Silvia Fredes: «Es la mejor manera de trascender que puede tener Martina»
16/2/2026
por Lucio Casarini
La única hija de ella y su esposo Oscar Miranda contaba 16 años cuando el 14 de febrero de 2016, Día de los Enamorados, fue atropellada fatalmente en el barrio porteño de Villa Crespo por un automovilista que dos días después decidió suicidarse. Los padres lideraron varios homenajes colectivos al cumplirse una década del drama.
«Nos resta seguir en su nombre contándole a quien quiera oír quién era ella», reflexiona Silvia Andrea Fredes recordando a su hija Martina Camila Miranda, «porque, como se dice, solo muere quien se olvida y mientras nosotros estemos acá, su paso tan corto no pasará en vano; somos la voz que ese 14 de febrero del 2016 se enmudeció, somos el recuerdo viviente de que el amor va más allá de esta vida, que lo eterno existe, que el ‘te amo’ que nos dijimos esa última noche sin saber que sería la última, nunca desiste. El amor que tenemos por vos, Martu, no se termina, no se debilita. Será eterno.»
Estas palabras conmovedoras integran una carta publicada en la sección Lectores de Clarín el día posterior al décimo aniversario del hecho vial que se llevó la vida de la adolescente. La esquela se titula: ‘Sin mi hija Martu, vivimos una realidad que desgarra’. La chica de 16 años cruzaba correctamente a pie la avenida Scalabrini Ortiz en la intersección con la calle Vera, barrio porteño de Villa Crespo, cuando fue atropellada por Damián Villanueva, de 22, al volante de un Chevrolet Corsa. El automovilista, que iba excedido de velocidad e ignoró el semáforo en rojo, se ahorcó dos días después.
Décimo aniversario en el mural Flores para Martina, Plaza John Malcolm.
Placa de cristal del décimo aniversario colocada bajo el mármol que denomina el mural Flores para Martina.
Para conmemorar la fecha, Silvia y su esposo Oscar, el papá de la víctima, lideraron una serie de homenajes colectivos. El primero fue algunos días antes, el 10 de febrero, en el conjunto mural Flores para Martina, que decora la Plaza John Malcolm, a cuadras del escenario del horror. «Trascender es seguir viviendo», se titula la placa de cristal que adhirieron a la pared ilustrada con el rostro sonriente de la extinta en medio de los de Frida Kahlo y la Madre Teresa de Calcuta. «A diez años del hecho vial en el que Martina perdió la vida», reza el letrero, «la recordamos para reafirmar que la vida vale».
Entre los que colaboraron en la colocación, a cargo del padre de Martina, estuvo la autora de la idea, Sandra Salfo, abogada del área vehicular porteña. También los que la avalaron: Pablo LaSpina, gerente de Educación Vial de la Ciudad, y Agustín Rodríguez Ponti, presidente de la Comuna 15. Además, María José LaSpina, que coordina el trabajo con víctimas. Otros presentes fueron Susana Lázzaro, mamá de Federico; Pía Pérez, mamá de Martiniano Fígoli; Mónica Pueblas, de Leticia Allo; Enrique y Cristina Schott, padres de Juan; y Juan Monges y Fausto Vázquez, del proyecto Conduciendo a Conciencia.
Cacho Miranda, el papá de la víctima, colocando la placa en el mural Flores para Martina.
Como Silvia es integrante de la Asociación Civil Madres del Dolor, se sumaron varias compañeras de esa entidad: Isabel Yaconis, que es ascendente de Lucila y ocupa el rol de presidenta; Marta Canillas, progenitora de Juan Manuel; y Nora Iglesias, mamá de Marcela, que participó acompañada por su marido Eduardo, padre de la niña. Otros miembros son Viviam Perrone, madre de Kevin Sedano; Silvia Irigaray, de Maximiliano Tasca; Elsa Gómez, de Daniel Sosa; Matías Bagnato, que perdió a su familia en un incendio provocado; y la fallecida Elvira Torres, ascendente de Cristian Gómez.
Oscar Horacio se llama el papá de Martina y lo apodan Cacho. Él y su esposa son mendocinos emigrados a la Capital Federal, donde nació su retoño. Oscar es el respaldo silencioso de su mujer, que despliega una actividad incansable como ciudadana solidaria. Uno de los símbolos de la lucha de ambos es la obra pictórica de la Plaza John Malcolm, que embellece 1600 metros cuadrados de tapiales, la superficie de una cancha de fútbol profesional. Es una genialidad de Victoria Ferreyra, fundadora del emprendimiento Pinta Argentina. Expresa vida y colores. Constituye un modelo imitado en todo el país.
Silvia y Mónica, mamá de Leticia Allo, con otros en el Parque Vial Infantil.
El 14 de febrero tuvo dos conmemoraciones, desarrolladas igualmente al aire libre. Al mediodía, Silvia Fredes asistió junto a Mónica Pueblas al Parque Vial Infantil porteño, localizado en la sede Central de Licencias, barrio de Villa Lugano. Las acompañaron Pablo LaSpina y Leonardo Ricciardi, director general del Cuerpo de Agentes de Tránsito. Para empezar hubo una clase en el aula, durante la cual la mamá de Martina narró su experiencia e invitó a tomar conciencia. «Es la mejor manera de trascender que puede tener Martina», comentó acerca de su compromiso para reducir el número de víctimas.
Silvia y Mónica, mamá de Leticia Allo, con otros en el Parque Vial Infantil.
Unos 20 mil niños de los niveles escolar y preescolar de instituciones públicas y privadas de la Ciudad asisten anualmente al predio, que intenta reproducir una calle real con sus sendas peatonales, semáforos y señalizaciones. La pista de asfalto está entre zonas parquizadas. Los zócalos que separan los diferentes sectores tienen gomas antigolpes para evitar lesionados. Hay bicicletas y tricicletas disponibles. También botiquín, matafuegos y dispensadores de agua. En paralelo, se trata de un espacio artístico alusivo, pues 33 paredes contienen murales plasmados por diferentes creadores.
Silvia durante el control de tránsito realizado en el sitio del drama de Martina.
La noche del 14 de febrero, el matrimonio Miranda participó de un puesto de control de tránsito en el mismo sitio del drama de Martina, donde hay un cartel vertical con una estrella amarilla y el nombre de la chica. Acompañada por otros parientes de víctimas, la madre se acercó a charlar animadamente con los conductores de autos y motos que eran retenidos. La actividad comenzó a las 22, coordinada por Leonardo Ricciardi y un equipo numeroso de agentes. Además, estuvieron presentes María José LaSpina y Nahir Fabiani, analista del Observatorio de Movilidad y Seguridad Vial porteña.
Silvia y otros durante el control de tránsito en el sitio del drama de Martina.
Cartel colocado en el sitio del drama, Scalabrini Ortiz y Vera, CABA.
Los operativos incluyen evaluar documentación, velocidad, consumo de sustancias prohibidas y otros aspectos. La presencia de familiares de damnificados genera un impacto clave. En esta ocasión, Viviam Perrone, Teresa Mellano, mamá de Paolo, y Mónica González, progenitora de Sergio, se sumaron a algunos que habían ido a la colocación de la placa en el mural: Susana Lázzaro, Mónica Pueblas, Cristina y Enrique Schott. Otros que volvieron a estar son Juan Monges y Fausto Vázquez. Además, se acercaron Hormen Vargas, María Clérici y Miguel Salomone, amigos entrañables del matrimonio Miranda.
El control de tránsito realizado durante el décimo aniversario en el sitio del drama de Martina.
Silvia, Oscar y otros durante el control de tránsito en el sitio del drama de Martina.
«Mientras el teclado de la computadora rechina y escribo estas líneas, y las lágrimas empañan mi rostro», continúa la carta de Silvia, con cierto estremecimiento, en los párrafos finales, «no dejo de pensar cuántas familias en este momento están atravesadas por el dolor de los hechos viales, a cuántas familias el almanaque solo en este momento les marca un día de la peor historia de sus vidas. Ese camino sin retorno que deberán transitar. Tenemos en nuestras manos poder cambiar tantas historias; cuando decimos que las muertes viales son evitables realmente sabemos que es así; si tan sólo al subirnos a un auto supiéramos lo importante que es hacerlo con responsabilidad; que el apuro, el descontrol,…»
«…la falta de empatía nos llevan a ser parte de sillas vacías, de puertas que no se volverán a abrir, de historias escritas con sangre, de vidas en pausa», concluye la mamá de Martina, haciendo un llamado de atención, en las últimas líneas. «Así seríamos prudentes al manejar. La responsabilidad al hacerlo pueden cambiar historias como la nuestra, como las de tantos. Hoy nuestra casa está limpia, la comida está hecha, nos sobra tiempo, nos falta Martina. El freno también sepamos ponerlo en nuestras vidas. Las cosas pueden esperar; nada es más importante que una charla, una risa, una anécdota de quien nos espera en casa. El tiempo no se recupera, los recuerdos y las fotos se agotan cuando ellos no están.»