Norma Bonelli: «Carla soñaba con hacer un viaje al oeste norteamericano»

22/12/2023

«Los agentes tendrían que haber mandando a hacer una pericia y no la realizaron; la mamá de una compañera de mi hija trabajaba en la Policía científica; me llamó por teléfono llorando después del velorio y me dijo el intendente Manuel Quindimil dio orden de que no se efectuara; luego averigüé y el camión, que iba cargado de mercadería, trabajaba para la Municipalidad; los dueños del rodado, los hermanos Amore, eran conocidos del jefe comunal; cuando hay un crimen es culpable el que mató, pero todos los que están alrededor cuentan, aunque en el derecho penal no hay corresponsabilidad; el que manejaba era Miguel Eduardo Troncoso, pero Quindimil dejó que saliera a la calle».

Norma Beatriz Bonelli es mamá de Carla Arduini, estudiante de 15 años que la tarde del 22 de diciembre de 2004, mientras volvía caminando con su abuelo de comprar regalos de Navidad, fue muerta por un asesino al volante en Lanús, al sur del Gran Buenos Aires. La víctima perdió la vida en el acto producto de lesiones terribles en la cabeza y todo el cuerpo. El perpetrador, Miguel Eduardo Troncoso, de 38, circulaba a bordo de un camión destartalado, carecía de licencia de conducir apropiada, iba excedido de velocidad y cruzaba una avenida con el semáforo en rojo, entre otras irregularidades.

El furgón se incrustó en una panadería y para sacarlo hubo que recurrir a una grúa. La ausencia de más afectados fue un auténtico milagro. Una multitud intentó linchar al conductor, que resultó ileso y pudo escapar del tumulto custodiado por efectivos policiales. La atropellada había padecido muerte cerebral de forma instantánea. De todas maneras, recibió asistencia médica durante cuatro días, hasta que los profesionales de la salud decidieron desconectarla. La piba era el único retoño de sus padres, que quedaron sumidos en la congoja. Héctor, el papá, tenía otra hija, Gabriela, producto de una relación previa.

Norma, a pesar del dolor, se convirtió en principal detective del caso y logró que el responsable fuera condenado. El sujeto en 2008 recibió tres años y seis meses de cárcel por homicidio culposo y fue inhabilitado para conducir por ocho. Sin embargo, permaneció en libertad. Mientras tanto, la voz de esta nota bregó sin descanso por la memoria, la prevención y las mejoras normativas. Erigió un cartel de chapa con una estrella amarilla, símbolo de las tragedias vechiculares, y el nombre de su pimpollo en el lugar. Además, gestionó la instalación en las cercanías de un monumento con un busto de la fallecida.

Por si fuera poco, la entrevistada, contadora de profesión, se lanzó a crear la Asociación Civil Carla Arduini, que apunta a frenar la violencia automotor. Es miembro de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y otras entidades del rubro. Colabora con la Asociación Civil Familias por la Vida, integrada por damnificados de las tragedias de los boliches Cromañon (2004) y Beara (2010), ambas sucedidas en la Capital Federal. Acompaña a infinidad de afligidos por diferentes versiones de la barbarie; como Ana y Oscar Castellucci, papás de Martín, muerto con 20 años en 2006 por un patovica asimismo en Lanús.