Gustavo Melmann: «Naty después del asesinato pasó a ser del pueblo»

8/2/2025

Suma casi dos décadas y media reclamando justicia. La tercera de sus cuatro hijos tenía 15 años cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta por policías bonaerenses el 4 de febrero de 2001 en la ciudad de Miramar. Está pendiente identificar y condenar al quinto hombre que dejó evidencia genética en el cuerpo. Los otros cuatro recibieron la pena máxima.

«Ya que en la Justicia no existe la perpetuidad, que sí exista en la conciencia de la gente», propone Gustavo Melmann mirando a la multitud en el anfiteatro Lolita Torres de la Plaza de las Artes, ciudad de Miramar; «estos policías ya tienen la condena social; queremos hacer una condena perpetua para ellos; esto es lo que se me ocurrió y queremos empezar a hacer a partir de hoy; para eso vamos a estar trabajando, para que estén peor afuera que adentro de la cárcel; que sean condenados por todo un pueblo, que no puedan transitar, que nunca más le puedan hacer nada a ninguna mujer y que vivan en cuativerio».

El papá de Natalia Mariel Melmann habla (primeros siete minutos del audio de esta nota) de pie en el micrófono. Es la noche del 4 de febrero. Hace 24 años del crimen de la tercera de sus cuatro hijos, que tenía 15 cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta. Los policías bonaerenses Oscar Alberto Echenique, Ricardo Alfredo Suárez, Ricardo Anselmini y Ricardo Eugenio Panadero, dueños de cuatro de los cinco restos genéticos hallados en el cuerpo, cumplen la pena máxima. Los primeros fueron castigados en 2002 y el último, tras algunos rodeos vergonzosos del Poder Judicial, en 2023.

«Esto siempre fue y será el acto en homenaje a nuestra amada Natalia, pero también el acto, la asamblea popular de todos los que estamos acá presentes; siempre queremos que todos puedan decir lo suyo, que participen; estamos para recordar a Natalia; tomarán la palabra otras personas, yo voy a ser breve; hace dos días hicimos una intervención con unos compañeros de la agrupación Rompiente Represiva; como saben, a Echenique le otorgaron las salidas transitorias el primer domingo de cada mes; fuimos la primera oportunidad, discutimos un poquito con los familiares; nos basurearon, como siempre».

El controvertido privilegio fue suscripto el pasado 27 de diciembre por los Tribunales de Mar del Plata. Echenique lo estrenó el domingo 5 de enero. Según lo establecido, visitó de 8 a 20 la casa de su hermana Patricia en el barrio San Eduardo, localidad de Chapadmalal. Mientras tanto, en simultáneo, los padres de Naty, vecinos y militantes recorrieron la zona repartiendo panfletos. «Atención vecinos/as: hay un policía femicida suelto», decían las papeletas; «si lo ven caminando por el barrio sáquenle fotos y comuníquense al Juzgado de Ejecución: 223 4956666, interno 57312 / 57462».

El siguiente 2 de febrero, el matrimonio Melmann, acompañado por Alejandro Olmos, papá de Nahuel (otra víctima de la violencia policial más salvaje), allegados y defensores de derechos humanos realizaron un mural en el refugio de una parada de colectivos urbanos aledaña al domicilio en cuestión. Es una garita con techo de chapa a dos aguas y paredes de mampostería ubicada sobre la Ruta Provincial 11, a la vera de uno de los hoteles del complejo turístico de Chapadmalal. La composición plástica consiste en un collage de volantes y afiches creados por la parentela de Natalia desde la época del femicidio.

«Se le ocurrió a alguien hacer una pared en una de las paradas de ómnibus, frente a la iglesia; pegó todos los volantes de estos 24 años; eso llevó a la memoria de la lucha, del esfuerzo, de cuántas veces salimos a la calle, de todo lo que hicimos, todo lo que costó, cuánta gente acompañó y cómo Naty, como me dijo un señor del cementerio el primer año después de que la enterramos, dejó de ser de la familia y pasó a ser del pueblo; esta intervención es importante, queremos concientizar de que ese barrio va a albergar a uno de los asesinos torturadores violadores de Natalia, una de tantas mujeres, que no reconoce haber perpetrado el crimen».

Sopla una brisa fresca y persistente. La barba y el abundante pelo blanquecinos del papá brillan por efecto de las luces del anfiteatro, constituido por tres escalones de cemento que rodean un playón circular. El orador luce pantalón de jean, remera roja y campera gris de algodón. «Natalia Mariel Melmann te amamos», se lee en el pecho con caracteres negros sobre la camiseta colorada. A continuación tomarán la palabra Laura Calampuca, mamá de la víctima; Nahuel, hermano; Marta y Guillermo, padres de Lucía Pérez; Manuel Iglesias, hermano de Laura; y Daira Sayavedra, hija de Sabrina González; entre otros.

«Hoy hacemos este acto principalmente para homenajear a Natalia, su vida, sus proyectos», explica Gustavo bajo el cielo nocturno; «era toda bondad; salía a vender diarios para ayudar a pagar su viaje de egresados de noveno grado; era quien bancaba a Laura en su agorafobia en Miramar; ayudaba a estudiar a Lucía, era abanderada del colegio, era la delegada estudiantil; cuando pasaba algo era la primera en acompañar a la persona que estaba en desgracia; era un ser de luz; ella no pensaba tener hijos, quería adoptarlos; decía que había muchos chicos en la calle que merecían ser amados».

Está pendiente identificar y cestigar al dueño de la quinta huella genética registrada en el cuerpo de Natalia. La búsqueda está en manos de Ana María Caro, fiscal del partido de General Alvarado, cuya cabecera es Miramar. Gustavo Fernández, alias el Gallo, un civil con antecedentes penales, fue condenado también en 2002 como entregador. Echenique ya gozó de salidas transitorias entre 2017 y 2019, cuando rompió las condiciones del permiso. Lo mismo le sucedió a Anselmini, que recibió esa autorización en septiembre de 2024 y al tiempo fue descubierto fuera del área que tenía habilitada.

«Quiero agradecer a todos los que están acá, no los voy a nombrar a todos porque me voy a olvidar de algunos; a los compañeros de Atravesados por el Femicidio [grupo liderado por Manuel Iglesias] que vinieron de Buenos Aires; a la gente del Programa Mariposas [iniciativa del Estado bonaerense], que también se acercó; hicieron esta hermosa postal que después les voy a repartir a algunos, porque son pocas; un abrazo muy grande a todos los que están; gracias por el aguante durante todo este tiempo; hay gente con la que nos conocimos a partir de lo que le pasó a Natalia y nos sigue acompañando».

La jornada comenzó a las 21 con la tradicional marcha desde el centro de Miramar, en la intersección de las calles 21 y 28, hasta la playa, donde los participantes arrojaron flores al mar en honor de la víctima. «Busquen al quinto policía femicida», leyeron los vecinos y turistas en banderas y carteles. «Justicia por Natalia», reclamaba una pancarta con numerosas fotos de la niña en diferentes edades; «por amor seguiremos luchando», auguraba. «24 años de impunidad», titulaba uno de los volantes entregados durante la caminata; «la bronca y el dolor por el crimen de Natalia Melmann siguen más presentes que nunca…».

«¡Natalia…!», evoca Gustavo en el anfiteatro mirando el horizonte; «¡…presente!», le responde a coro el par de centenares de personas que ocupa el anillo de cemento; el orador se encuentra escoltado por el matrimonio Pérez, parados Marta a su mano derecha y Guillermo a su izquierda; ambos tienen pecheras blancas con el rostro de su pequeña; «Lucía, por vos juramos vencer», rezan las prendas; «¡Natalia…!», insiste el disertante; «¡…presente!», le contestan; «¡ahora…!», invita; «¡…y siempre», completa la multitud, para de inmediato aplaudir el epílogo: «¡justicia para todos aquellos que la buscan!»