Laura Calampuca: «Sé que Naty está acá presente a nuestro lado»
8/2/2025
por Lucio Casarini
Suma casi dos décadas y media reclamando justicia. Natalia Melmann, la tercera de sus cuatro hijos, tenía 15 años cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta por policías bonaerenses el 4 de febrero de 2001 en Miramar. Está pendiente identificar y condenar al quinto hombre que dejó evidencia genética en el cuerpo. Los otros cuatro recibieron la pena máxima.
«Mi hija protegió con su cuerpo el ADN de cinco individuos para que nunca más vuelvan a transitar las calles ni a matar», se consuela Laura Calampuca de pie en el anfiteatro Lolita Torres de la Plaza de las Artes; «ella luchó, lo demostró la autopsia y aun con toda la protección política policial judicial logró castigar a sus asesinos; pero queda uno en libertad; les pido por favor ayúdennos a encontrarlo; cuando creyeron que ella no lo lograría, a más de 20 años demostró que Panadero es culpable; ahora falta el quinto; que la Fiscalía lo busque; que lo juzguen y que lo encarcelen; seguiremos exigiendo justicia».
La mamá de Natalia Melmann lee un papel (su voz abarca los minutos 42 a 59 del audio de esta nota) en el micrófono. Es la noche del 4 de febrero en Miramar. Hace 24 años del crimen de la tercera de sus cuatro hijos, que tenía 15 cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta. Los policías bonaerenses Oscar Alberto Echenique, Ricardo Alfredo Suárez, Ricardo Anselmini y Ricardo Eugenio Panadero, dueños de cuatro de los cinco restos genéticos hallados en el cuerpo, cumplen la pena máxima. Los tres primeros fueron castigados en 2002 y el último, tras infinitos rodeos vergonzosos del Poder Judicial, en 2023.
«La edad no viene sola y la lucha tampoco», inicia su alocución; «hoy no pensaba hablar, les soy sincera; ya deben estar cansados de oírme; yo soy Laura, la orgullosa mamá de Natalia, de Nahuel, de Nicolás y de Lucía; con mucho orgullo repartí a mi hija que un día fue mía entre todos los que luchamos; o sea que Natalia ya no es mía; es de todos un poquito; ella brindó su corazón, su cuerpito para que cinco asesinos cayeran y nunca más pudieran hacerle daño a nadie; les escribí unas palabras como siempre hago; le escribo todos los días; cuando estoy muy angustiada le hablo; sé que ella está acá a nuestro lado».
«A las criaturas que ellos quisieron llevarse en realidad no se las llevaron, están todas en cada uno de nosotros, que seguimos caminando las calles, que son nuestras; nuestras por siempre; como lo son de ellos [las víctimas]; también les pido disculpas si para leer soy un desastre», explica mientras con la mano derecha toma un papel y con la otra sus anteojos; la hoja por momentos flamea por efecto de la brisa fresca. La disertante luce remera negra, chaleco y pantalón. «Natalia Mariel Melmann te amamos», afirma la camiseta en caracteres blancos, bajo una foto de la niña que cuelga del cuello de la madre mediante un cordón.
«Sé que soy irracional, lo admito; voy atrás de una utopía», inicia Laura la lectura del texto erguida sobre el primero de los tres escalones de cemento que rodean el playón circular; la precedieron en la palabra su esposo Gustavo; Nahuel, hermano de Naty; Marta y Guillermo, padres de Lucía Pérez; Manuel Iglesias, hermano de Laura; y Daira Sayavedra, hija de Sabrina González; entre otros; «así fue mi vida, valorando la lucha; no deberían existir ni los 30.000, ni las Abuelas, ni las Madres; todo el pueblo palestino debería estar vivo en su país, sin usurpación alguna; como en África o Latinoamérica».
«No debería existir Ni Una Menos, porque no habría mujeres asesinadas por ser mujeres; ni ninguna organización de derechos humanos; nuestros derechos no serían vulnerados diariamente; tener un techo que nos cobije, comida que nos dé fuerza, un trabajo, un sueldo digno; los niños irían a sus escuelas contentos; educación pública y de calidad que los ayude a ser felices y contribuir con su vida a la comunidad; los campesinos serían dueños de la tierra regada con su sudor y repartida equitativamente; no debería existir en esta bella utopía, eso lo agregaste vos, la Policía, porque no habría delitos».
«Así podria seguir con mi locura inversamente proporcional a la que tienen nuestros enemigos, que ya sabemos quiénes son en todos los estratos del poder; el mío particularmente es Marcelo Honores, para que lo sepan; que se postula, el hijo de puta se postula, tiene cara para postularse; cuando vino a coimearnos para que saquemos el cartel de Natalia donde decía que los asesinos estaban libres; ese es el intendente que tuvimos, amparando a los asesinos; se me acaba de caer la pata de los anteojos», mira de repente al público; «no importa, yo me los tengo», instruye a Gustavo; «ya no sé por dónde iba, discúlpenme…».
«Debemos concientizar a cada ser humano de que su primer derecho es la vida», retoma la lectura del texto redactado en el papel; «una vez nacida», agrega al momento; «la libertad como pueblo, estar protegidos; debemos defenderlos como corresponde», continúa; «era su derecho amar, el de mi Naty; eso quiso; quién no desea amar y ser amado, por supuesto; pero ellos y muchos creyeron que no era su derecho; fue desvalorizada la vida, cegada, torturada; son cómplices todos ellos; merecen su castigo; el mayor es vivir encerrados sin poder salir, porque no van a cambiar y nosotros no recuperaremos a nuestra Naty».
«Ella no nació del Espíritu Santo; nació un feliz día 13 de marzo de 1985; esperada y amada por su familia; pero no les importó; si lo hicieron una vez, por qué no lo van a volver a hacer; no perdono ni a ellos ni a sus familias que los cobijan y amparan como si fueran buenas personas; son cómplices; también ellos son asesinos; hoy estamos aquí por nuestra Naty, por todos y todas; con lucha solidaria; la lucha nos ayuda a vivir, a ser merecedores de derechos, a amar la vida, a dignificarla, a ser todo lo útil que podamos y una vez que nos hayamos ido de este hermoso hogar que es la Tierra, lo dejemos mejor que cuando llegamos».
«Sin niños en la calle, sin analfabetismo, con conocimiento para todos en igualdad de condiciones, sin trabajo esclavo, con salud eficiente y bien paga, con representantes dignos, sin nazis en el poder, con pueblos originarios de los cuales es infinito mi orgullo, sin que necesiten crear trincheras para defenderse, sino que puedan vivir en las tierras que les pertenecen; perdón por ser tan irracional; pero lo racional no es lo que le pasó a mi Naty, mi familia y mi pueblo».
«Les agradezco a ustedes, que nos siguen acompañando después de 24 años; toda una vida; hay personas acá que no habían nacido cuando se la llevaron; pero ella sembró ese fueguito, esa chispa, apenas, para seguir iluminándonos; cuál es el camino, la lucha; nunca bajar los brazos, jamás; por más puertas que se cierren; siempre nos van a decir que no, siempre; no se puede, hay mucho trabajo, venga otro día; es mi derecho ser atendido hoy, para eso está la Justicia; si no, para qué mierda existe; para que nos sigan matando, hambreando; para que se lleven el oro a Inglaterra y nadie los controle; para que no haya trabajo».
«Para que nos sigan reventando a golpes en las calles; para eso sí hay plata; para la Justicia no, para investigar no; porque somos negros; los pobres no tenemos derecho a ninguna justicia; son policías, son jueces, son fiscales; nos liquidan con un tiro que para ellos vale mucho más que nuestra vida; nos asesinan, nos amenazan; 24 años amenazados; estamos amenazados de por vida; mis nietos y mis hijos tuvieron que irse de este lugar que amaban; porque todos estamos amenazados de muerte para siempre».
«Ella quisiera salir a decir su verdad; ella está de por vida, perpetuamente, en un lugar en el que no debería estar, ni ella ni nadie que haya sido asesinado de esta manera; por pobre, por morocho, por gorrita, por pedir un pucho, por ejercer la prostitución; cada uno elige la vida que puede, no la que quiere; en un país como el nuestro, donde el capitalismo se va tomando nuestras vidas; cada vez trabajar más para consumir menos; no hablo de consumir grandes cosas, sino nuestros alimentos».
«Cómo podemos dar conocimientos y una vida digna a nuestros hijos si ni siquiera podemos comprarles útiles o zapatillas para la escuela, que está cada vez más empobrecida, con salarios indignos; ni hablar de la salud, porque sin la salud ni siquiera estaríamos acá parados y ustedes no podrían haber recorrido todas estas calles con tanto amor; porque es amor lo que nos mueve, no odio».
La jornada comenzó a las 21 con la tradicional marcha desde el centro de Miramar, en la intersección de las calles 21 y 28, hasta la playa, donde los participantes arrojaron flores al mar en honor de la víctima. «Busquen al quinto policía femicida», leyeron los vecinos y turistas en banderas y carteles. «Justicia por Natalia», reclamaba una pancarta con numerosas fotos de la niña en diferentes edades; «por amor seguiremos luchando», auguraba. «24 años de impunidad», titulaba uno de los volantes entregados durante la caminata; «la bronca y el dolor por el crimen de Natalia Melmann siguen más presentes que nunca…».
«Aunque no lo crean, yo no puedo odiar a los asesinos de mi hija; no los puedo odiar, no me entra en el cuerpo; no sé por qué; pero sí tengo un rencor muy profundo contra Marcelo Honores y Maximiliano Marol, porque el eligió a Natalia para que se la lleve la Policía, el conocía a la Policía; no queremos más nazis en el pueblo; no queremos más policías, no los necesitamos; el otro día hicimos una marcha sin ninguno alrededor de nosotros; el pueblo puede organizarse; no necesitamos avisar a qué, por qué; nosotros sabemos qué es lo que estamos defendiendo; que eso se haga carne en cada uno de ustedes, por favor».
«Que cada uno tiene derecho a vivir y a hacerlo como le plazca; sin hacer daño al prójimo; a defender sus derechos, porque cuando nacemos tenemos derechos; les agradezco infinitamente, sobre todo a mi compañero de vida, a mis hijos, sin los cuales yo no hubiera podido estar acá, y a mis nietos; ni hablar a mis nueras, a mi familia y a todos ustedes, que siguen recordándola; ese fueguito no se apagará jamás; una vez encendido no se apaga jamás; sépanlo; nunca bajen lo brazos, por favor; no les den un trecho, ni un centímetro a ellos porque se toman todo y nos dejan destrozados, sin vida; muchas gracias».