Osvaldo Guerrica Echevarría: «Es una vergüenza nacional e internacional»
8/2/2026
por Lucio Casarini
Es arquitecto y presidente de los Amigos del Lago de Palermo. Denuncia el crimen impune de Marcela Brenda Iglesias, que aguarda un veredicto de la Corte Interamericana. La niña tenía seis años cuando hace tres décadas fue muerta por una escultura expuesta ilegalmente en el Parque 3 de Febrero de la ciudad de Buenos Aires.
«Realmente es muy difícil para mí hablar en estos momentos, después de 30 años de sucedida esta tragedia en este lugar», confiesa el arquitecto Osvaldo Guerrica Echevarría, ataviado con anteojos oscuros y gorra blanca, de pie junto a Nora y Eduardo Iglesias; «Amigos del Lago de Palermo venía denunciando las irregularidades que sucedían acá, en el Paseo de la Infanta, con construcciones clandestinas y el funcionamiento ilegal de los locales desde antes que ocurriera este hecho», menciona la asociación civil de defensa del área en que ocurre la escena, de la que es cofundador y presidente.
El espacio en la actualidad, producto de una ley porteña, lleva el nombre de la víctima: Paseo Marcela Brenda Iglesias. Se trata de la niña de seis años que el 5 de febrero de 1996 fue aplastada por una escultura expuesta ilegalmente en el sitio. En torno de los mencionados hay un grupo nutrido que incluye a familiares, amigos, el sacerdote Juan Carlos Martínez e integrantes de otra entidad ciudadana, las Madres del Dolor. El homenaje se desarrolla bajo la sombra de un jacarandá plantado en honor de la fallecida, cuyo ramaje frondoso ataja el sol inclemente del mediodía veraniego.
Nora y Eduardo Iglesias con una pancarta de Marcela en el 30 aniversario.
Nora y Eduardo junto a la placa puesta al pie del jacarandá en honor de Marcela.
«El día justo de 1996 en que sucede esto, se estaba por elegir en la Ciudad de Buenos Aires el primer jefe de Gobierno», recuerda el arquitecto el contexto político singular del drama; «hasta entonces había habido intendentes designados por el Poder Ejecutivo Nacional», explica un cambio histórico en la Capital Federal; «a ese primer acto de homenaje de protesta por lo sucedido a Marcela vinieron cuatro candidados de diversos partidos y plantamos este jacarandá», precisa sobre un acontecimiento en el que estuvo Fernando de la Rúa, futuro alcalde porteño y luego mandatario argentino.
«Los políticos pasaron, el que ganó y los que siguieron, y todo continuó igual respecto de este tema; ningún funcionario, ningún jefe de Gobierno, nadie desde sucedidos los hechos hasta ahora se hizo cargo de nada, de nada». En el momento del horror, el poder político porteño estaba en manos de Jorge Domínguez y el nacional de Carlos Menem. «No solo no reconocieron la responsabilidad que tenían la entonces Municipalidad y el Gobierno Nacional por haber consentido lo que estaba permitiendo debajo de los arcos; avalaron a los funcionarios que habían sido responsables de tamaño desastre».
Los padres de Marcela con los congregados en el 30 aniversario.
Nora y Eduardo con una pancarta de Marcela en el 30 aniversario.
«Porque la escultura estaba ubicada en un lugar en que no podía», agrega Osvaldo Guerrica Echevarría; «ese es el tema por el que son responsables; sin embargo estaba; no tenían nada y todo funcionaba ilegalmente; a pesar de eso, que era como que estaba cantada la responsabilidad de la entonces Municipalidad, de lo único que se preocuparon los funcionarios fue de defender a los responsables directos de los hechos; esto se prolongó durante los sucesivos Gobiernos de la Ciudad, continuadores de la municipalidad; siguieron haciendo lo mismo; nunca les importó nada».
Un prendedor y un imán repartidos por los padres de Marcela en el 30 aniversario.
«Solamente hicieron un acto, digamos así, de solidaridad, al colocar estos carteles que recuerdan el hecho», observa en derredor; «pero hasta ahí nomás; logramos también que se pusiera el nombre de Marcela a este paseo; o sea, las veredas de los dos lados del viaducto y el arco central se denominan Paseo Marcela Iglesias desde 2006; pero, aún así, ni siquiera respetaron eso; porque todo lo que ustedes ven acá», señala instalaciones promocionadas como polo gastronómico, «todos esos artefactos colocados, no solo sobre las veredas del paseo, sino además sobre la plaza, es absolutamente ilegal».
Los padres de Marcela con un grupo de familiares en el 30 aniversario.
Los padres de Marcela con otras Madres del Dolor en el 30 aniversario.
«Esta parte es un área de protección histórica, no podría estar», describe una fracción del Parque 3 de Febrero en que, además del paseo mencionado, se encuentran la Plaza Andrés Guacurarí Artigas y la Plaza de la Shoá; la última constituye un espacio de reflexión que incluye el Monumento Nacional a la Memoria de las Víctimas del Holocausto; «esto tiene otras protecciones que hacen que sea imposible que veamos estos boliches bailables acá; tienen denuncia judicial todos estos, pero las denuncias judiciales llegan hasta ahí; hay una fiscalía actuando y no se sabe más nada».
«Bueno, esa es la situación», se resigna el titular de la Asociación Civil Amigos del Lago de Palermo, una entidad nacida en 1990 para defender este pulmón de la ciudad de depredadores estatales y privados que actúan con ambición y sin escrúpulos. El bautismo de fuego del grupo consistió en un abrazo simbólico al Lago de Regatas protagonizado por una multitud solidaria. «Incluso, agrego anecdóticamente que hay causas iniciadas por los vecinos de enfrente, que viven acá, en [la Avenida del] Libertador, por los ruidos la música hasta altas horas o toda la noche en estos boliches al aire libre».
Tiene la palabra Osvaldo Guerrica Echevarría.
Panorámica del homenaje con motivo del 30 aniversario.
«Son 30 años de bochorno, 30 años de una vergüenza nacional que se ha convertido en internacional por la intervención de la Corte de Costa Rica», menciona la instancia interamericana; «o sea que la situación es peor, es cada vez peor y no hay a la vista nada bueno; digamos, ninguna perspectiva; salvo la intervención de la Corte de Costa Rica, que puede llegar a decir que el Estado, el Gobierno Nacional o la Justicia argentina abandonaron una causa que merecía ser seguida e investigada; los funcionarios responsables en su momento ahora no sé incluso si vivirán, porque pasaron 30 años».
«Yo soy un sobreviviente, pero hay mucha gente que ya no está o no se encuentra capacitada ya como para seguir», concluye Osvaldo Guerrica Echevarría observado con emoción por los padres de Marcela Iglesias; «los admiro muchísimo a los dos por haber seguido con esta causa realmente hasta el final, hasta cuando puedan», se dirige al matrimonio; «también que todos ustedes estén acá es un gran aliciente», les habla de pronto al resto de los congregados; «pero también para que conozcan realmente cuál es esta situación; vuelvo a repetir, una vergüenza nacional y ahora internacional».