Gabriel Bermejo: «Hay que esperar la oportunidad y el momento justo»
26/8/2024
por Lucio Casarini
Como boxeador profesional, apodado Iron Boy, fue número uno argentino supermediano. Volvió al ring después de 18 años con una exhibición ante el debutante Martín Benetti en el Club Atlético Beccar, partido bonaerense de San Isidro. Estuvieron presentes dos grandes campeones y amigos: Juan Martín Coggi, el histórico Látigo, y Cristian Darío Leal, alias la Máscara.
«Es muy difícil que me autodefina como boxeador, aunque con el tiempo veo las peleas y es distinto; pero es complicado observar las cosas de adentro hacia afuera; es necesario hacerlo de afuera hacia adentro, como si uno fuera otra persona; en ese momento no tenía noción realmente; viéndome ahora, considero que era un boxeador difícil; muy entrenado, duro, fuerte; no era muy hábil que digamos; no era un Nicolino [Locche, campeón mundial welter junior, considerado uno de los mejores pugilistas defensivos que existieron]; vaya la comparación ¿no?; nadie puede ser como Nicolino».
Ricardo Gabriel Bermejo, el célebre Iron Boy, se dio el gusto a los 52 años de volver a balancearse sobre la lona con la pasión y la desfachatez de siempre. Ocurrió el 12 de julio durante una exhibición contra el debutante Martín Benetti en el Club Atlético Beccar, partido bonaerense de San Isidro. Se hicieron presentes Juan Martín Coggi, el gran Látigo, y Cristian Darío Leal, alias la Máscara. Había corrido mucha agua debajo del puente. Pasaron 18 años desde aquella noche fatídica en que el entrevistado sintió que le arrebataban el campeonato, la carrera y la ilusión por la que había apostado hasta la vida.
«Los últimos tres años de mi carrera deportiva, en los que obtuve los mejores resultados, fueron con Coggi parado en mi rincón; es el entrenador con el que más viajé y con el que mejor me entendí como boxeador; en el transcurso de ese tiempo hubo peleas ganadas y otras robadas; en mi historial fui derrotado pocas veces; de 55 duelos durante mi trayectoria, gané 52, perdí dos y empaté uno; mientras estuvo Látigo conmigo, la única derrota que sufrí fue ante Bruer, que en realidad fue trampa, por lo tanto ni siquiera se debería contar; estuve tres años sin perder; una vez empaté, que para mí fue otro afano».
«Cuando cumplí 49 años estaba muy gordo; le pasa a la mayoría de los deportistas de elite, muy pocos se mantienen en forma; llegué a pesar casi 140 kilos; a esa edad empecé a entrenar de nuevo, pero sin hacer boxeo de entrada; me era imposible por mi condición física; inicié la transformación, fui despacito; hoy estoy en 92 kilos, o sea que bajé mas de 45; a los seis meses arranqué con el boxeo; hice guanteos y un par de exhibiciones que surgieron de casualidad, no programadas; obviamente siempre con rivales muy jóvenes, que están haciendo experiencia; todo se fue dando; el cuerpo fue respondiendo».
El 9 de diciembre de 2023, de manera imprevista, mientras compartía un momento distendido, guanteó con algunos contendientes ocasionales durante una muestra realizada en Invictos Boxing Club, ateneo de un barrio obrero de Glew, partido bonaerense de Almirante Brown. La escena se repitió en una circunstancia bastante similar pocos meses después, el 10 de marzo, esta vez en una jornada de la Escuela de Boxeo Lucas Guzmán, que funciona en Centro Cultural, Deportivo y Ambiental Galpón 3, antiguo predio de la estación de ferrocarril de González Catán, partido de La Matanza.
«Nací en la ciudad de Pergamino; allá por el año 1996 me vine a boxear a Buenos Aires; peleé alrededor de diez años; me hice profesional en 2001; realicé 55 peleas; 43 de amateur, 12 en condición de profesional; estuve en la selección argentina de box desde 1998 hasta 2000; en 2001 me volví profesional, competí varias veces por la televisión, los canales Azul y TyC Sports; en 2004 tuve la suerte de combatir en el mítico Luna Park, que se reabrió, con [Omar] Narváez [campeón mundial mosca y súper mosca] de fondo; llegué a estar número uno súpermediano en 2005 y 2006; gané una pelea por el título».
«Número uno del ranking quiere decir que era el mejor de la Argentina en ese momento; no había un campeón súpermediano, que no era una categoría tan conocida; esto cambió gracias al Canelo, que es de ese escalafón y es un fenómeno mundial», menciona al mexicano Santos Saúl Álvarez Barragán, conocido por ese apelativo. El Canelo obtuvo su primer palmarés internacional en el año 2011. En el presente ostenta el título de campeón indiscutido en su peso, después de lograr la unificación de los cinturones de las numerosas entidades reconocidas (AMB, CMB, OMB, FIB y The Ring).
«Técnicamente, yo no era muy bueno, pero física y mentalmente sí; iba, iba, iba hasta que quebraba al rival; para los que quieran verme, pueden buscarme en YouTube; Gabriel Iron Boy Bermejo versus Aguilera, versus Gómez, versus Correa; los invito a entrar a mi canal; mi anteúltimo combate fue una eliminatoria por el cinturón argentino; enfrenté a quien era el número uno, [Martín] Escopeta Bruer, de Trenque Lauquen; fue a diez rounds; le gané, lo tiré dos veces; fue un peleón; un duelo muy lindo; para mí, no para el; se hizo en el Loin Rouge de Pergamino en 2005; estaba todo el pueblo; aparece en YouTube«.
«Con ese triunfo me convertí en número uno; mis posibles contendientes eran [Rubén] Acosta [alias Siru] o el Príncipe [Omar] González; iba a ser el segundo, originario de Mar del Plata; la cuestión es que había eliminado a Martín Bruer, pero he aquí que mágicamente apareció otra vez, porque el Príncipe había sido sancionado; Bruer antes enfrentó a [Gustavo Javier] Kapusi [apodado el Cirujano] en Trenque Lauquen; le ganó o le robó; dicen que el desarrollo fue muy parejo; entonces me toca por segunda vez con el mismo; esta vez por el título argentino; como le había ganado por paliza, yo no tenía problema».
«Cuando hay una pelea grande, se llama a licitación; Trenque Lauquen la obtuvo; en esa época había dos empresarios destacados, Margossián [Mario, titular de Argentina Boxing Promotions] y Rivero [Osvaldo, presidente de OR Promotions]; como ganó Margossián, se hizo en esa ciudad, con una trampa armada; esa noche fue una vergüenza para el boxeo argentino; estaba ganando yo; la pararon y le dieron el título a Bruer por nocaut técnico; fue un escándalo; cuando me bajé del ring hubo incidentes; esto pasó a fines de 2005; dos o tres meses después del primer duelo con el mismo rival».
«Conocí a Gabriel cuando entrenaba con Carlitos Martinetti y Sergio Palma», dice Juan Martín Coggi en la previa de la exhibición en el Club Atlético Beccar; «trabajamos; fue obediente, aplicado, persistente; en la pelea que nos robaron en Trenque Lauquen se armó semejante despelote; nos metimos en una pieza; introduje a todos los chicos que habíamos llevado a pelear en una habitación o un camarín; afuera se mataban a palos; vino la Policía; nos quedamos ahí para no tener problemas con nadie; no quería que saliera alguien lastimado, porque exponernos era meterle una piña a cualquiera».
«Me acuerdo de esa noche, Gabriel había ganado muy bien, nos robaron», se conmueve Látigo, uno de los grandes ídolos del deporte argentino; tres veces dueño de la corona mundial de la categoría ligero; impresionan su trato sencillo y su perfil bajo; durante el espectáculo pasa desapercibido hasta que la voz del altoparlante lo obliga a subir al ring a saludar; «por eso se armó el quilombo; el desarrollo fue positivo para Gabriel, que era el campeón, el lo había tirado, le habían contado», recuerda el primer enfrentamiento entre Bermejo y Bruer; «empezó el réferi a meternos la mula y se armó semejante lío».
«Fue mi ultima pelea; desde entonces no volví a subir al ring», lamenta Gabriel; «encima de que me robaron el título, me sancionaron por haber bajado del cuadrilátero; es un monopolio que tiene la Federación [Argentina de Boxeo], que no ha cambiado; variaron los nombres, nada más; el presidente falleció; bien muerto está; los secuaces seguirán haciendo de las suyas; el fallecido es el Flaco [Osvaldo] Bisbal, un tipo que les manoteaba la bolsa a los boxeadores; sacaba su tajada; si una competencia genera una mandarina, el boxeador recibe un gajito; lo demás es para ellos; sigue ocurriendo, no veo ninguna mejora».
En la actualidad, la voz del testimonio vive en la Capital Federal con su esposa Cristina y brinda shows para todo público como Gabriel el Mago. Cambió los guantes por la varita. Es el mayor de los tres hijos de Ricardo Manuel Bermejo y Rosa del Carmen Giustozzi. Lo siguen sus hermanos Hernán y Martín. El primero perdió la vida en 1998 en manos de un asesino que, tras una pelea a puño limpio, le disparó con un revólver y lo remató con un disco de acero. El energúmeno, Roberto Daniel Crocioni, fue condenado y estuvo preso por este y otros desmanes. El recuerdo del drama aún conmociona la ciudad.
«Mi nombre es Martín Benetti, vivo en el partido de Tigre, vine a cumplir mi sueño», revela el oponente de la exhibición minutos antes de subir al ring; el miniestadio rebosa de público y expectativa; «un poco grande ¿no? 47 años; pero bueno, lleno de figuras, lleno de amigos del boxeo; va a ser un lindo recuerdo como fanático de este gran deporte; a Gabriel lo conocí por medio de Cristian Leal; muy buena gente, un notable boxeador que ha tenido nuestro país»; la Máscara perteneció, igual que el héroe de esta historia, al proyecto Martinetti; fue campeón argentino y latinoamericano de la categoría welter.
«Qué mejor para mi debut y despedida que hacer una pelea con Gabriel», se emociona, mientras a cierta distancia, sobre el cuadrilátero, se desarrolla otro duelo; el programa es intenso, con una decena y media de enfrentamientos entre peleadores de ambos sexos y diferentes niveles; la velada gradualmente se va acercando a la medianoche; «tengo un poco de ansiedad y nervios, pero el objetivo es más que nada compartir con la familia, con los amigos y con mi contrincante también; va a ser una experiencia muy emocionante; debut y despedida con un boxeador del Luna Park; más no puedo pedir».
«La jaula se está llevando la atención del espectador», opina Coggi sobre la disciplina de estilo libre que es furor en Estados Unidos y numerosos países; los contendientes se enfrentan en un ring cerrado con una red; «tiene sangre, tiene nocaut, continúan la pelea aunque haya una hemorragia de nariz; el espectador que asiste a un show de boxeo que es interrumpido porque alguien sangra se siente estafado, no va más; estamos matando el boxeo, si no cambiamos las reglas; hay réferis que paran el combate por hemorragia de nariz; esta mal, porque yo [como boxeador profesional] firmé una licencia para lastimarme».
«Eso implica hacer boxeo, no es una disciplina en la que se juega, es un deporte en el que se pelea; si alguien está mal preparado o se entrenó como una bestia y le detienen el combate por algo así dice se van todos a la puta madre; por eso todos los espectadores eligen la jaula; junta 14 o 18 o 20 mil personas [por espectáculo]; el boxeo mete 1000 o 1200 personas y ya se considera un éxito; cuando peleé con Pajarito [Hugo Ariel Hernández, 1987, título argentino welter junior, ganó Coggi por nocaut] metimos 17 mil personas en el Luna Park; Locche convocaba a 20 mil; Monzón a 24 mil; no jodamos, miremos la historia».
«El boxeo argentino se encuentra en decadencia mal», diagnostica Gabriel; «encima están muriendo los grandes maestros; como [Amílcar] Brusa, [Juan Carlos] Pradeiro o [Santos] Zacarías, los viejos que enseñaban, que tenían picardía». Brusa fue entrenador de Carlos Monzón, máximo exponente del boxeo argentino y uno de los mejores de la historia de este deporte en el planeta. Amílcar es considerado el principal coach latinoamericano de todos los tiempos. Pradeiro apadrinó por ejemplo a Víctor Emiliano Galíndez. Zacarías tuvo como pupilos a Látigo Coggi y Sergio Víctor Palma, entre otros.
«A los promotores y demás mafia no les importa nada», arremete Bermejo; «solo la plata; es su dios; como me dijo una vez Bisbal, el presidente de la Federación; los boxeadores pasan, los entrenadores quedan; porque cuánto puede durar un deportista; diez años, doce, quince, veinte», desliza sin dejarse amedrentar por las mezquindades que sufrió; nunca dejó de considerarse un profesional; «ahora estoy entrenando en Defensores de la Boca Boxing Club, atrás de la Bombonera; hay chicos con muchas condiciones; el profe es muy bueno, Fernando Arbello; a la mañana me entrena Karen Carabajal, la Burbuja».
«Ella es campeona argentina y sudamericana [categoría súperpluma]; peleó por el título del mundo; voy lunes, miércoles y viernes; ahí se manejan al margen de los directivos; logran resultados, tienen campeones en distintas categorías; los invito a ir a conocer, es muy lindo, enseñan a boxear de verdad; buena gente; hay chicos con condiciones, pero a veces el camino se hace largo; hay que esperar que se den la oportunidad y el momento justo; es bastante difícil; así es el deporte; no es fácil ser campeón, hay muchos luchando por ese sueño; pocos llegan, la mayoría se pierde por el laberinto que es la vida».