Gabriel Bermejo: «El ciclo Guerreros del Ring es una invitación a boxear»
4/2/2025
por Lucio Casarini
Como profesional, apodado Iron Boy, fue número uno argentino supermediano. Como amateur integró el equipo olímpico. Nació hace 52 años en Pergamino y está radicado en la Capital Federal, donde es entrenador del Gimnasio Bethania. Además, desarrolla una vida paralela como mago y ventrílocuo que lo ha llevado a recorrer la Argentina de punta a punta.
«El boxeo tiene que ser una materia más; te enseña respeto, hombría, ser más duro, aguantar; montones de valores», se apasiona caminando la ciudad con destino al Gimnasio Bethania, situado en Humahuaca 4556, barrio porteño de Almagro; «hay gente que habla con una supuesta autoridad y ni siquiera se banca una cachetada; los pibes, los viejos; hablan con una falta de respeto total», espera en una esquina, con el bolso en la mano derecha, mientras pasan los autos; «entonces, me parece a mí que el boxeo, guantear y todo eso, te pone en tu lugar; al que es soberbio lo baja y al que es débil lo fortalece».
Como puede observarse en la foto principal de esta nota, Ricardo Gabriel Bermejo arrancó el año desenchufado. Pasó una semana en Mar del Plata con sus esposa Cristina mateando bajo la sombrilla, caminando sobre la arena y zambulléndose en el mar. Ese marco le permitió mirar el horizonte con perspectiva, a vuelo de pájaro, como si fuera una de las gaviotas que divisaba cada dos por tres encima de las olas. Algo imprescindible para enfrentar los desafíos enormes e intensos que se vienen. Poco antes de la escapada veraniega brindó este testimonio, en la apertura de un proyecto apasionante y ambicioso.
«Se llama Guerreros del Ring, es un ciclo para que se animen los que quieran participar de una exhibición, es una invitación a boxear», cuenta el célebre Iron Boy, que como profesional fue número uno argentino supermediano y como amateur integró el equipo olímpico; acaba de atravesar el portón del Bethania, propiedad de Marcelo Attaguile; «para muchos es un sueño, aunque nunca sean boxeadores; para los más chicos permite sacarse los nervios y saber qué es estar arriba del cuadrilátero; todo organizado por mí de principio a fin; hay que conseguir las peleas; las figuras se acercan a saludar y compartir».
Con Marcelo Attaguile, dueño del Gimnasio Bethania.
«Hay diferencias entre los boxeadores amateur y los profesionales; los primeros usan un casquito, guantes más grandes y un vendaje especial; con dos minutos de combate por uno de descanso, o sea que se reposa la mitad de lo que se pelea; los profesionales hacen tres por uno, con guantes más pequeños, un vendaje distinto y sin casco o cabezal; la segunda forma es más destructiva y peligrosa; se necesitan 40 peleas de carrera para hacerse profesional; además de una licencia; por otro lado, una exhibición tiene contrastes con una pelea en serio; se cuida al rival, si hay sangre o alguno cae se frena».
«El boxeo tiene reglas, quien las rompe se considera un traidor; si es una exhibición y estoy pegando mucho, intento mermar», continúa el entrevistado, que en un rato, durante esta jornada inaugural, enfrentará a Franco Velárdez, instructor de Lanús que se ha acercado con varios discípulos; estos guantearán con alumnos de Karen Carabajal (la famosa Burbuja, aspirante al título mundial ligero) que entrena en Defensores de La Boca Boxing Club; «si veo que el rival es inferior a mí, debo cuidarlo un poco; el que es más experimentado protege al oponente; aunque por lo general se buscan pugilistas parejos».
«Disfruto yendo a mi gimnasio todos los días», se entusiasma Velárdez, fundador de El Tucu Box, una peña deportiva que funciona dentro del Club Juventud Porteña, partido bonaerense Lanús. Llegó a la gran ciudad proveniente del campo tucumano con 15 años y la mochila cargada de sueños. Actualmente tiene dos hijas con su esposa y trabaja de lunes a viernes de 16 a 21.30 como coach de jóvenes de ambos sexos; «cuando vine la tenía que luchar para sobrevivir; salí a buscar lugar en un hotel; no había pieza y me dieron donde ponían las cosas de limpieza; ahí me acomodaron una cama, no tenía más nada».
El Gimnasio Bethania está en Humahuaca 4556, barrio porteño de Almagro.
El protagonista de este relato vive con su esposa Cristina Mizrahi (hija de Ernesto, el fallecido periodista de boxeo) y brinda shows para todo público como Gabriel el Mago. Con intermitencia cambia los guantes por la varita. Es el mayor de los tres hijos de Ricardo Manuel Bermejo y Rosa del Carmen Giustozzi. Lo siguen sus hermanos Hernán y Martín. El primero perdió la vida en 1998 en manos de un asesino que, tras una pelea a puño limpio, le disparó con un revólver y lo remató con un disco de acero. El energúmeno, Roberto Daniel Crocioni, fue condenado y estuvo preso por este y otros desmanes.
«Yo tuve un papá alcohólico», cuenta la Burbuja Carabajal; «quería entender por qué pasan tantas cosas, por qué uno toma tantas decisiones», observa con sus ojos enormes, que según Fernando Albelo, su entrenador, son como dos burbujas; de ahí el alias; «creo que eso me llevó a estudiar Psicología y creo que también me llevó al boxeo; poder expresar muchas situaciones que viví; quizás uno cuando es chico no dice nada, no habla», explica la licenciada con varios posgrados, que peleó dos veces por la corona mundial; «tratar de entender y con el cuerpo decir algo que me había pasado y no sabía expresar».
Con Hernán Bermejo, su hermano menor, víctima de un crimen atroz.
«Soy mago y ventrílocuo profesional; cuando hago magia ando por todo el país; de punta a punta; he llegado hasta Ushuaia actuando», relata Gabriel al tiempo que el subsuelo en el que están montados el ateneo y el cuadrilátero se va llenando de gente; «nací en Pergamino, provincia de Buenos Aires, a 240 kilómetros para el lado de Rosario; a los 25 años me vine para la Capital Federal a boxear; desplegué acá toda mi carrera de amateur y profesional; dejé a los 35, así que hice diez años completos de competencia; ahora estoy radicado en Almagro, a 36 cuadras del Obelisco y a 15 del Gimnasio Bethania».
Con Cristina Mizrahi, su esposa y musa inspiradora.
«Cada día trato de dar lo mejor para lograr el objetivo», se empeña Carmen Peralta, de 22 años, alumna de Carabajal; «estoy en el proceso para llegar a boxear como amateur y más adelante hacerme profesional; es un sueño que tengo de chiquita; quiero hacerlo y pienso que lo voy a lograr; aparte de eso, estoy estudiando enfermería instrumentista; cada día trato de dar lo mejor de mí para llegar al objetivo; soy de la localidad de Juan José Castelli, provincia de Chaco, vivo en el barrio de Monserrat, en la Capital Federal; vine cuando tenía 12 años y empecé a criarme sola en la calle, me hice sola».
La trayectoria de Iron Boy incluye 55 peleas; fue ganador en 52, perdió dos y empató una. Entre 1996 y 2001 recorrió el circuito amateur, con 43 enfrentamientos y el mérito de su convocatoria para el equipo olímpico. Entre 2001 y 2006 probó suerte en el terreno profesional, con 12 combates y la condición de número uno argentino de los supermedianos. Su mejor momento fueron los tres años finales, cuando tuvo a Juan Martín Coggi, el histórico Látigo, como entrenador. Gabriel abandonó la práctica profesional luego de que le robaran una pelea por el título de manera escandalosa ante Martín Bruer.
Con Karen Carabajal, la Burbuja, campeona argentina y sudamericana peso ligero.
«Mi psicóloga sugirió la posibilidad de meterme en boxeo», sonríe Dana Urra, de 22 años, otra pupila de la Burbuja; «cuento algo muy gracioso; la realidad es que hace un rato yo estaba en el barrio de San Telmo trabajando; soy niñera; como me llamaron para participar de la exhibición, le pregunté al papá de la criatura si quería venir conmigo y me respondió que sí, por lo que me traje el empleo al gimnasio, básicamente; están ellos dos acompañándome; estoy súper feliz y agradecida; me gusta subirme al ring, la práctica, el entrenamiento; lo disfruto un montón; vamos probando y viviendo el proceso».
«El boxeo argentino está pasando por un mal momento; no veo figuras ni nada, es todo lo mismo; falta alguien con personalidad», señala Gabriel con sentido crítico; «como ocurre en la música, donde cualquiera toca o canta», sugiere como comparación; «a nivel mundial algunos hay, pero tampoco tantos; cuando yo era chico, en la época de [Sugar Ray] Leonard, Tommy Hearns o Mano de Piedra Durán, era otro tema; ahora se está mariconeando en el boxeo; se están parando peleas que…», deja la frase picando; «para mí se está degenerando; no sé adónde va a llegar; no es el deporte de cuando estaba esa gente».
«Tan solo para hacer una exhibición el entrenamiento es muy duro, no te alcanza un año», calcula Bermejo sobre la exigente rutina que debe incorporar quien desee ser pugilista; «es como que un tipo empiece a tocar la guitarra y pretenda leer partituras en un año», ejemplifica; «es imposible; necesitás cinco años por lo menos», para realmente poder subir al ring; «en la Argentina los entrenadores buenos se murieron», lamenta; «los que están nunca pelearon y quieren enseñar; la mayoría ni boxeó, ni subió a un ring y quiere dar clase; no transmiten porque no saben ¿cómo podés enseñar algo que no conocés?».
«Practicar boxeo me salvó la vida, encontré una salida», confiesa esperanzado Iván de Andrea, de 26 años, asimismo discípulo de la Burbuja; «desde hace mucho tiempo vengo poniendo empeño y disciplina; día a día trato de mejorar como persona y como boxeador; intento que eso se vea reflejado en el ring, que cada entrenamiento pueda tener un resultado; estoy mentalizado para crecer en este camino; eso sería imposible sin la ayuda de la gente que me apoya; estoy muy agradecido con todos ellos; gracias a este deporte pude salir de un montón de situaciones; me siento muy contento de poder practicarlo».
«Hay un plan en marcha, mi objetivo con Guerreros del Ring es hacer una exhibición por mes», concluye Gabriel; «conocí el Gimnasio Bethania con Tito Weis [excampeón argentino welter junior], que fue compañero mío de entrenamiento en la Federación [Argentina de Boxeo]; estoy trabajando como profe los martes y jueves de 21 en adelante; es la primera vez que se hace boxeo en el lugar», agrega emocionado con el marco de la jornada inaugural y la expectativa de su duelo con el Tucu Velárdez; «es un rival mucho más joven que yo, pero hoy estoy en mi mejor forma desde que dejé de boxear».