Rodrigo Sanchís: «Soy víctima de la violación de todo tipo de derechos»
23/1/2025
por Lucio Casarini
Es productor agropecuario de El Bolsón, provincia de Río Negro. Denuncia que junto a su hijo de nueve años fue desalojado de manera ilegal de la chacra que trabajaba, 32 hectáreas sobre la Ruta Nacional 40. Sostiene que hay complicidad judicial y que la legislación vulnera a los pobladores rurales en favor de proyectos especulativos y extractivos, como los inmobiliarios y mineros.
«Ahora estoy en una casita que me prestó un amigo en El Bolsón, viendo cómo recomenzar; primero para vivir y segundo para pagar las deudas o primero para pagar las deudas y segundo para vivir; no lo sé, no sé qué va primero; en mi manera de ver primero es pagar las deudas; pero bueno, para pagar las deudas tengo que estar vivo», se resigna con un dejo de ironía; «que se vea el expediente de la comisión investigadora», recomienda respecto de la violencia que padece; se refiere al equipo de legisladores provinciales que indagó y comprobó que la tierra en disputa es, como el sostiene, una propiedad fiscal.
Rodrigo Hernán Sanchís, alias Rodro, cumplirá el próximo 10 de mayo 50 años. Hasta casi los 30 vivió en el barrio de Guadalupe Oeste, ciudad de Santa Fe, su cuna, donde trabajó como canillita, despachante de aduana, constructor y otros rebusques. La inundación de 2003 (una de las peores emergencias humanitarias de la historia argentina) sumada a otros factores lo impulsó a emigrar y en 2004 se radicó en este rincón de Río Negro. Con el tiempo se convirtió en productor agropecuario. Durante varios años crió gallinas, vacas, chanchos, patos y ovejas en una chacra que tuvo que abandonar el último invierno.
«Acá está tremendo con los incendios en Epuyén», lamenta las llamas que por estos días arrasan los bosques en aquellas latitudes; «también entre Bariloche y el Manso», agrega; «están desalojando las comunidades de la misma manera que me echaron a mí; corrieron a los habitantes de la Lof Pailako», explica, entrando en el asunto, sobre ese enclave mapuche de Chubut; «quieren hacer lo mismo con los de la Quemquemtreu», menciona un asentamiento de El Bolsón; «está complicado; pero bueno, es la historia del mundo; la pelea por el suelo; sobra tierra y nos peleamos para ver quién tiene más».
«El 31 de julio fui desalojado por la Justicia de una manera increíble», precisa acerca del conflicto que lo involucra; «estaba solicitando y viviendo en una superficie fiscal del área productiva de la provincia; 32 hectáreas sobre la Ruta Nacional 40; según la antigua ley de tierras de Río Negro las zonas de propiedad estatal son para los productores; se podía solicitar una parcela con un proyecto agropecuario; cría de animales, plantación de árboles y diferentes emprendimientos; cuidando el hábitat rural; a fines de 2023 se modificó la norma; se abrió el abanico a la megaminería, el extractivismo y el negocio inmobiliario».
«Yo estaba habitando una superficie fiscal con la vieja ley; la situación arrancó cuando le pedí por escrito a Diego Lawrie, director provincial de Tierras, el acceso a una parcela cumpliendo los requisitos; me contestó que no había áreas a disposición en Río Negro; le pregunté qué pasaría si yo encontraba, si en ese caso me la cedería; me respondió que sí; el otorgamiento es por cinco años renovable por otros cinco; después de una década de producción se puede solicitar que se asigne un valor al solar con la posibilidad de comprarlo; entonces le requerí por escrito dos lotes, uno de cinco hectáreas y otro de 32».
«Se trata de terrenos otorgados de forma ilegal a diferentes personas; las cinco hectáreas están en manos de Nicolás van Ditmar, que trabaja con la gente de Lago Escondido [la tristemente célebre estancia del inversor inglés Joe Lewis]; el sujeto ocupa el predio aunque en términos jurídicos no puede poseer áreas fiscales; las 32 hectáreas figuran a nombre de Oscar del Gaudio; hace muchos años [en 2006] el intendente de El Bolsón [Oscar Romera, alias Cacho] reclamó que este lote también había sido otorgado de manera fraudulenta; como resultado, la Legislatura de Río Negro creó una comisión investigadora».
«La comisión dictaminó que el intendente tenía razón; que Del Gaudio había obtenido el área ilegalmente [a mediados de la década del 90]; que debía indagarse al director de Tierras [en tanto tiempo pasaron varios: Daniel Tait, Jorge Belacín y Diego Lawrie] y al procurador general Jorge Crespo; que debía revisarse cómo se estableció el valor», que fue llamativamente bajo; «una de las irregularidades de Del Gaudio es que ya poseía una zona productiva, lo que le impedía solicitar lotes fiscales; otra anomalía es que hizo el pedido expresamente para construir un barrio privado, algo que desobedecía la ley».
«Le otorgaron la parcela igual y con esa finalidad, para que la fraccionara y construyera una especie de barrio privado; una montaña de irregularidades; todo esto pudo ser establecido por la comisión investigadora», continúa el entrevistado; «cuando realicé mi pedido, Lawrie me llamó por teléfono; me dijo que lo estaba metiendo en un problema; le dije que ya había presentado la nota, que su deber era responder por escrito, que el problema era de el, por otorgar tierras a quienes no corresponde, y que su función era cederlas a personas que las trabajen; entonces me ofrecieron ingresar a las 32 hectáreas como cuidador».
En este punto entra en escena un personaje crucial. Enrique Omar Zúñigas, empleado público del Plan Calor, programa que facilita leña y garrafas de gas a familias humildes. Como titular de un comodato trucho otorgado por Del Gaudio, propuso a Rodrigo otro comodato trucho que convertía al santafecino en cuidador de las 32 hectáreas. Este aceptó consciente de que habitar y trabajar un lote es el primer escalón para adquirirlo. Se mudó con Genaro, su hijo de cinco años en ese entonces. Corría 2020. Hasta el desalojo se sucederá una infinidad de incidentes, amenazas, agresiones, denuncias e instancias judiciales.
El ping pong verbal con Zúñigas se puso intenso. «Le dije que el comodato no tenía validez, que el era un corrupto y un explotador; tiene a los empleados como esclavos; algunos que viven en el predio cobran pensión por discapacidad; gente que realmente tiene dificultades de salud; varios ni siquiera saben leer y escribir; los usa para que corten leña y manejen camiones; cómo conducen un vehículo de carga, cómo aprobaron un examen psicofísico y cómo obtuvieron el carnet de conducir; parte de esa madera es extraída asimismo de forma ilegal; hice presentaciones de todo esto que detallo en la Fiscalía de El Bolsón».
En cierto momento intervino un mediador judicial. «Hubo una mediación sin acuerdo; esto lo habilitó [a Zúñigas] a iniciar un juicio de desalojo; Paola Bernardini, jueza de El Bolsón, aprobó el proceso; es una vergüenza; el no tiene manera de probar que posee el predio; nadie puede dar en comodato algo que nunca le perteneció; cuando me llegó la citación para el juicio tuve que aceptar un defensor oficial, del Estado; charlando con el profesional le dije cómo me podía representar si llegado el momento el iba a tener que atacar a su jefe, el procurador general, Jorge Crespo, cuya corrupción yo estaba demostrando».
Mientras evolucionaba el andarivel tribunalicio, aumentaba el nivel de violencia. Con el niño en el medio. El testimoniante relata amenazas de muerte, agresiones físicas sobre el y sus animales, y el robo de diferentes bienes, por ejemplo garrafas y una motosierra. «Realicé todas las denuncias en la Comisaría; el fiscal [Francisco Aníbal] Arrien no hizo nada, es cómplice absoluto de las chanchadas que llevan a cabo en las tierras de la provincia; el negociado inmobiliario que hay; los desalojos de tomas hechas por gente [particular] o por comunidades [mapuches]; archiva todo y defiende al poder económico».
Bernardini falló contra el chacarero y le anunció que enviaría la fuerza pública. «Ingresaron un montón de policías para sacarme de las 32 hectáreas; violaron la puerta; violaron los derechos del niño; se trata de una violación de todo tipo de derechos por parte de quienes tienen que hacer cumplir la ley; trabajan para el poder económico con total corrupción; no sabría decir si los aprietan solo económicamente o hay otro tipo de amenazas; como me agredieron a mí tranquilamente pueden amedrentar a un juez o un fiscal; pero bueno, es su trabajo; si no pueden hacerlo por presiones o lo que sea, que renuncien».
«Son todos cómplices del no acceso a la tierra para los productores agropecuarios, los pueblos originarios, los seres humanos; nos van hacinando progresivamente en barrios y edificios; terminamos alquilando casas; tampoco podemos comprar un terreno en el que hacernos una vivienda; los mismos empresarios manejan el sistema de alquiler; ante este horizonte propongo una redistribución de la tierra, dejar el consumismo; ser en vez de consumidores, prosumidores; producir algo del alimento que nos llevamos a la panza y que damos a nuestros animales; para un buen vivir, para un mejor vivir para todos».
«Se puede hilar el desalojo que padecí, la expulsión de los mapuches y la entrega de las tierras [a extranjeros]; en este momento hay una denuncia judicial presentada en Río Negro sobre el aeropuerto con muelle de Lewis que nunca estuvo [la frase es sarcástica, la pista se encuentra ubicada a 42 kilómetros de la ciudad de Sierra Grande]; ahora es del catarí que le puso la capita a Messi en el Mundial [el emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani]; se quedó con todas las nacientes de los cursos fluviales de Río Negro y con la naciente del río Chubut; tiene la compañía naviera más grande del planeta y vende agua dulce».
«De alguna manera hay que enlazar mi situación con los agronegocios, con las inversiones inmobiliarias y con la megaminería», escruta Rodrigo Sanchís con ojo de lince y mirada panorámica, trascendiendo el drama personal; «los nacidos en la Argentina no podemos acceder a la tierra», concluye examinando la peripecia relatada en su testimonio; «el suelo aparentemente es de otra gente que busca la forma de legalizar lo que está haciendo; hay que darle una unión a lo que sufrimos los productores, llamalos si querés orgánicos o naturales, con esas actividades especulativas y con la extranjerización de la tierra».