«El deseo y el esfuerzo son dos atributos fundamentales en una persona»

3/11/2026

Héctor Javier Velazco, alias el Artillero, vive en su pago natal, la ciudad bonaerense de Villa Gesell. Criado en la pobreza, fue campeón mediano de la Organización Mundial de Boxeo. Fundó el Club Artilleros, que promueve el arte de los puños. Impulsa una ley nacional para defender los derechos de quienes se consagran a practicarlo.

«En mi infancia apenas comía una vez por día», cuenta el protagonista en el audio de esta crónica, que contiene su voz desde Villa Gesell, la ciudad apacible de la costa atlántica en la que creció contemplando el mar infinito. Compartió el hogar con cinco hermanos. Como carecían de televisor, una noche de invierno vio la película Rocky Cuatro muerto de frío en la vidriera de una pizzería y decidió ser boxeador. Tenía 16 años. Lamenta la figura ausente del papá alcohólico. Se emociona evocando a la mamá, que hacía malabarismos para alimentar a los niños y murió de mala praxis en el hospital municipal sin llegar a ver a su pibe campeón del mundo.

El Artillero Velazco campeón del mundo, Luna Park, 10 de mayo de 2003.

El Artillero Velazco, de pie en el medio, rodeado por su familia. Su mamá se asoma a su derecha y su papá a su izquierda.

Nacido el 20 de mayo de 1973, conoció la gloria pocos días antes de cumplir las tres décadas de vida, el 10 de mayo de 2003, al vencer por nocaut técnico en el octavo round al húngaro Andras Galfi en el Luna Park y consagrarse monarca en la categoría mediano de la Organización Mundial de Boxeo. «Me vendieron como un esclavo y me robaron el título», se queja sobre su única defensa, el 13 de septiembre siguiente en Berlín, Alemania, ante el local Félix Sturm. «En boxeo para ganar afuera tenés que matar», protesta sobre aquella contienda, en la que recuerda haberse impuesto en todos los asaltos; «hice un buen papel, yendo para adelante».

El empresario Osvaldo Fernando Rivero en una imagen difundida por Héctor Velazco en sus redes sociales de internet.

En diálogo con Laura Frestes, periodista de Canal 2 de Villa Gesell.

«Velazco, Héctor Javier c/ Rivero, Osvaldo Fernando», reza la carátula del expediente 15.742/2011, que obtuvo dictamen favorable para el Artillero por parte de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil (más específicamente, la Sala H) del Poder Judicial de la Nación. «Gané el juicio hace tantos años y sigo sin cobrar», alega la voz del testimonio. El veredicto obliga al exmanager a responder por la administración económica y las ganancias generadas durante su etapa como representante. «Siendo campeón del mundo vivía con lo justo», argumenta el entrevistado, que se propone escribir un libro. «Quiero contar todo lo que sufrí y me explotaron».

Aviso difundido en las redes sociales de internet.

El Artillero Velazco campeón del mundo, Luna Park, 10 de mayo de 2003.

«Ahora peleo por los derechos de los boxeadores», menciona Velazco una meta de la Asociación de Boxeadores Argentinos (ADEBOAR), que creó junto a varios colegas. «Con Sergio Víctor Palma recorrimos la Argentina», se emociona al citar al excampeón del mundo fallecido en 2021 de Coronavirus. El Proyecto de Ley en Defensa del Boxeo Argentino fue presentado en el Congreso de la Nación. Contiene un estatuto o marco regulatorio sobre aspectos laborales y sociales que propicien contratos justos y que prevengan los abusos, la explotación y la desprotección que históricamente han sufrido los practicantes de la disciplina.

Con Sergio Víctor Palma y otros miembros de la Asociación de Boxeadores Argentinos.

Aviso difundido en las redes sociales de internet.

«Soy papá de dos hijas que están casadas», agrega sobre su presente familiar. «Fundé un club en el que estoy construyendo un gimnasio», menciona Club Artilleros, que promueve el arte de los puños; «doy clases ahí, en en el Polideportivo Municipal y en la Casa de los Abuelos». Su página de Facebook muestra fotos divertidas junto a alumnos varones y mujeres de diferentes edades. En espacios cerrados y en lugares abiertos, como la playa. «Mi sueño es ayudar, tengo un club con merendero», concluye. «Mi mamá murió sin poder devolverle tanto», se reprocha; «la he visto cocinando en la estufa para darnos de comer a cinco pibes».