Laura Roda: «¿Cuántos duelos nos falta llevar a cabo como sociedad?»
14/3/2025
por Lucio Casarini
Es antropóloga por la Universidad Nacional de Rosario e integra la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Catamarca. Se radicó en la provincia andina atraída por el proyecto del investigador Alejandro Haber. Su testimonio ahonda en asuntos acuciantes y enmarañados como el racismo, la cultura, el trauma, el colonialismo, el poder o la violencia.
«Cuando hablamos de racismo la gente se imagina a Hitler o [el maltrato que sufren] los negros; no es una cuestión de piel; cómo medís la negritud de uno en relación con otro; es relativo, es contextual; existe algo que conversamos en clase con los estudiantes; doy el ejemplo de la película Django [EEUU, 2013]; está Leonardo di Caprio, es medio conocida; me parece fuertísima la escena del esclavo pateando a otro esclavo; el racismo enmascara relaciones de poder y su seducción; porque el poder seduce; cualquiera que es seducido por una cuotita de poder lo va a aplicar sobre otro y va a poner una excusa».
Laura Roda charla sentada bajo la noche cálida y estrellada de verano en una mesa de cemento del campus de la Universidad Nacional de Catamarca. El ambiente se satura por momentos con las voces juveniles que llegan desde el contiguo gimnasio deportivo. Antropóloga por la Universidad Nacional de Rosario, la entrevistada se desempeña como académica en la Escuela de Arqueología local, a la que llegó atraída por el proyecto del investigador Alejandro Haber. Luego de la conversación, posa sonriendo con candidez en el borde en una fuente circular gris sin agua, bajo las lámparas potentes de luz eléctrica.
«Porque es más negro, porque lo ve más indio, porque habla distinto, porque se viste diferente, porque actúa de una manera que en su género no debería, no sé…; entonces ejerce ese poder de discriminación; eso es el racismo; es doloroso, es triste; es la herencia colonial que sangramos; nos discriminamos entre nosotros; el que tiene poder va a cazar [a otros]; estoy pensando en Diego [Pachao] y en otros pibes y pibas que pasan situaciones similares; es horrible; por ser joven, por ser de un barrio, por caminar así, por vestirse asá; claro que es racismo, en el sentido de sentirse con mayor poder que otros».
Volcán Incahuasi, Catamarca (Andes-vertical.com).
«Sin percibir que somos hermanos, la historia que compartimos, qué nos une; cada uno intenta alambrar el campo bajo su control y escalar en esa jerarquía; es muy triste, es tristísimo; porque sucede entre nosotros; no es Hitler en contra de…; los blancos arios en contra de los negros; como que el racismo te propone un juego visual, de colores, en el que uno se va a dar cuenta: obvio que este es racista porque discrimina al otro; no; no funciona así; eso es lo discursivo; las prácticas son complejas; es entre nosotros, es enmascarando con la cuestión de la piel la realidad de que siento que tengo más poder que el otro».
Laura centra su relato en 2012, cuando ocurrió un drama emblemático, el crimen de Diego Iván Pachao, albañil de 20 años detenido sin causa y torturado hasta la muerte por policías de la Comisaría Séptima de San Fernando del Valle de Catamarca. La mamá de la víctima, Claudia Liliana Véliz, es la voz de su hijo ante la sociedad. Un juicio realizado en 2022 confirmó la impunidad, pues condenó a tres uniformados por las agresiones, pero dejó pendiente el homicidio. El Poder Judicial ahora podría investigar a dos señalados por los testigos, pero misteriosamente excluidos del proceso oral y público.
Una descendiente diaguita de Barranca Larga, Belén, Catamarca (Ensuenos.org).
«La violencia esta súper presente en una sociedad que ha atravesado una historia colonial larga de identidades ancestrales e indígenas; lo que más me toca son los conflictos con los emprendimientos mega mineros; por supuesto que reaparece esa violencia, neocolonial la podemos llamar; siempre es por la extracción de minerales, por la explotación del territorio, a costa de los cuerpos y las vidas que allí habitan, humanos o no; creo que la cuestión de los derechos humanos, que podemos pensar como un paliativo, una forma también occidental de poner límite a la violencia, siempre se nos queda corta».
«Los años 2011 y 2012 venían muy movidos en la provincia en relación a estos conflictos socio territoriales y socio ambientales; en 2010 hubo una gran represión en la ciudad de Andalgalá por el emprendimiento en ese momento llamado Agua Rica, hoy MARA [Minera Agua Rica-Alumbrera]; eso se recuerda bastante; este mega proyecto pretende explotar un cerro sagrado, el Aconquija, un nevado; se llama así porque todo el año tiene nieve, con la reserva en términos de agua que eso implica; ahí pretende hacerse la explotación de lo que hoy se llama MARA, una mega minera metalífera a cielo abierto».
Antofagasta de la Sierra, Catamarca (Viajerosocultos.com).
«A inicios de 2012 hubo un cambio de Gobierno; veníamos de 20 años del Frente Cívico y Social; con Lucía Corpacci vuelve el peronismo, el kirchnerismo en ese momento; la presencia de la familia Saadi otra vez; se venía planteando la posibilidad de resolver el conflicto minero en términos de negociación y conversación; no fue así; apenas asumida la nueva administración hubo una gran represión en Belén, Santa María y Tinogasta; en Santa María se hizo un corte selectivo a camiones del yacimiento Bajo de la Alumbrera; con réplicas en distintos sectores de la provincia y también en La Rioja».
«Entonces a nivel local esperábamos algo diferente respecto del Gobierno [catamarqueño] anterior; un acercamiento, un diálogo; repasando ese año 2012 me planteo lo que significó en términos de identidad; ahí empieza a pregonarse fuerte el eslogan de Catamarca minera; hoy es bastante común, pero en aquel momento nos sorprendía; decíamos esto redefine nuestra identidad; Catamarca no es una provincia minera, no tiene esa historia; puede ser que regiones vecinas dentro de la historia colonial hayan tenido vínculos más asociados a esa actividad; Catamarca minera, decíamos ¿de dónde sale esto?»
«Se fue redefiniendo una identidad que tiene que ver con una cierta violencia en términos simbólicos; con imponer una identidad cultural, un modo de vida económica, de producción; en una provincia que no tiene esa historia y donde además hay una fuerte resistencia; no digo que no haya gente pro minería en Catamarca, pero por lo menos eso está altamente discutido; no es que la idea tiene mayoría o alcanza para el consenso; ese año 2012 fue álgido para los movimientos sociales, socioambientales e indígenas, dentro de lo que conozco; había que reacomodarse porque venía directamente con palos la cuestión».
«Todos estos cortes fueron levantados de manera más o menos violenta; en Tinogasta hubo gases lacrimógenos, heridos y detenidos; Santa María fue tristemente célebre porque el fiscal quiso aplicar la ley antiterrorista [Ley Nacional 26.734, de 2011] recientemente sancionada; todos pensamos se va a usar por primera vez en Catamarca; veníamos con estos niveles de violencia; todo 2012 hubo conflictos vinculados con la minería de alto voltaje para lo que es nuestra provincia, en el marco de un Gobierno que por lo menos a nivel nacional hacía bandera de que no reprimía los movimientos sociales».
Una postal de la mega minería en Catamarca (Alumbrera.com.ar).
«Siempre vuelvo a la historia antigua, lo precolombino o lo colonial; ahí hay una raíz; Catamarca ha sido una provincia de alta resistencia a la imposición colonial; las guerras calchaquíes; Juan Chelemín [el Tigre de los Andes, lideró el Gran Alzamiento Diaguita y fue ahorcado por los españoles en 1637] como héroe incluso mítico; no quiero decir que sea solo eso, pero se ha convertido en un símbolo; eso resuena como forma de pararse ante el poder colonial; luego fue torcida esa mano y se pagan las consecuencias hasta el día de hoy con un silencio largo de no poder decir la identidad ni hablar la lengua».
«Catamarca es una provincia que por lo menos hoy, lo digo así porque son procesos dinámicos, no habla las lenguas indígenas; se ha perdido el cacán [asimismo conocido como kakán, chaka, diaguita o calchaquí; se usaba en el noroeste de Argentina y Chile; en la zona también era común el quichua, idioma del Imperio Inca], aunque no desapareció; hay reservas culturales que se guardan y emergen en otro momento; es súper compleja esa dinámica; hoy a viva voz, de manera pública, no está, no se habla; a diferencia de lo que pasa en provincias vecinas; hay mucha cosa guardada que genera resentimientos».
Laura fue directora de la Escuela de Arqueología durante 2022 y 2023. Actualmente se desempeña como docente e investigadora de la misma institución y profesora de la Facultad de Humanidades. Conoció Catamarca el verano de 2002, dentro de una delegación de estudiantes rosarinos invitados a colaborar con el equipo de Haber. La experiencia se extendió un mes y medio, suficiente para dejar una huella indeleble en la susodicha, que repitió la odisea anualmente hasta que se radicó en la zona. No solo de la tierra se enamoró. Su pareja es un catamarqueño con el que compartió aquellas exploraciones.
«Catamarca y la Argentina se fundan en un genocidio de los pueblos indígenas, de nuestra identidad cultural, que ejercemos también con orgullo; pasa en sociedades que hemos padecido el trauma colonial; perdón que vuelva a esto, pero por mi profesión es la herramienta que tengo; quienes hemos sido colonia todavía estamos con ese trauma de mirar para otro lado, de pensar que hay alguien mejor y el poder está en otro lado; creo que ahí tenemos mucho trabajo todavía como sociedad; [encontrar] cómo ir haciendo… capaz podemos pensar hasta duelos ¿no? ¿cuántos nos faltan? en la historia vamos repitiendo esta cuestión».
«Hay una referencia clara a los 30.000 detenidos desaparecidos [de la última dictadura argentina] que carga nuestra historia; pero cuántas comunidades nos faltan, cuántas lenguas nos faltan, cuántas identidades no podemos nombrar; tal vez sea la de nuestra abuela o nuestra bisabuela; eso va generando un hueco considerable en términos culturales; quiénes somos; mientras estás en esa pasa que viene el poder, te perdés [mareás o confundís], pensás que sos más que el otro…; entonces, no creo en ese racismo de los colores, sino en un juego muy perverso del poder, que se acentúa con la herencia colonial».