«Cromañón es un crimen, por eso lo llamamos masacre en vez de tragedia»
3/1/2024
por Lucio Casarini
Un grupo de sobrevivientes leyó un mensaje al cumplirse 20 años del horror. La proclama fue en la Plaza de Mayo, ante una multitud de víctimas, familiares, ciudadanos y periodistas. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio del 30 de diciembre de 2004 en el boliche del barrio porteño de Once es una de las peores ignominias del rock en el mundo.
Documento de familiares y sobrevivientes a 20 años de la masacre de Cromañón
30-12-2004 / 30-12-2024
20 años de dolor, lucha y resistencia
Tenía que ser una fiesta. Miles de jóvenes fueron el 30 de diciembre de 2004 a un recital de Callejeros en el boliche República Cromañón. Tenía que ser una fiesta. Pero apenas comenzado el recital, una candela impactó contra la media sombra del techo del lugar, Omar Chabán cortó la electricidad y se desató el caos. En un instante, se pusieron en evidencia todas las irregularidades que tenía el lugar: enorme sobreventa de entradas (dado que la habilitación, que estaba vencida, era para 1031 personas, y allí había entre 4 mil y 5 mil), puertas de salida cerradas con candado (para que nadie se pueda colar), falta de agua (para que el público consuma más), matafuegos vencidos, una media sombra inflamable para insonorizar y que el ruido no se filtrara al hotel lindero, propiedad de Rafael Levy, etc. Todas estas irregularidades se debían a la búsqueda de ganancia empresarial (los organizadores, el dueño del local) y a la corrupción estatal que lo permitió. El lucro por sobre todas las cosas, incluso sobre la vida.
Tenía que ser una fiesta, pero fue una trampa mortal.
Miles de pibes y pibas se encontraron en la total oscuridad, rodeados de gases tóxicos y con las salidas cerradas, desesperados por salir pero también volviendo una y otra vez a buscar a amigos y desconocidos, toda vez que lograban hacerlo. Pibes salvando pibes, ésa es la imagen imborrable de esa noche.
Tenía que ser una fiesta, pero fue una trampa mortal.
Familiares y sobrevivientes, que en su enorme mayoría no nos conocíamos antes de esa noche, nos fuimos organizando y entendimos que no se trataba de un hecho individual, trágico, accidental, sino del cruce entre codicia y corrupción estatal-empresarial. Y que había una cadena de responsabilidades que provocaron tanta muerte y dolor, que llevaron a los chicos a esa trampa. Cromañón fue un crimen con responsables: el gerenciador del lugar y los músicos, organizadores del recital, y el dueño del boliche, que priorizaron el lucro por sobre la vida; los funcionarios públicos, que primero otorgaron una habilitación trucha, y luego dejaron funcionar el local a pesar de haberse vencido.
De ambos lados, la corrupción fue el punto de encuentro: para dar el certificado, para sobrevender entradas, para violar las reglas de seguridad. Aníbal Ibarra había desarmado el cuerpo de inspectores para pasar a controlarlo con gente de su máxima confianza. La coima, se sabe, es mejor manejarla directamente con los propios. De esa combinación criminal nacieron la puerta con candado, la mediasombra ilegal, toda esa muerte joven. También existió responsabilidad por el pésimo operativo de emergencia, que atestó ambulancias y hospitales, y que no aportó elementos indispensables como los tubos de oxígenoe, el triage o camas en cuidados intensivos, todo lo cual hizo crecer la cantidad de muertos por la negligencia y corrupción. Por eso no le llamamos “tragedia” sino “masacre”: un crimen.
Por eso era tan importante realizar acciones de visibilización y lucha, que se expresaron en años de marchas, acciones en la calle, clubes y escuelas, actividades culturales, pintadas, murales, festivales, juntadas con otras víctimas, exigencia de atención integral post trauma, impulso de juicios penales y del juicio político, etc.
En relación a la causa penal, y a pesar de las decepciones recurrentes que nos trae este Poder Judicial, decidimos impulsar la investigación, para exponer la evidencia de las responsabilidades, y obtener algo de reparación. Fue importante exponer lo sucedido, acercar pruebas, reconstruir el rompecabezas de responsabilidades y exponerlas, y todo eso acompañado desde la lucha en las calles. Gracias a ello, se obtuvieron insuficientes pero importantes condenas, que sirvieron incluso para otros casos, que se hubieran ahogado en el mar de la impunidad.
Lo mismo ocurrió con el impulso al Juicio Político contra Aníbal Ibarra, Jefe de gobierno de la Ciudad y principal responsable político, donde se logró, aplicando la normativa de la Constitución de la Ciudad, su destitución por mal desempeño en sus funciones.
Debimos construir espacios de debate y consenso, difíciles pero imprescindibles en medio del dolor y de operaciones donde el poder político, amparado por la mayor parte de los medios masivos de comunicación, intentó construir una imagen negativa de las víctimas que luchamos. ¿Cuántas veces escuchamos que Cromañón fue producto de la conducta de inadaptados?, como si no adaptarse a la norma fuera condición exclusiva de la juventud, y no de funcionarios y empresarios que poco han demostrado adaptarse a las normas que podían evitar Cromañón. ¿Cuántas veces hemos escuchado afirmar que en el baño del boliche funcionaba una guardería? La repetición de ese mito fue infinita, tanto como para lograr que se instale en los sentidos comunes de nuestra sociedad que, al día de hoy, en muchas ocasiones lo sigue afirmando. Cada discurso y acto de culpabilización de las víctimas siempre provino de los sectores que buscaban exculparse o encubrir a los responsables.
Aprendiendo de otras luchas y también descubriendo al andar nuestro propio camino, luchamos por Memoria, Verdad y Justicia. Estas tres palabras encadenadas las aprehendimos de luchas anteriores encarnadas, entre otras, por la querida Norita Cortiñas, las Madres y también otras víctimas de diferentes luchas que tienen en común la responsabilidad evidente del estado y la necesidad y el derecho de las víctimas a organizarnos y reclamar, entendimos que sin solidaridad -palabra que parece para muchos haber pasado de moda- es imposible construir con otros.
Con el tiempo, entendimos que la justicia, tal como la imparte el poder judicial, era necesaria pero no suficiente, que la justicia para nosotros y nosotras significaba mucho más que algunas condenas ejemplificadoras. Si detrás del crimen Cromañón hay una lógica empresarial – estatal, para que haya justicia por el hecho Cromañón debemos desactivar esa lógica. Desarmar la Argentina Cromañón. En esta democracia que parimos sufriendo cada vida vale, cada muerte duele. 194 vidas jóvenes nos interpelan.
Más de 10 años discutiendo con funcionarios y legisladores de la Ciudad la importancia de que la Ley de Reparación Integral no venciera, que reconozca a todas las víctimas, sin inequidades, y que estuviera a la altura de las reparaciones que, con justicia, víctimas de otras causas han obtenido. Cada vez nos obligaron a rediscutir todo, como empezando de cero, entrampándonos en un lugar revictimizante. Presentamos, al menos, cuatro proyectos de ley, tuvimos decenas de reuniones con el Gobierno de la Ciudad, explicando las razones hasta que, finalmente, este año -en el cuarto intento- logramos que la ley deje de tener fecha de vencimiento. Además, se logró superar el capricho de negarle a las víctimas la reapertura del padrón para el reconocimiento de todas y todos los sobrevivientes. Sin embargo, se mantuvieron arbitrariedades que dejan a muchas personas afuera y que nos obligan a volver a insistir.
Hay en Argentina muchas huellas por la Memoria: murales, zapatillas, árboles plantados, una estación de subte. Pero esas huellas deben confluir en un Espacio de Memoria: por eso luchamos por la expropiación del local que fue Cromañón, rescatarlo del horror y reconvertir en vida y memoria. Eso se hizo mucho más urgente cuando supimos que, inexplicablemente, los jueces le devolvieron las llaves de Cromañón a Rafael Levy, y este empresario condenado comenzó a destruir las cosas de nuestras víctimas, a tirar todo lo que había quedado dentro del boliche. Levy, el dueño oculto detrás de empresas off shore, seguía siendo un protegido del poder.
Fueron dos los proyectos de ley de expropiación presentados en la legislatura porteña, ambos desoídos por el macrismo. Después de 4 años volvimos a empezar en el Congreso nacional, hasta que finalmente en 2023 se sancionó casi por unanimidad la Ley de Expropiación de Cromañón para que sea un Espacio para la Memoria. El diputado Milei, oh sorpresa, se ausentó de esa sesión. La gran demora del Poder Ejecutivo para reglamentar la ley hizo que hoy, dos años después, seguimos esperando que la expropiación se concrete. Tenemos un derecho que no es sólo de las víctimas, sino que es un derecho que tiene toda la ciudadanía, pero principalmente la juventud.
El 30 de diciembre 2004 la Policía puso vallas en la esquina de Mitre y Ecuador, y allí la gente colgó remeras, mensajes, velas, zapatillas. Así se constituyó el espacio conocido como “Santuario”, donde están las fotos de las víctimas. Punto de reunión por los siguientes 20 años. Hoy, gracias a la lucha, es Lugar Histórico Nacional. Su construcción está atravesada por modificaciones estructurales y espaciales, y sigue siendo lo que es por el sentido que le hemos dado y reforzado. Los murales, esculturas, trabajos de mosaico o cerámica, durante este tiempo, sus colores, sus formas y sus frases cuentan que estuvimos y que estamos, construyen un relato acerca de qué sentimos, qué pensamos, qué deseamos. Es el territorio de la memoria y de las prácticas para que esa memoria suceda, pero no es el único. Nuestro territorio también son las movilizaciones, la presencia en Tribunales, la Legislatura porteña, el Congreso de la Nación, Plaza de mayo y otros espacios donde ponemos el cuerpo y la propia voz en la lucha cotidiana.
La cultura es un bien público, un derecho de todas y todos. En este ejercer el derecho a la cultura, hay una construcción de identidad fundamental, desde donde se fortalece lo colectivo, donde diferentes subjetividades rotas por la Masacre intentamos juntar pedacitos de historia para crear otras novedosas. Cada vez que intervenimos, sobrevivientes y familiares, no pensamos en eventos sino en acciones destinadas, entre otros objetivos, a producir cambios, a reformular la forma en que la cultura se gestiona. La murga Los que nunca callarán, fue un claro ejemplo de esto, como las muestras fotográficas, los festivales, los encuentros, los abrazos. Llevamos 20 años en este camino.
Y seguiremos, porque debemos continuar reflexionando sobre la gestión cultural, para pensar caminos posibles frente a las lógicas de las industrias culturales del lucro donde primero se piensa en la fama y la ganancia y después en el disfrute y en el acceso de la gente.
Acordamos en que el arte es trabajo y para ello se hace urgente pensar en las responsabilidades y las dinámicas mediante las cuales esos trabajos se ejercen. Tomamos como propia la lucha para que las experiencias artísticas y culturales sean accesibles, inclusivas, democráticas y sobre todo seguras. No queremos nunca más que ir a un recital implique ponernos en riesgo, no queremos más funcionarios o agentes de control cobrando coimas, no queremos más espacios atados con alambre ni cerrados con candado.
Cromañón tiene que ser un espacio para la memoria colectiva con ofertas culturales abiertas a la comunidad, porque de esta manera, podremos seguir construyendo otros mundos posibles.
Desde hace 20 años venimos denunciando los peligros de que el Estado se ausente de sus funciones y se ponga al servicio del lucro empresario, pues eso llevó a la muerte a nuestras víctimas. Por eso vemos con enorme preocupación que hoy día existan fuerzas políticas con enorme poder que busquen desde el mismo Estado, destruirlo. Los problemas de nuestra sociedad son cada vez más complejos y necesitan un mayor esfuerzo y cumplimiento de las reglas, pero otros aprovechan para imponer una ideología anti Estado que se plasma quitando derechos y protección a los más necesitados, desfinancian programas de atención social y de memoria, destruyen la salud y educación públicas, mientras no sólo no combaten el lucro desmedido sino que lo promueven y festejan. Nos dejan cada vez con menos cuidado, a merced del sector empresario que sólo busca la ganancia fácil, protegido por las fuerzas represivas que impiden la protesta. Hoy parece que gana la codicia, amparada por la violencia estatal. Otra vez ganan el lucro y las trampas, igual que el 30 de diciembre de 2004.
Nuestra sociedad necesita unidad social para garantizar que las leyes del estado se cumplan y lograr un país más seguro y justo.
A 20 años de la Masacre de Cromañón, seguimos de pie. Continuaremos exigiendo memoria, verdad y justicia. Daremos las discusiones que sean necesarias, abriremos todas las puertas que el Estado se niegue a abrir o quiera cerrar con cualquiera de las formas en que sus candados se presenten. Los derechos no se negocian. La memoria tampoco.
LA PUERTA CON CANDADO ES UN SÍMBOLO DE LA ARGENTINA CROMAÑÓN, QUE EL PUEBLO RECLAMA ABRIR PARA SIEMPRE
¡Cromañón Espacio para la Memoria Colectiva YA! Por quienes no están.
Por quienes estamos.
Por quienes vendrán.
Nunca más un Cromañón. Justicia es que no se repita.
¡Las pibas y los pibes de Cromañón Presentes!
¡Familiares y sobrevivientes que no están Presentes!
¡Las y los sobrevivientes de Cromañón Presentes!
¡Familiares y amigos en lucha Presentes!
¡Ahora y siempre! Movimiento Cromañón 30 diciembre 2024