Nora y Eduardo Iglesias: «Aún continúan violando los derechos de Marcela»
10/2/2025
por Lucio Casarini
Esperan una respuesta de la Corte Interamericana después de casi tres décadas mendigando verdad y justicia. Su única hija tenía seis años cuando el 5 de febrero de 1996 murió aplastada por una escultura colocada en contra de la ley en un área peatonal de los Bosques de Palermo, ciudad de Buenos Aires. Dos nenas que estaban con ella quedaron lesionadas.
«Intentamos lograr lo mínimo, que es justicia; al frustrarse en nuestro país, algo que es horrible, tuvimos que ir al exterior; ahora el sumario está en la Corte Interamericana de Derechos Humanos», cuenta Eduardo, parado junto a Nora a la sombra del jacarandá, en el corazón del predio que lleva el nombre de la niña; «Marcela es uno de los tres casos de Argentina; [el legajo] dice Iglesias, Marcela, y otros contra el Estado Argentino; extrañamos la presencia física de nuestra hija, eso no puede ser reemplazado; a lo sumo sería una caricia al alma que un día haya justicia y podamos cerrar un ciclo con tantos años de espera».
Es el caluroso mediodía del 8 de febrero. Hace dos jornadas se cumplieron 29 años del horror. El matrimonio se turna para hablar a capela refugiado bajo el follaje repleto de flores violáceas del árbol plantado en honor de la pequeña. «Marcela Iglesias; 9 de marzo de 1997; Asociación Amigos del Lago de Palermo», reza la placa de mármol adherida al suelo cerca del tronco. Con intervalos de algunos minutos retumba el fragor del Ferrocarril General San Martín, que pasa a escasa distancia, a seis metros de altura. Dos decenas de allegados, entre familiares, amigos y otros ciudadanos, escuchan en silencio.
«Este año, el 19 de octubre, Marcela cumpliría 36 años», recuerda Nora acongojada; Eduardo le acerca el teléfono celular, que usa para registrar el audio del convite; «si lo miramos desde el punto de vista del calendario, decimos cuánto tiempo; pero para nosotros, los papás, es atemporal; porque ella quedó eternamente niña, es nuestra pequeña Marcela; siempre la recordamos en algún lugar en que estamos, una anécdota, canciones que cantaba en el jardín de infantes, los líos que hacía; todo lo recordamos con mucha alegría; después vimos que la Justicia nos fue cerrando las puertas todo el tiempo en nuestro país».
«No tuvieron la delicadeza de decir mire, paso tal y cual cosa», se indigna Eduardo; como su esposa, ostenta un prendedor blanco con la sonrisa de Marcela en el lugar del corazón; el luce remera azul y ella una camisola blanca; «explicarnos a nosotros, como familiares de la víctima, qué ocurrió con nuestra hija; porque tenemos derecho a enterarnos; sin embargo, el juez [Eugenio Raúl] Zaffaroni [miembro de la Corte Suprema argentina] redactó [en 2006] que la causa es insustancial y carente de trascendencia; como una cachetada; es una cosa muy grave; después los otros magistrados interpretaron lo mismo».
«Paseo Marcela B. Iglesias», advierte un cartel de un metro de alto que contiene una foto icónica de la niña; «En conmemoración de Marcela Brenda Iglesias», relata la chapa en posición de rampa sobre cuatro patas. «Tu mirada nos marca el camino hacia adelante, para no bajar los brazos. Tu sonrisa nos sostiene emocionalmente y tus manos aferradas a las cadenas del columpio nos dan fuerza y firmeza en la lucha por la justicia y la defensa de la vida. Tu imagen y recuerdo nos transmiten todo eso y mucho más. Nuestra niña ángel. Recuerdo de tus papás. 19 de octubre de 1989 – 5 de febrero de 1996».
Entre quienes los escuchan se destacan familiares y compañeros de lucha. En nombre de la Asociación Civil Madres del Dolor se encuentran Isabel Yaconis, presidenta y progenitora de Lucila Yaconis; Silvia Fredes, ascendente de Martina Miranda; Silvia Irigaray, mamá de Maxi Tasca; y Betty Ledesma, amiga y colaboradora inseparable del grupo. La Asociación Civil Amigos del Lago de Palermo suele estar representada por Osvaldo Guerrica Echevarría, su titular, que se excusó con motivo del intenso calor. Adrián Camps, exlegislador de la ciudad de Buenos Aires, también se ha acercado, como hace cada aniversario.
«Tras varios años decidimos acudir a la instancia internacional», introduce Nora la siguiente etapa de la batalla legal por su hija; «no solo por la falta de justicia, también porque fue degradada como persona; quedó muerta y encima decían que las nenas estaban trepadas a la escultura», protesta. «No nos quedamos», continúa el papá de la damnificada; «fuimos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; este órgano encontró después de muchos años que se vulneraron los derechos del niño y la familia», agrega respecto de la noticia de considerables implicancias difundida el 28 de marzo de 2024.
«La Comisión solicita a la Honorable Corte [Interamericana] que declare que el Estado de Argentina es responsable», expresa el documento, al que puede accederse libremente en internet, «por la violación de los derechos a la vida, a la integridad personal y protección a la niñez», explica. El expediente de Marcelita aparece caratulado formalmente como caso 13.506. «CIDH presenta a la Corte IDH caso de Argentina por la muerte de una niña en colapso de escultura en espacio público», se titula un comunicado posterior del mismo organismo, también disponible en la web, emitido alrededor de un mes después, el 2 de mayo.
«En 1996, Marcela Iglesias Ribaudo, de seis años, perdió la vida cuando una escultura de hierro se desplomó en el espacio público donde ella se encontraba», narra la CIDH en esta hilación. «El proceso penal por los hechos implicó al escultor de la obra, a la responsable de la galería de arte a cargo de su custodia, así como a diversos funcionarios públicos encargados de la seguridad y el control del área», enumera el escrito. «A pesar de la evidencia, una serie de recursos legales, que incluyeron argumentos de prescripción, condujeron a la extinción de la acción penal por el delito de homicidio culposo».
Los querellantes se hicieron escuchar algunos meses más tarde. «Los padres de la víctima mortal, Eduardo Rubén Iglesias y Nora Ester Ribaudo, patrocinados por los abogados Laura Del Cerro y Daniel Stragá, presentaron esta semana la demanda ante la Corte Interamericana», publicó la prensa argentina el 23 de septiembre de 2024. «Reclamaron una declaración que explícitamente indique que el Estado violó el derecho a la integridad personal, a la vida y los derechos del niño», detalla. «Asimismo, que el Estado violó y continúa violando los derechos a las garantías judiciales y a la protección judicial».
«La principal violación es al deber de respetar, investigar, sancionar y restablecer los derechos violados», destaca la argumentación de los padres dirigida a los miembros de la Corte con sede en San José de Costa Rica. «Por eso pedimos que el tribunal internacional ordene al Estado argentino tomar medidas de carácter legislativo, administrativo o de cualquier otra índole que impliquen efectiva supervisión y fiscalización de las actividades culturales, así como la seguridad de espacios escultóricos administrados por terceros donde transitan usualmente niños y niñas».
El escrito, de unas 80 páginas, incluye un pedido singular de naturaleza simbólica. «Ordenar al Estado argentino la realización de una obra escultórica a emplazarse en el Paseo de la Infanta (Arcos de Palermo) en conmemoración a Marcela Brenda Iglesias». Además, como corresponde, exige cierto eco de la reparación. «Requerimos que la Corte Interamericana ordene al Estado argentino que reconozca públicamente su responsabilidad internacional por los hechos en perjuicio de las víctimas y otorgue una disculpa pública por las violaciones de los derechos humanos en las que ha incurrido».
«Estamos conmemorando el 29 aniversario del fallecimiento de Marcelita», evoca Eduardo en medio del Paseo Marcela Brenda Iglesias; además de los letreros mencionados hay otros dos, verticales y de color verde, que exponen el bautismo del área; cada uno consiste en un pie de hierro fundido de tres metros coronado por un rectángulo de chapa con el nombre; un rótulo adicional presenta la contigua Plaza Andrés Guacurarí Artigas; «no hubo justicia en nuestro país y tuvimos que buscarla en el exterior; eso ya es triste realmente; venimos caminando desde 1996, han pasado muchas gestiones y muchos jueces».
«Desde que empezamos a venir, año tras año, nos vienen acompañando todos ustedes», observa Nora a los presentes en el homenaje realizado bajo el jacarandá; el trinar de los pájaros y la curiosidad de los transeúntes animan el marco; «los Amigos del Lago, las Madres del Dolor, de las cuales formo parte, allegados, familiares, vecinos», destaca, comenzando con las dos organizaciones civiles que han sido clave en la brega de los Iglesias; «todos se preguntan por qué por Marcela no hubo justicia», plantea; «a ella le dio de espaldas, le cayeron 270 kilos de hierro encima, ni un solo hueso sano y nadie nos dio una respuesta».
«Ninguno tuvo la voluntad como Estado, la voluntad política de poner a los acusados en el banquillo», insiste el papá; «siempre se frustró; parece una cosa hecha a drede; después descubrimos que la jueza [Nocetti de Angeleri] se fue de vacaciones y se jubiló cuando cerró el caso; una cosa terrible», se queja; «entre tanta tragedia, el hecho de extrañar a mi hija, no poder abrazarla; justo iba a empezar la escuela primaria; se nos vienen muchas ideas a la cabeza; no tuvimos esa oportunidad; nadie fue preso acá, si esto se comete en cualquier otro lugar del mundo seguramente sufrirán las consecuencias; los privados intervinieron con la complicidad de los funcionarios municipales de aquel entonces y los posteriores».
«Se supone que nuestra hija tenía que cuidar de nosotros cuando fuéramos mayores, no a la inversa», reflexiona el padre sobre lo que indican el sentido común y la naturaleza; lo cierto, puede evaluarse al cabo de estas casi tres décadas, es que los Iglesias han consagrado su existencia a la búsqueda de justicia para Marcela; «acá se dio una situación contraria a lo que uno deseaba, que siempre viviera con nosotros; pero al fallecer Marcela se frustró la posibilidad de ser abuelos, aparte de perder su vida de una forma trágica, imprudente, como es colocar esculturas gigantescas en un espacio prohibido».
«Encima el abuso de proponer que los padres paguen las costas [gastos del litigio]», recuerda la madre uno de los disparates del sumario, al final desechado; «cuando intervino la jueza [Nocetti de Angeleri], permitió 117 apelaciones y recusaciones», precisa; «la Corte Suprema por el artículo 290 [del Código Procesal] dictaminó que la muerte de Marcela es insustancial y carente de trascendencia; como que no era necesario un juicio; cada vez que la Justicia nos cerraba una puerta, yo decía ojalá ella viera desde una ventana del cielo que sus papás están caminando por los tribunales, yendo y viniendo, reclamando justicia».
«Dentro de lo mucho o poco que logramos», retoma Eduardo, «está la cartelización del Paseo Marcela Brenda Iglesias hecho por esta nueva gestión [de la Comuna 14]; también pusieron el letrero de la Plaza Andrés Guacurarí Artigas, hijo adoptivo del prócer, que abarca todo este predio; del otro lado está la Plaza de la Shoá; logramos eso; después no pudimos evitar, porque no estaba en nuestras manos, que convirtieran esto en un polo gastronómico con tinglados ya instalados sobre las veredas, con los arcos ocupados por negocios privados a los que concurre gente de alto poder adquisitivo, turistas, etcétera».
«Esperamos muchos años a Marcela; nunca llegaba», alude Nora a los sucesivos tratamientos de fertilidad que ensayaron, con perseverancia, hasta que ella quedó embarazada; «cuando sabíamos que iba a venir, yo siempre pensaba te acuno en mi corazón; van pasando los años y sigo diciendo lo mismo, yo te acuno en mi corazón; porque no la tengo, no tengo a quién abrazar, no la puedo besar ni hacerle una caricia; me quedaron los espacios vacíos y los silencios; yo los abrazo y les agradezco a todos ustedes que siempre están acompañándonos en esta lucha que nos tocó en la vida; muchísimas gracias».