Noelia Olivera: «Mi sobrino Benjamín tenía 13 años y la vida por delante»

10/3/2025

El niño murió el 8 de febrero de un balazo efectuado por otro chico en un barrio pobre de la localidad de La Banda, Santiago del Estero. El agresor, de 15, debe volver al hogar de sus padres y ser sometido a un tratamiento psiquiátrico y psicológico. El contexto de marginalidad y narcotráfico abre interrogantes sobre las causas y los remedios posibles del horror.

«Ha pasado alrededor de las doce y media de la noche», cuenta Noelia Olivera; «un chico de 15 años, Nehemías Agüero», identifica al atacante; «nos cuesta hablar, pero es necesario; es algo muy doloroso lo que estamos pasando; mi sobrino [de nombre Benjamín Gómez] tenía 13 años, ha sido asesinado con un arma fabricada, de las llamadas tumberas; estamos indignados con los que han salido a defender al agresor; pedimos que sean un poco más razonables; no ha matado a un perro, ha matado a un ser humano», se queja; «lo justo para nosotros es que el pague las consecuencias de lo que hizo».

«No ha sido un enfrentamiento; ellos fueron a una plaza y al volver se han encontrado con otros chicos; ahí estaba el asesino», relata la situación concreta; «el hecho ha pasado en [el barrio] Los Álamos II, a cinco cuadras de donde vivía Benjamín», precisa el escenario del horror; «el lugar donde ha pasado todo esto es la nada, no tiene luz, hay muchísima gente peligrosa; vos vas y te quieren robar la remera; son capaces de hacerte daño por el pantalón», agrega; «gente que pase por ahí y no sea del barrio», advierte; «hay gente mayor que ha sido asaltada en ese lugar; jóvenes, adolescentes, niños».

«El asesino es muy conocido por los vecinos; es muy problemático; no le importa enfrentarse con hondas y proseguir con tumberas», explica la entrevistada; «es una pena que se echen a perder en ese ambiente violento; la tía misma suele darle las armas», sorprende; «muchos chicos han sido agredidos por el; no le ha interesado sacarle un ojo a un niño con la honda», ejemplifica; «ha sido abandonado desde chico por su madre y su papá», recuerda; «tengo entendido que vivía con una tía; Cintia se llama, el apellido creo que también es Agüero; ellos dos viven ahí», detalla; «es una persona de unos 35 años».

«Tenemos entendido que no trabaja; vende la peor mierda que puede haber, drogas», denuncia Noelia sobre la tía del agresor de Benjamín, al parecer una figura clave para desentrañar el asunto; «es un ambiente de mal vivir», define el contexto, que tomando en cuenta la evidencia mencionada puede considerarse de narco criminalidad; «han salido a amenazar, a decir que el que hablaba se iba a dar con las consecuencias; lo único que pedimos que es que se haga justicia, porque esto va a quedar en la nada y va a seguir pasando; no queremos que haya otro Benja, que venga un menor, mate y quede libre».

Natalia Susana Taboada, jueza de Familia de La Banda, ordenó a fines de febrero que Nehemías Agüero regrese al hogar de sus padres, dado que por su edad es inimputable. En la actualidad, de manera temporal, permanece en un centro de menores para evitar que la trascendencia pública del hecho ponga en riesgo su integridad. El chico que terminó con la vida de su vecino deberá someterse a un tratamiento psicológico y psiquiátrico coordinado por la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia local. Sus padres y grupo familiar estarán bajo una observación que la Justicia llama seguimiento socioambiental.

El cuadro abre interrogantes de implicancias estructurales. «Como sociedad nos encontramos ante un grave problema que debe ser atendido de manera prioritaria», ha advertido el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina en un informe publicado en 2024 sobre la encrucijada de las drogas. Se trata de un estudio incisivo que plantea el riesgo de un narcoestado. «Los datos recabados revelan una situación generalizada que afecta principalmente a las poblaciones más vulnerables, la cual se ve agravada por la falta de políticas públicas efectivas y la normalización del consumo».

Queda en el foco el papel del Estado. Tomando en cuenta la oleada creciente de recortes presupuestarios y el hecho de que las políticas destinadas a las zonas carenciadas (comedores, agentes de salud, operativos de documentación, atención a víctimas de violencia de todo tipo, bachilleratos, obras de urbanización, emprendimientos productivos) se están retrayendo dramáticamente en toda la Argentina. Por lo que infinidad de iniciativas cerraron, los proyectos de mejoramiento barrial están parados y numerosos trabajadores de espacios comunitarios tuvieron que buscar otras maneras de ganarse la vida.

«Le han metido un tumberazo justo en el pecho», describe Noelia la manera espantosa en que fue ultimado su sobrino en plena vía pública; «seguía con vida; ha hecho unos diez metros, se cae y lo agarran entre varios chicos; lo empiezan a patear», agrega detalles salvajes que evidencian una situación de violencia desembozada y además colectiva; la escena vislumbra una atmósfera que excede el incidente puntual; «ha durado se calcula unos 20 minutos hasta que fallece», se acongoja; «han venido a avisarnos a la casa de mi hermana y ahí nomás nos hemos ido al humo», relata; «había bastante sangre».

«El rol del narco no es de ahora», ha aclarado la cordobesa Silvia Quevedo, de la red de comedores comunitarios de su tierra, a La Voz del Interior. «Desde hace un tiempo, varios años, ocupa cada lugar que el Estado deja vacante en los barrios: desde el arreglo de la plaza y la fiesta de 15 hasta garantizar la armonía. No es nuevo. No surgió de repente. Y lo venimos alertando: pibas y pibes de Las Violetas o de San Roque sin alternativas laborales, pero que pueden ingresar sin problemas a una organización que no pide CV. Pibes que no tienen sueños ¿Sabés la angustia que significa que los pibes no tengan sueños?»

«Esta problemática aparece en el marco de una crisis socioeconómica, de aumento del trabajo informal y frente a la debilidad o ausencia tanto de políticas preventivas hacia el consumo, como represivas hacia el narcomenudeo y el tráfico de drogas», diagnostica la UCA, que califica de «epidemia» el intríngulis de las sustancias ilegales. «En un contexto de marcada ausencia, impericia o desidia gubernamental, cuando no complicidad, con acciones de intervención que pongan un límite al flagelo del narcotráfico, el narcomenudeo y el consumo adictivo, tres diferentes dimensiones de un mismo problema».

«Pedimos justicia por Benjamín; tenía 13 años y toda una vida por delante», clama Noelia Olivera; «no puedo explicar el dolor que sentimos; más allá de la impotencia y la bronca, sentimos muchísimo dolor por la forma en que ha fallecido; era únicamente un niño; un chico maravilloso; lo he visto crecer, lo he visto caminar, lo he llevado al jardín, lo he cuidado; la Justicia está lejos de nosotros», lamenta; «es bastante injusto; no han matado un perro; no ha sido un accidente; ha sido planeado, porque incluso ha sido golpeado después de ya estar fallecido; ha habido tanta violencia que estamos realmente consternados, rotos en mil pedazos».