Ernesto Lemos: «Lo sucedido en Cromañón es comparable a Auschwitz»
21/12/2024
por Lucio Casarini
Sus hijos Federico y Carolina, junto a sus parejas Marina y Pablo, sobrevivieron a la masacre ocurrida el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio que cumplirá dos décadas en pocos días es uno de los peores horrores del rock en el mundo. El entrevistado es fundador de la Asociación Civil Cambiar Esta Realidad.
«Esa noche fue infernal para todos los que estuvimos ahí; con mi compañera [Silvia, su esposa] empezamos a buscar a nuestros hijos; habían asistido Federico con Marina, mi nuera, y Carolina con Pablo, mi yerno; habían decidido los cuatro compartir el recital con la idea de despedir el año; vi la solidaridad de la gente; se acercaban coches en contramano por [la calle] Bartolomé Mitre, el andarivel de los colectivos; bajaban a sus familiares, subían a heridos que desconocían y preguntaban ¿adónde lo puedo llevar, a qué hospital? la mayoría recaló en el Ramos Mejía, que fue el centro de distribución».
Ernesto Vicente Lemos se declara anarquista y admirador de Roberto Arlt. Convicciones que ha profundizado a lo largo de las dos décadas que están por cumplirse de la masacre del boliche República de Cromañón. Un horror del que lograron escapar sus dos pichones y sus respectivas parejas. Que en el futuro traerán cinco nietos al mundo: Ramiro, Julieta, Joaquín (hijos de Federico y Marina), Lourdes y Martina (de Carolina y Pablo).
El incendio ocurrido el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once, con cientos de muertos y miles de heridos, es una de las peores hecatombes del rock en el planeta.
«El Estado fue incapaz de responder de manera adecuada, aunque se habían hecho cuatro cursos de catástrofe en la ciudad después de lo acaecido en la Embajada de Israel [1992, una camioneta bomba provocó 22 muertos y 242 heridos; el hecho está impune] y en la AMIA [Asociación Mutual Israelita Argentina, 1994, un coche bomba dejó un saldo de 85 fallecidos y 300 lastimados; también carece de veredicto judicial]; Silvia había concurrido a los cuatro como profesora de Enfermería y como enfermera profesional; poseía el grado de supervisora en caso de catástrofe; sin embargo, esa noche no fue convocada».
«Llegamos a [la calle] Ecuador 10 o 15 minutos pasadas las 22.50, que es la hora en que se había iniciado el incendio; la circulación había sido cortada por la Policía Federal; a un costado queda la terminal de la línea 68 [de colectivos]; había un montón de cuerpos tirados que vomitaban negro; a mi compañera la detuvieron los agentes cuando mostró el carnet de enfermera de la Ciudad de Buenos Aires; hicimos la denuncia judicial después».
«Había jóvenes que llevaban a otros arrastrándolos por los brazos; ella se detuvo a atenderlos en una esquina de la Plaza Once, la que está en Ecuador y avenida Rivadavia».
«Silvia notó que la lengua de los heridos estaba morada o violeta; eso indicaba que habían ingerido veneno; después sabremos que fue hipoclorito de cianuro, algo similar a lo que se usó en Auschwitz [mayor campo de exterminio nazi de la Segunda Guerra Mundial; allí se aniquiló a más de 1,1 millón de personas]; todos dicen que el humo fue producido por una media sombra [tela plástica]; la realidad es que habían puesto paneles acústicos [espuma de poliuretano] en la losa del cielo raso; luego una capa de guata [algodón en rama que se usa de relleno o aislante térmico]; a continuación la media sombra».
Ernesto tiene tanto para decir que rebota de un asunto a otro con la aspiración de abarcar lo máximo posible. Ha elaborado un machete de ideas tangenciales, una lista de frases anotadas en una hoja de papel.
La entrevista se desarrolla en una mesa interior del Gran Café Gardel, en la intersección de las avenidas Independencia y Entre Ríos, que huele y suena de manera coherente con su rótulo. El bullicio de la clientela y el tango de la música ambiente se apoderan de la atmósfera. Adiós Nonino flota de pronto en el aire, como un hechizo, con su bandoneón, violines y demás orquesta.
El audio de esta crónica, comprobará el público, posee extensión, emotividad e interés considerables. El dueño del relato plantea con elocuencia y agudeza hipótesis sugerentes acerca del drama. Como la virtual presencia de personal de inteligencia (de la SIDE) al iniciarse aquel infierno. Al conocimiento del hombre sobre la cuestión, que lo ha tenido como protagonista frecuente, se suman su condición de vecino próximo de la zona del desastre y el carácter de experta de su mujer, enfermera sobreviviente de la explosión de la Embajada de Israel luego entrenada para emergencias de alto riesgo.
«El hipoclorito de cianuro quedó alojado en el cuerpo de los sobrevivientes; muchos lo ignoran; mi nuera tuvo que ser operada del útero tres veces; el veneno se le había alojado en las trompas de falopio; recién después de diez años de casarse pudo ser mamá; otros han padecido dolencias en los pulmones, el hígado y diferentes órganos nobles».
«Nuestra asociación vela por la salud psicofísica de los afectados; al ver que faltaba respuesta de las autoridades, contactamos al Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial, sigla EATIP; sus profesionales atendieron a más de 700 personas».
Las víctimas de Cromañón han gestado hitos jurídicos y políticos significativos. La condena penal de 21 convictos, entre las que figuran Emir Omar Chabán, gerenciador del salón; Rafel Levy, dueño del edificio; y la banda Callejeros (el mánager Diego Argañaraz y los músicos). La destitución de Aníbal Ibarra, jefe de Gobierno. La ley porteña de reparación para los afligidos vigente desde 2013, que presenta carencias notables y merece ser reemplazada por una mejor, actualmente en proceso parlamentario. La ley nacional de 2022 que crea un espacio de memoria en el escenario del horror, proyecto pendiente.
«Conocí a José [Guzmán, papá de Lucas], a Silvia [Bignami, mamá de Julián Rozengardt] y a una multitud de familiares de víctimas», narra Lemos; «al día siguiente de la masacre, Ibarra retiró los libros [de registro de quienes fueron atendidos en los centros de salud] y cambió al personal de seguridad, lo trasladó de destino; Ibarra ni siquiera fue capaz de estar esa noche; dejó que manejara la emergencia Aníbal Fernández, ministro del Interior de la Nación, que después se va a dignar a invitarnos a la Casa Rosada; le pregunté sobre los cuadernos que habían desaparecido y me respondió con la frase yo no soy policía».
«Mi posición respecto de los miembros de Callejeros es que fueron deshumanos; mis hijos tienen otra opinión, que yo respeto, como buen anarquista; ellos son libres de pensar o decir lo que quieran; algunos músicos salvaron a unos cuantos esa noche; hay sobrevivientes agradecidos porque los ayudaron; pero, igual que Ibarra, tendrían que haber estado todos con las víctimas, en vez de esconderse; tenían sus malambos; el baterista terminará quemando a su concubina», señala a Eduardo Vázquez, que cumple perpetua por rociar con alcohol e incendiar a Wanda Taddei en una discusión doméstica.
«El cantante [Patricio Fontanet] noviaba con una chica que falleció en Cromañón y se emparentó en seguida con la hermana de ella», agrega con suspicacia; «todos somos seres humanos, cometemos errores y equivocaciones; cuando empezamos a marchar en contra de Ibarra, nos acusaron de distintas cosas porque en una votación habíamos resuelto hacer remeras de color amarillo con la frase Basta de culpar a Callejeros; en las reuniones éramos entre 100 y 200 personas; sobrevivientes y familiares; cada uno tenía su punto de vista; había gente, la mayoría, de Callejeros; la cuestión era respetarse y escucharse».
Ernesto preside la Asociación Civil Cambiar Esta Realidad, cuyo apelativo llama a la polémica, pues está inspirado en El nudo, canción de Callejeros («La riqueza de este viaje es el cambio a esta realidad / Porque si me muero es por luchar»). Se trata de un proyecto integrado por «sobrevivientes, amigos y familiares de la masacre de Cromañón», como puede leerse en la folletería institucional. «Fundada el 1° de noviembre de 2005; expediente 176775/2005; aprobada por la Inspección General de Justicia; resolución 0000329». El símbolo o logotipo es una mano abierta hacia una persona sentada o caída en el suelo.
«Aprendimos a tener oreja, escuchar al otro; ese fue el primer trabajo del equipo; cuatro o cinco personas se convirtieron en los oídos y me dejaron un poco más libre; mi teléfono es el único que poseemos; decidimos crear una entidad solidaria para transformarnos en denunciantes; votamos de forma anual; desde hace 20 años soy el que preside, lamentablemente; siempre ha sido mi deseo que algún sobreviviente venga y me diga ya es hora de que te vayas; tenemos impronta anarquista; mi anarquismo es de sesgo humanista; creemos en el ser humano y la comunidad; en este momento hay confusión con el anarco capitalismo».
El artículo uno del estatuto de la Asociación Civil Cambiar Esta Realidad sostiene colaborar para la salud psicofísica de los damnificados. Otro objetivo fundamental, cuenta el entrevistado, es establecer la cifra de personas que escaparon con vida. El número que barajan es 4892, apoyados en el cotejo paciente de la información. Sin embargo, la estimación oficial ronda los 1500, que son aquellos beneficiados por la ley de reparación porteña vigente, ahora en debate. La cantidad de muertos también genera controversia. Varía entre los 194 que reconoce el Estado y los 317 que sostienen algunos parientes.
«Somos la única peña de sobrevivientes de Cromañón en la Capital Federal», destaca Lemos; «aprendimos a ser periodistas, psicólogos, abogados», enumera; «terminé el profesorado de Historia justo cuando ocurrió la masacre», menciona su oficio; «fui un detenido desaparecido en 1974», cita su militancia de la juventud y posterior exilio en Brasil.
«Cromañón es una bazofia, hay cuestiones que no podemos dejar olvidadas; está en juego nuestra salud; numerosas víctimas se terminaron suicidando; sigue todo igual, atado con alambre; el Estado no cuida a nadie y en este momento menos».
«Se formaron bastantes grupos [de víctimas de Cromañón]; me parece fantástico, no debe haber pensamiento único; invito a todos a ver una película imprescindible de Akira Kurosawa que se titula Rashomón; habla sobre esto; distintas formas de mirar un crimen; estoy en una edad en que me resbalan ciertas cosas; le agradezco a Helio Rebot [subsecretario de Derechos Humanos porteño en 2008 y 2009], porque después de la discusión durante la cual pude darles un cachetazo a el y su secretario, me regalaron cinco by pass; como consecuencia pasé tres años sin participar en la movida; pero sigo estando acá».
«Tras la destitución de Ibarra asumió [el vice Jorge] Telerman en su lugar [durante 2006 y 2007, hasta que tomó la posta Mauricio Macri]; como ministra de Derechos Humanos fue nombrada la benemérita Gabriela Cerruti; en su área se llevó a cabo la desaparición de carpetas de sobrevivientes; se produjo un incendio en una oficina; se perdió, extravió o quemó una cantidad indeterminada de información; lo ignoramos porque nunca nos mostraron cuántos individuos estaban registrados; para nosotros ha sido una faena esencial buscar maneras de localizar o identificar a los que pudieron ser salvados».
«Cuando Macri agarró la jefatura de Gobierno, en 2007, incorporó el Programa Benyacar [de asistencia a personas afectadas por situaciones de desastre, catástrofe y guerra; creado por Moty Benyacar, conocido psiquiatra porteño] con el objetivo [supuesto] de evitar que los afectados se victimizaran; eso sirvió para borrar de un plumazo a 300 sobrevivientes; la Asociación Civil Cambiar Esta Realidad hizo una denuncia al respecto ante Alicia Pierini, defensora del Pueblo de la Ciudad; fueron presentaciones individuales; más de 3500 demandantes firmaron las planillas confeccionadas por nosotros».
«Entre crotos y sabihondos», intriga un aviso difundido en las redes sociales de internet animado con una viñeta que muestra a tres personajes simpáticos dibujados con trazos simples. El central, mate en mano, se asemeja a la voz del testimonio, pues luce barba gris y cabeza calva. Los otros caracteres son un sujeto con aspecto de vagabundo y un burro que arrastra un carro. «Columnistas invitados!», agrega la publicidad. «Voces: Ramiro, Lourdes, Julieta, Joaquín y Martina», presenta. «Conduce y produce: Ernesto», detalla. «Martes de 21 a 23», convida. «Por La conquista del pan, radio on line».
«Mi programa tiene 16 años de trayectoria», se enorgullece Lemos; «se llama Entre crotos y sabihondos; es tanto lo que me enseñó Roberto Arlt [el acápite de la emisión está tomado del título de un libro del susodicho], lo sigo leyendo continuamente».
«El tenía por costumbre silenciar el nombre de quienes aparecían en sus aguafuertes; en ocasiones lo menciona, pero lo hace hasta por ahí nomás; en los episodios críticos, como el fusilamiento de Severino di Giovanni, evita explicitar al sujeto; Arlt tenía tercer grado y llegó a ser un gran periodista; era un lector incansable; eso nos falta, cultura y saber dónde nos metemos».
«Federico volvió a entrar ocho veces para rescatar a la que hoy es su exmujer», evoca Ernesto conmovido; «el está viviendo en el sur; hay un montón de sobrevivientes que se han ido a otras zonas del país porque la vida acá les pesaba; hay en el norte; hay en Santa Fe; 18 personas se habían trasladado desde una localidad santafecina, todos parientes que habían venido al recital de Callejeros; hasta en Ushuaia hay chicos que escaparon del incendio; tengo contacto con la mayoría; muchos se comunicaron con nosotros para localizar a alguien; varios se reencontraron en las marchas, otros no pudieron hacerlo nunca».