispensa otra vez el progenitor de Cecilia.

«Le vuelvo a repetir, no es para nada normal», acentúa el representante de la comuna y confirma que se trata de una vejación. Las circunstancias descriptas corresponden a una tropelía que, para expresarlo sin eufemismos, viola de manera flagrante principios que amparan derechos básicos, fundamentales o humanos. «Generalmente», retoma el hombre de campera oficial, «los restos que nosotros depositamos en esta condición, la familia, directamente… ; o no tienen familia; entonces, están un período prudente en la morgue judicial; el tiempo que ellos dictaminan; luego necesitan una ordenanza».

Los padres de Cecilia Basaldúa frente a la Comisaría de Capilla del Monte, horas después de visitar la fosa común.

Los padres de Cecilia Basaldúa marchando por Capilla del Monte, horas después de visitar la fosa común.

«Nosotros no tenemos datos personales», replica el agente estatal a una de las ciudadanas solidarias que acompañan al matrimonio Basaldúa; «solamente nombre y fecha de inhumación», precisa, mientras en torno vuelan pájaros que con su canto desengualichan el ambiente. Una especie de prodigio en el marco lúgubre, hasta tenebroso, que rodea la conversación. «Eso no lo poseemos», reitera el sujeto interrogado otra vez acerca de la información particular de los difuntos; «sí podemos encontrar en las actas de defunción que traen, pero el sistema no emite ningún dato personal; solamente el nombre».

«Esta es la médica que los trajo», contesta acerca de Elina Moretta, forense que figura en la planilla, cuya mención ha sido detectada por otra de las que escoltan a los papás de Cecilia; «son empleados judiciales, ellos firman», acota el hombre sobre la doctora; «sí, sí», replica cuando Daniel le pide las hojas impresas, que pueden constituir un documento de utilidad para el sumario; «en su tiempo, la Policía Judicial hacía todo este circuito con sus ambulancias, pero en estos años ellos se comunican con el Servicio Funerario Municipal, que lo busca [el cadáver]; pero siempre viene un empleado del Poder Judicial».

Luego de despedirse con gentileza de Susana y Daniel, que le agradecen su intervención, el portavoz de la Municipalidad de Córdoba se pierde por un sendero que atraviesa el parque sembrado de cruces, edificaciones funerarias, árboles y matas floridas. Los padres de Cecilia contemplan azorados el montículo de tierra, cuya superficie ha sido removida en las últimas horas. Debajo se encontraría el cuerpo de su hija en medio de otros dos restos humanos. Como en un sánguche de ataúdes. Quienes los acompañan, mientras tanto, comienzan a cubrir el sector con ramos multicolores y retratos de su hija.