«Cecilia quedó tirada por una mala decisión política de la Municipalidad»

15/5/2026

Susana y Daniel, los padres de Cecilia Gisela Basaldúa, reclaman justicia a seis años del crimen impune de la mochilera y escritora porteña, perpetrado en la localidad de Capilla del Monte, Córdoba. Aguardan la identificación del cuerpo, al parecer arrojado a una fosa común en el Cementerio San Vicente de la capital provincial.

«Soy Susana Reyes, mama de Cecilia», introduce de pie en un megáfono blanco que sostiene con la mano derecha; Daniel, el marido, se encuentra al lado; «estamos acá presentes homenajeándola a seis años de la aparición de cuerpo sin vida», agrega ella; «un caso que todavía está sin resolver, impune», explica ataviada con anteojos oscuros que la protegen del sol del atardecer, cuyos rayos se cuelan entre ramas de ciprés, algarrobo y acacia; «venimos luchando hace seis años con el dolor; queremos visualizar todo lo que nos está pasando; una agresión todo el tiempo de parte del poder judicial y policial».

Es el 25 de abril en el Jardín de la Memoria de la Plaza San Martín de Capilla del Monte. Los padres de Cecilia Basaldúa iniciarán en instantes una marcha popular y pacífica que, al ritmo de cantos y bombos, paregrinará por el centro urbano para reclamar el esclarecimiento. El tris de mayor voltaje será en la Comisaría, donde denunciarán la complicidad uniformada con este y otros horrores. La multitud, con los esposos al frente, transitará luego La Techada, famosa diagonal turística con una cubierta metálica de cien metros de longitud, escena que puede contemplarse en la foto principal de esta crónica.

«Sabemos que no estamos solos, que ustedes nos acompañan», continúa la madre observando la concurrencia, que forma una ronda en torno del Árbol de la Memoria, un algarrobo seco adornado, entre otros emblemas, con retratos y carteles de la mochilera y escritora porteña; «queremos agradecerles en nombre de Cecilia», se emociona; «hoy estuvimos en el Cementerio, porque nos han ocultado el cuerpo de nuestra hija, que fue enterrado en 2021 sin habernos avisado, sin habernos pedido permiso; se tomaron la licencia y el atrevimiento de sepultar sus restos en Córdoba capital, en el Cementerio San Vicente».

Cecilia Gisela Basaldúa fue hallada sin vida con signos de violencia el 25 de abril de 2020 en Capilla del Monte, Córdoba.

Los padres de Cecilia Basaldúa el 25 de abril en el Jardín de la Memoria, Plaza San Martín, Capilla del Monte.

«Hoy hicimos una acción en el Cementerio, acompañados por las chicas del Movimiento», cita Susana el Movimiento Plurinacional de Mujeres de Capilla del Monte, grupo que coordina el reclamo en el nivel local; «estamos muy agradecidos con Claudia Martínez, la secretaria de la Mujer, que puso a disposición la combi para llevar y traer a las chicas», menciona a la autoridad más comprometida de la administración provincial; «seguimos luchando, seguimos pidiéndoles que nos acompañen, que no tengan miedo, que denuncien», exclama; «exigimos verdad y justicia para Cecilia Gisela Basaldúa».

Su hija sumaba 36 años cuando llegó a Capilla del Monte el 21 de marzo de 2020 con la intención de instalar su carpa, inspirarse y terminar de escribir un libro sobre su odisea de cuatro años y medio viajando a dedo por el continente. Había partido de México después de representar a la Argentina con la camiseta 10 de la selección femenina de hockey sobre hielo en el Panamericano 2015, realizado en el país azteca. Además de jugadora talentosa de ese deporte, era artesana, malabarista y luchadora experta: tenía el cinturón negro de taekwondo, había aprendido kungfú y dominaba con habilidad distintas armas.

«Antes de la pandemia, me dice Pa, yo me voy a ir, porque nos van a encerrar a todos», evoca Daniel a continuación, asimismo en el megáfono blanco; la anécdota que recuerda es su diálogo con Cecilia del 19 de marzo de 2020, cuando la joven partió a dedo desde su hogar del barrio porteño de Núñez hacia la ciudad contigua al Cerro Uritorco; allí, el 5 de abril siguiente, se convertirá en víctima de la barbarie; «le digo creo que no es momento de que te vayas», sigue Basaldúa; «y bueno, Cecilia hacía lo que quería; por eso, me dice no, Pa, yo me voy igual, voy a tratar de escribir el libro, me voy a Capilla del Monte».

Los padres de Cecilia Basaldúa el 25 de abril durante la conferencia de prensa en la entrada del Cementerio San Vicente; están Claudia Martínez, secretaria de la Mujer de Córdoba, y Daniela Pavón, abogada del matrimonio.

Los padres de Cecilia Basaldúa el 25 de abril junto a sus allegados en la entrada del Cementerio San Vicente.

«Tenía una amiga acá Cecilia, una amiga que le dio la espalda», recuerda Daniel el primer imponderable que encontró la mochilera al llegar el 21 de abril a destino; «Verónica», precisa el nombre interrogado por los circunstantes; «no la recibe a Cecilia», lamenta; «y bueno, al otro día de estar acá, cierran todo», describe el endurecimiento drástico de la cuarentena por el Coronavirus; «realmente fue así, Cecilia quedó a la deriva acá, en esta plaza; donde la capta Viviana Juárez, la Rasta, que quizás ande por acá; no creo que se atreva a venir; si no, estoy a disposición para que hable conmigo».

«Tengo muchas preguntas para hacerle», comenta Daniel sobre la susodicha, que la familia señala entre los principales implicados; «igual que al intendente y toda la runfla de acá, no van a querer hablar con nosotros; así es como se maneja la Justicia; la parte política también; en algún momento invité al intendente, Fabricio Díaz, a que nos acompañe a marchar; nunca vino; al principio nos recibió siempre; después nunca, nunca más lo vi», revela; «y bueno, me entero de que está en el Gobierno de Córdoba, ahora; epa, que pasa ahí, ¿hay que portarse mal para que te asciendan y te manden a la Provincia?».

La siguiente foto de esta cobertura muestra al político en cuestión y a Alejandro Santiago Arenas Diez, jefe comunal interino, a bordo de una motoniveladora adquirida por la Municipalidad de Capilla del Monte. Es un retrato difundido a mediados de marzo por el primero en su cuenta de Instagram, donde expone sus credenciales: «Fabricio Díaz, funcionario del Gobierno de Córdoba». El hombre, que es de extracción peronista, debutaba como mandatario capillense al ocurrir el crimen de Cecilia. Llevaba solo cuatro meses sentado en el sillón, pues había jurado el 12 de diciembre de 2019. En 2023 será reelecto.

Fabricio Díaz, intendente de licencia y funcionario provincial, y Alejandro Santiago Arenas Diez, jefe comunal interino, en marzo a bordo de una motoniveladora adquirida por la Municipalidad de Capilla del Monte (Foto publicada en la página de Instagram del primero).

Los padres de Cecilia Basaldúa y sus allegadas el 25 de abril en el Memorial de los Desaparecidos, Cementerio San Vicente.

«Me parece raro», sospecha el papá de Cecilia; «yo, la verdad, es que no puedo creerlo», se admira; «pero bueno, por ahí es un beneficio para el pueblo», imagina con sorna; «se les fue; no lo pueden sacar con los votos y se fue solo», resume con sarcasmo; «gracias Fabricio», ironiza; «les puedo asegurar que Fabricio Díaz sabía», alude al asesinato; «porque él estuvo donde apareció el cuerpo de Cecilia y nunca me lo dijo; yo me entero por [Walter] Luna, que también está involucrado en este caso», se refiere al arrendatario del campo donde fue hallado el cadáver; «en su momento me pasó información».

«Dice yo estuve con López, con el intendente», cita Daniel las palabras de Luna; «no sé quién más estaba», explica Basaldúa; «los agarré del hombro y les dije yo voy a sacar el cuerpo de Cecilia de donde está para traerlo», sigue el padre reproduciendo el testimonio del inquilino de la finca; «porque no sabían cómo traerlo a la casa de él», continúa Daniel; «porque todas las cosas las hicieron en la casa donde vivía Luna», detalla; «todas cuestiones irregulares», denuncia; «me dijeron otra cosa, que las pericias a Cecilia se hicieron en el lugar y esas pericias no se hicieron», acusa; «son cosas increíbles, pero pasan».

Aviso difundido por el Gobierno de Córdoba.

Los Basaldúa vislumbran una trama judicial, policial y narco. Señalan a Mario Gabriel Mainardi, supuesto expolicía y vendedor de droga (lo consideran principal sospechoso); Viviana Juárez, colega del segundo rubro; Ramón Ubaldino López, cabo; Ariel Daniel Zárate, uniformado hoy cesante (condenado por violencia de género); y otros. La mochilera, sin chance de ir al camping, clausurado por la pandemia, quedó desguarnecida, al igual que otros turistas. Al cabo de dos semanas y pico de cuarentena, el 5 de abril de 2020, desaparecerá. Su cadáver será descubierto 20 días después con signos de violencia.

«Cuando nosotros vinimos a Capilla del Monte, estábamos en pandemia», había narrado Daniel en el Cementerio San Vicente de la capital provincial horas antes de la ronda en el Jardín de la Memoria de Capilla del Monte, recordando la llegada de él y Susana al pueblo el 24 de abril de 2020, cuando su hija se encontraba con paradero desconocido; el cadáver será hallado al día siguiente; «todos los mochileros estaban afuera del camping municipal, que habían cerrado; los dejaron tirados; son cosas de la política, que toma malas decisiones», comprometió a Fabricio Díaz; «esos pibes tendrían que haber estado adentro».

Los papás de Cecilia Basaldúa junto a sus abogados Daniela Pavón y Gerardo Battistón, Tribunales de Cruz del Eje, 27 de abril.

Cecilia Gisela Basaldúa viajó a dedo desde México hasta Argentina entre 2015 y 2019.

Este relato del padre corresponde a una conferencia de prensa improvisada en la rotonda de ingreso de la necrópolis. El diálogo con los periodistas se desarrolló bajo paraguas multicolores, debido a la llovizna. Los Basaldúa habían iniciado la jornada en el Memorial de los Desaparecidos, que conserva huesos de 86 víctimas de la última dictadura encontrados en el predio. Una cifra mayor de occisos permanece en el anonimato. A continuación, habían visitado la supuesta fosa común en la que estaría lo que queda de su hija. Un examen genético debe comprobar si se trata efectivamente de la escritora.

«Capaz que a Cecilia no le pasaba lo que le pasó», conjeturó Daniel y echó a rodar el interrogante sobre la deficiencia institucional; «ella en su momento buscó dónde alojarse; ella tenía dinero, incluso; no era una pobrecita que andaba sin nada; aunque le gustaba viajar sin medios; se ganaba la plata haciendo malabares, hacía cosas para vender, escribía», sintetizó los oficios de su hija; «cuando ella viaja, cerraron todo», acentuó el hecho categórico que creó las circunstancia de indefensión en que será perpetrado el asesinato; «porque, si no, no le hubiese pasado; porque ella tenía su carpa».

«Era responsabilidad del Estado municipal», confirmó Graciela Olmos, integrante del Movimiento Plurinacional de Mujeres de Capilla del Monte, parada delante de los padres de Cecilia Basaldúa en la rotonda de entrada del Cementerio San Vicente; «no es que Cecilia se fue al cerro o al río a acampar», descarta alternativas posibles; «estaba registrada como turista en la administración del camping municipal, pagando su estadía ahí; ni siquiera le ofrecieron un dormi, que tienen; ni siquiera tuvo acceso a una casa de la mujer, después de que el Concejo de la Mujer fue borrado del organigrama municipal».

Graciela Olmos (con capucha) y Karina Lucero sostienen un cartel el 25 de abril durante la conferencia de prensa de los papás de Cecilia en la rotonda de entrada del Cementerio San Vicente.

Los padres de Cecilia Basaldúa y sus allegadas el 25 de abril junto a la fosa común; Graciela Olmos aparece junto a Daniela Pavón, abogada de la familia.

«Ni siquiera había una casa refugio, como establece la ley contra todas las violencias 26.485», mencionó la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, sancionada en 2009 por el Congreso de la Nación; «si hubieran estado esas posibilidades, ella hubiera encontrado sitio, porque le correspondía al Municipio dar una solución después de la orden estricta: nadie se queda adentro del camping; sobre todo con lo que ustedes están diciendo; rutas cerradas y sin colectivos; entonces, quedó cautiva y empezó todo su peregrinaje para conseguir un lugar».

«Esa vulneración de derechos fue aprovechada por los asesinos y sus cómplices de parte del sistema policial», completó Olmos; «los que se tenían que ocupar en pandemia», denunció la inversión de roles que implica encontrar a los uniformados colaborando con los victimarios; «como a nosotras no nos dejaban salir a buscar», recordó el tiempo en que se ignoraba el paradero de Cecilia, «teníamos que encontrar estrategias para visibilizar la desparición», contó; «no fue real la búsqueda que hicieron», agregó otra anomalía; «entonces, el Estado es responsable; son cómplices los políticos que avalaron».

«Me llama la atención que Fabricio ahora está en el Gobierno de Córdoba», insistió Daniel Basaldúa durante la conferencia de prensa; «lo han puesto por ahí, lo han arreglado a mi amigo Fabricio, es un regalo», dedujo; «no es más intendente, le dieron un cargo más arriba», infirió; «¿es licencia eso?», preguntó. «Se está haciendo cargo de las cooperativas, entre paréntesis, la privatización, del agua», despejó Graciela Olmos; «el es el director ahora», definió; «cosa que no pudo resolver, el tema del agua, en Capilla», develó. «Fue premiado», concluyó el papá de Cecilia. «Fue premiado», asintió su interlocutora.

Susana, la mamá de Cecilia Basaldúa, con Graciela Olmos el 25 de abril en el Cementerio San Vicente, ciudad de Córdoba.

Los padres de Cecilia Basaldúa el 25 de abril frente a la Comisaría de Capilla del Monte, horas después de visitar la fosa común.

«Fabricio nunca vino», reiteró Basaldúa respecto de las incontables iniciativas de homenaje y protesta que la familia ha llevado a cabo de manera ininterrumpida en estos seis años, lo cual ha implicado, entre otras dificultades, viajar los 800 kilómetros que separan el barrio porteño de Núñez y el escenario de la iniquidad; «yo lo invité varias veces», se quejó. «Hay un entramado político policial junto con los asesinos, esa mafia territorial», interpretó además Olmos. «Fabricio estuvo cuando apareció el cuerpo de Cecilia y no me lo dijo», volvió a destacar el papá de la víctima; «después me lo contó Luna».

«Un momento en que las rutas estaban cerradas», planteó Graciela otra evidencia considerable del entramado; «¿quién podía trasladar el cuerpo desde donde supuestamente estaba hasta el lugar del hallazgo, que son varios kilómetros?», preguntó con la capucha de su impermeable cubriéndole la cabeza; el tránsito intermitente de vehículos funerarios y particulares por la rotonda debajo de la llovizna ambientaba el marco; «solamente podía pasar la Policía», identificó un actor que aparece con un rol clave o determinante; «la seguridad o inseguridad ciudadana, que tampoco participó de la búsqueda».

«Creo que los femicidios que en Capilla veníamos, desde hace rato, denunciando han sido, sin minimizar, crímenes vinculares a cargo de las parejas», agregó Olmos revisando la tipología jurídica; «hay un funcionario que está reemplazando a Fabricio que tiene una hija asesinada», se refirió al drama de Mariela Luciana Arenas Diez, de 20 años al perder la vida apuñalada reiteradamente por un exnovio, Ramón Molina. El horror sucedió en 2008 en el interior de un remise en la misma urbe donde fue asesinada la hija de Susana y Daniel. Quien conducía el coche, una mujer, también habría sido atacada.

Los padres de Cecilia Basaldúa y sus allegadas el 25 de abril junto a la fosa común.

Los padres de Cecilia Basaldúa el 25 de abril en la antigua estación ferroviaria de Capilla del Monte, actual Secretaría de Turismo, horas después de visitar la fosa común.

«Cuando el femicidio deja de ser vincular, como en el caso de Cecilia, porque hay participación y negligencia del Estado, ya no es un femicidio, es un feminicidio», distingue conceptos la representante del Movimiento Plurinacional de Mujeres de Capilla del Monte; «a nivel nacional y de Latinoamérica, son crímenes de lesa humanidad», evoca la jurisprudencia, que abarca veredictos icónicos como el de la masacre de Campo Algodonero, barbarie perpetrada contra un grupo de pibas en 2001 en Ciudad Juárez, México; «desapariciones de chicas y crímenes de mujeres», menciona; «no prescriben».

«Hay que seguir hasta las últimas consecuencias buscando a los responsables», proclama Graciela; «por Cecilia», recuerda a la víctima; «nosotras sentimos la grandeza de ustedes, que dicen chicas cuídense», se dirige a los padres de la mochilera; «estamos acá reclamando por el asesinato, la desaparición y la tortura de Cecilia Gisela Basaldúa, y pidiendo que la Justicia acelere los tiempos, porque la querella ya ha hecho todos los pedidos; hoy se le niega a la familia el derecho a una sepultura como corresponde; desde los derechos humanos decimos que es un cuerpo que está desaparecido».

«El cuerpo está desaparecido», ratifica Daniel parado junto a Susana debajo de los paraguas multicolores que atajan la llovizna. «Tienen que acelerar las pruebas con los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense, que ya están disponibles», insta Graciela Olmos; la institución que nombra, respetada en el país y en el mundo, identificó los vestigios mencionados del Memorial de los Desaparecidos; «entonces, ¿qué pasa que hay tanta burocracia?; las abogadas presentaron todo; queremos que esto se haga ya; ese es el reclamo», recrimina; «¿por qué están dilatando?».